El aura (2005)

El auraDir. Fabián Bielinsky | 134 min. | Argentina – España – Francia

Intérpretes:
Ricardo Darín (Esteban Espinosa), Dolores Fonzi (Diana Dietrich), Pablo Cedrón (Sosa), Nahuel Pérez Biscayart (Julio), Jorge D’Elía (Urien), Alejandro Awada (Sontag), Rafael Castejón (Vega), Manuel Rodal (Carlos Dietrich), Walter Reyno (Montero)

Estreno en Perú: 3 de agosto del 2006 (10º Festival ElCine)

En ‘El aura’ todo huele a muerte, pero también a vitalidad expresiva. Un taxidermista, que sufre de inquietantes ataques epilépticos y gusta de imaginar calculados atracos que jamás cometerá, vive semi sonámbulo por el abandono de su esposa. En ese estado acompaña a un amigo a una jornada de caza en la que un accidente parece despertarlo y, en vez de provocar su fuga, lo anima a adentrarse en una sórdida trama.

El aura

En medio de una programación festivalera inclinada a la baja, el segundo y testamentario largometraje de Fabián Bielinsky es uno de los puntos más altos de la sección de competencia. En El aura todo huele a muerte, pero también a vitalidad expresiva, a un mayor dominio del relato sinuoso y zigzagueante propio de los argumentos criminales. Un taxidermista, que sufre de inquietantes ataques epilépticos y gusta de imaginar calculados atracos que jamás cometerá, vive semi sonámbulo por el abandono de su esposa. En ese estado acompaña a un amigo a una jornada de caza en la que un accidente parece despertarlo y, en vez de provocar su fuga, lo anima a adentrarse en una sórdida trama que depende en buena parte de un difunto que todos –menos él– creen vivo y capaz de regresar.

Un hecho sangriento sirve para demarcar las dos historias en una que cuenta Bielinsky. Antes de él, El aura se centra en un malestar personal, íntimo y secreto, que Ricardo Darín soporta sobre los hombros como un zombi. Luego del punto de quiebre, en un paraje remoto, muy lejos de su ambiente, se activa su desaprovechada mentalidad transgresora, alimentándose unilateral y vampíricamente de otra que, por el contrario, sí llevó a la práctica plenamente su aptitud criminal.

El auraEl argentino llegó a manejar sutilezas por debajo de una narración que llena el ojo y concita el interés a primera vista hasta el final. Cuanto más se discute El aura –que no convenció a todos, aunque sí a la mayoría de los críticos en el festival–, más detalles inteligentes pueden encontrarse. Por ejemplo, dos tercios del filme los coprotagoniza un fantasma, un sujeto ausente que no necesita un halo sobrenatural tipo Kurtz de Apocalipsis ahora para mantener su vigencia en la psique de una serie de personajes. Esta pirueta narrativa contrapone y complementa la doble condición de ventaja y handicap del recién llegado, quien se siente atraído hacia el entorno y los planes delictivos que hereda, y manipula la información y las expectativas de los demás para controlar la situación.

Fina articulación de un cerebral mundo personal con una intrincada telaraña grupal compuesta de codicia y degradación, El aura deleita y apena a la vez. Más lograda, madura, autoral, que Nueve reinas, aquella ladina historia de timadores que recogía muy bien el colapso social de Argentina alrededor del nuevo milenio, Bielinsky confirmaba y potenciaba los aciertos de la opera prima y se convertía en uno de los nombres consistentes de la cinematografía de su país. Una lástima su despedida silente en un hotel de Sao Paulo.

Gabriel Quispe

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