Archivo de Agosto 2005

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Cuerpos ardientes (1981)

Body Heat

Body Heat

Body Heat es la primera y más lograda película del norteamericano Lawrence Kasdan (guionista de The Empire Strikes Back y Raiders of the Lost Ark.) En ella se dan cita nuevamente los elementos del film noir convertido en lo que ya se suele llamar erotic thriller.

Ned Racine (William Hurt) es un mediocre abogado en la calenturienta Florida que se la pasa encamándose con todas las mujeres a su paso para matar el aburrimiento. Hasta que como en las mejores historias del noir surge la horma de su zapato una misteriosa y bellísima mujer (Kathleen Turner) la cual lo arrastrará hacia un remolino de deseo y ambición.

Kasdan con inteligencia y talento nos presenta esta atracción casi como un embrujo como el del flautista y la cobra en el clima cargado y sudoroso de las noches tropicales. Pocas veces se ha visto ese torrente de erotismo y deseo tan bien expresado. Lo que siguen son las noches en la que estos cuerpos ardientes darán rienda suelta a sus juegos prohibidos. Pero más temprano que tarde la situación se volverá insostenible y aquí Kasdan nos muestra que el fuego del crimen y la ambición es igual de poderoso.

Body Heat

Suerte de film catálogo del cine negro, Body Heat se adelanta en su tiempo a toda esa moda surgida a partir de Basic Instinct y tantos films de choque y escándalo. Se adelanta pero además las supera por lejos. Aquí la atmósfera pasional esta servida en beneficio de una historia subyugante y sorprendente realizada con tal determinismo y capacidad sugestiva como pocas veces se ha vuelto a ver.

Kasdan es un talentoso y erudito creador de cine de género y en su ópera prima nos deleita con una de esas historias que no habría que pensarlo dos veces para querer vivirlas aun a costa del precio que haya que pagar. Excelente.

Jorge Esponda

La mentira maldita (1957)

Sweet Smell of Success

Sweet Smell of Success

Notable film noir alrededor del mundo atrás del espectáculo: el de los reporteros y columnistas de chismes. El director Alexander Mackendrick elabora una visión atroz y dura de este mundo casi pugilato en la arena en lo que cuenta únicamente es matar o morir. Ahí tenemos al protagonista Sydney Falco (Tony Curtis ágil y preciso como en sus mejores roles) un pillo que se gana la vida dándole chismes al gran ojo de millones de lectores J. J. Hunsecker (Burt Lancaster sobrio y medido), un inescrupuloso columnista que a cambio le otorga espacio para publicitar a sus clientes de turno ya sean cabarets o espectáculos de poca monta.

En medio de ambiente tan corroído es que surge el amor entre Susan, la dulce hermana de Hunsecker y Steve, un guitarrista en ciernes. El todopoderoso señor de las primeras planas hará lo que sea para impedir esta relación valiéndose de su compinche. Así seremos testigos de una historia de traiciones con garra y nervio como pocas veces se ha visto, pero bastante atípica a decir verdad. Esta película sigue la corriente impuesta por esos años de historias bastante desmitificadoras del sueño americano, llenas de antihéroes por doquier, tipos de con idiosincrasias extrañas, a prueba de balas, capaces de todo por encontrar un lugar bajo el sol.

Sweet Smell of Success

Como en todas ellas aquí incluso el dulce aroma del éxito es tan solo el preludio de la tragedia. Cada paso a tomar solo envilece más su ambiente, como lo dice el buen Steve el todopoderoso Hunsucker más que ser una “gloria nacional” es una especie de “desgracia nacional” , el punto culminante de aquel arribismo o visión torcida del triunfo a la que Sydney aspira pero en su versión monumentalmente monstruosa.

Fascinante de principio a fin, esta es una película cumbre muy poco conocida y que valdría la pena echar un vistazo muestra de una asociación de talentos como muy pocas veces se ha visto. Imprescindible.

Jorge Esponda

Misterioso asesinato en Manhattan (1993)

Manhattan Murder Mystery

Manhattan Murder Mystery

Al buen Woody Allen le fascinan los encuentros con lo insólito, los imprevistos que surgen trastocando la rutina diaria del común y corriente citadino. En esta película lo deja mas explicito que en otras. Que su inquieta esposa (Diane Keaton) haga lo que sea para perturbar su tranquilidad es una cosa, pero que llegue a obsesionarse con un vecino al que cree asesino de su mujer es algo en lo que no podrá dejar de verse involucrado. Pero más allá de la travesura está el escape del stress y de la agenda del día a día lo que como abeja al panal atrae a sus protagonistas a ejecutar los métodos de los vecinos metiches.

Manhattan Murder Mystery

Allen lejos de la gravedad que lo precedió en Husbands and Wives, y todo el rollo de su separación con Mia Farrow, se dedica a aligerar tensiones y divertirse (y divertirnos) con las pesquisas de sus detectives aficionados a quienes no les interesa si hacen el ridículo, hay algo extraño acá por lo que vale la pena asomar la cabeza parecen decirnos. Como aquellas rarezas que nos obligan a dirigir la mirada a donde todos las tienen siquiera por un breve instante. Convencidos o no de si lo que sospechan tiene validez la aventura continuará hasta darnos la verdadera apariencia de un film de investigación. Y así en su jocoso estilo se inician las correrías propias del thriller como antes lo hicieran Bogart y similares.

He aquí que Allen tiende a ponerse algo artificioso con referencias mas que explícitas a The Lady of Shangai pero esto no disminuye lo logrado del film que a fín de cuentas es una risueña y librada de culpas comedia sobre como por arte de magia poder atravesar el espejo como Alicia rumbo al país imaginado por Carroll.

Jorge Esponda

Bajo amenaza (2005)

Hostage

Hostage

Dentro de los trillados films de género que contemplamos en estos días se presenta este trabajo hollywoodense del francés Florent Siri que sin causar mayor suceso aun con la presencia de Bruce Willis, resulta una opción bastante decente dentro de la cartelera.

Un negociador de rehenes (Willis) vive oculto en la rutina sencilla de una comandancia de pueblo chico a raíz del fracaso de una operación. Episodio traumático al que acompañaran sus propios dilemas familiares. Pero la intromisión de unos pillos de poca monta en la mansión, casi castillo al final del camino, de una familia rica dará inicio a toda una odisea personal. Que nos es presentada sino con mucha originalidad si con el suficiente nervio como para mantenernos interesados casi todo el metraje.

Hostage

Las thrillers concentrados en este tipo de espacios siempre han sido de por sí un subgénero atractivo basta recordar Desperates Hours o ni que decir de la estupenda Die Hard. Incluso la película con algo de socarronería se pretende casi un homenaje o parodia tal vez de la figura misma de Bruce Willis y algunos momentos perteneciente a la antología del cine de acción. Como ver al niño paseándose por los ductos de ventilación como émulo del heroico John McClane, el papel más célebre del actor.

Con todos los obstáculos y dictaduras que los altos presupuestos suponen. El director hace un trabajo digno y bastante entretenido si viéramos con regularidad cintas de este cierto oficio y nivel el panorama no sería tan pero tan negro. No es que sea algo extraordinario tampoco pero tiene lo suficiente para llamar la atención.

Jorge Esponda

Espejismo (1972)

Espejismo es tal vez la película de Armando Robles Godoy que se presenta como la más ambiciosa. Mas radical que en La muralla verde acá el afán rupturista apenas nos permite vislumbrar (cual espejismo ciertamente) una historia de herencia maldita en un pueblo iqueño. Así conocemos la historia de un niño y el misterio de lo que fue una hacienda dedicada al cultivo de la vid, tiempo alterno del film en el que se deja ver el choque de clases expresado a través de un amor prohibido.

Robles hace uso de una imaginería visual innegable, pero esto no encuentra concordancia adecuada con su discurso, pretendidamente poético, pero más que nunca inclinado a la artificialidad salvo algunos momentos (hay que recordar la idea sobre el control de sus revejidos “renacuajos”). Por lo demás la historia pasional no llega a ser lo suficientemente candente, perdiéndose en el torrente de referencias a la cultura peruana que incluyen el fútbol, la miseria, y la religión nuevamente.

Habría que citar el trabajo de Enrique Pinilla en la musicalización, como uno de los más complejos y acabados realizados hasta el momento en el cine del Perú, lastima que no encuentre eco satisfactorio.

No es que la ambición expresiva este demás. Todo lo contrario, de ahí surgen las novedades y la evolución casi siempre. Pero lejos de sus grandes influencias (Resnais especialmente) Robles no hace otra cosa que exhibirse como aprendiz menor, como incapaz de dar la nota alta cuando se requería. Apenas unos pocos años después surgirían algunas figuras más bien interesadas en trabajar a base de los términos clásicos, si se quiere más convencional (como Lombardi) pero que definitivamente llegaron más lejos.

Como que si de verdad apenas se vislumbrara una imagen idealizada, Espejismo es el anuncio de ese rumbo autocomplaciente de supuesta neonarrativa que convertiría el cine de Robles en sus dos siguientes cintas en un callejón sin salida.

Jorge Esponda

La noche de los muertos vivientes (1968)

Night of the Living Dead

Night of the Living Dead

Película emblemática del cine de horror Night of the Living Dead dirigida por el entonces novel George A. Romero se convirtió rápidamente en objeto de culto. Y ciertamente es una cinta fundamental por varios motivos.

Realizada con ínfimos recursos, es la película que inaugura todo el subgénero dedicado a esas criaturas irracionales y grupales llamadas zombies que han colonizado con paso lento y torpe pero seguro, un espacio en el imaginario colectivo como si fueran verdadera expresión de un temor muy profundo (o acaso de un espejo deformado).

El escenario a partir de ahí se repetirá hasta el infinito pero nunca con la misma sugestión: una pareja baja a media carretera para toparse con la insólita presencia de estas criaturas, apenas si una casa solitaria en la oscuridad de la noche se convertirá en el único refugio de cuanto desdichado deambule por al zona. Romero ejecuta entonces la aventura más claustrofóbica que se haya visto (The Birds es acaso la mayor referencia). Y el nivel del temor es asumido hasta la más insoportable angustia.

Night of the Living Dead

Así como buen admirador de la tradición narrativa hace su propia versión de un film de Hawks. Los pocos compañeros al azar tendrán que adecuar sus distintos temperamentos ó más bien idiosincrasias. La chica blanca le abre la puerta al negro (en plena convulsa era post Kennedy), ahí están la familia conservadora y la pareja provinciana. Esta nación americana en miniatura tendrá que dejar los gruñidos cual congreso disímil para hacer frente a la amenaza exterior. ¿Acaso los enemigos del este? ¿Acaso reflejo de la gran masa ajena a otros sentimientos más que los primarios por sobrevivir? ¿Invasores dispuestos a irrumpir dentro del gran banquete de la bonanza americana a la que no han sido invitados? Todo eso y más. Queriendo o sin querer la terrorífica noche de Romero se convierte en todo un tratado sociopolítico.

Pero la estética Hawks prima y el cóctel ideológico siempre debe estar controlado por la narración subyugante y dramáticamente concentrada como pocas. El manejo de los espacios reducidos es magistral. La explicación científica lo de menos. La grandeza de este film tan sólo requiere que prestemos nuestro sentidos a las emociones que remueven lo verdaderamente profundo de nuestro espíritu. ¿O acaso no todos nosotros cederíamos también ante el instinto de supervivencia?

Jorge Esponda

Sonata soledad (1987)

Sonata soledad

Sonata soledad es una película hecha a tres tiempos, musicales como se quiere. En toda ella, Robles Godoy deja salir más que un lado personal, un lado confesional. El cineasta radicaliza más su postura de autor así como comienza a decrecer cada vez más el interés que despertó en algún momento.

La primera parte -la única de interés- nos presenta los recuerdos de un hombre mayor (el propio Robles) alrededor de su infancia y su educación severa de la que reniega cual niño malcriado. La segunda nos presenta la visión de una pareja casi fantasmal. Y la tercera es una parodia casi caprichosa del oficio de cine y las fantasías de su creador alrededor de él.

Apenas si apreciamos cierta eficacia en la parte inicial. Aquí el deambular de Robles por todas sus obsesiones que como ejemplar freudiano se remontan a la niñez, consigue transmitirnos esa sensación etérea alrededor de lo que ya no está (el derrumbe del colegio o la presencia de los sacerdotes, maestros y compañeros) y lo que si permanece (lo intangible, la memoria o el espíritu). Pequeño ejercicio onanista (aunque mejor conseguido en su corto El cementerio de los elefantes) con aquella imagen de la fuente en forma de falo regando en medio del paisaje árido y demolido.

Lo que sigue en las otras dos es más bien redundante, especialmente la segunda, aunque no llega al nivel de capricho total de la parte final, con el obseso creador (Mariano Querol) y sus fantasías sobre Eros y Tánatos. Conejillo de indias y musa incestuosa será la propia hija del director, dando inicio así a un laboratorio fílmico tan artificial como irrelevante. Poesía hecha con la cabeza desconectada de las vísceras. Y en apariencia punto final de la accidentada (como la de tantos en el Perú) carrera de Robles en el cine. La apariencia no se confirma pues aún tendría lugar la desastrosa Imposible amor.

Jorge Esponda

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