Días de radio (1987)

Días de radioRadio Days
Dir. Woody Allen | 85 min. | EE.UU.

Fotografía: Carlo Di Palma
Música: Dick Hyman

Intérpretes:
Mia Farrow (Sally White), Dianne Wiest (Bea), Danny Aiello (Rocco), Seth Green (Joe), Julie Kavner (Madre), Josh Mostel (Abe), Michael Tucker (Padre), Wallace Shawn (“El Vengador Enmascarado”), Diane Keaton (Cantante), Jeff Daniels (Biff Baxter), Woody Allen (Narrador)

Un niño judío de Nueva York recuerda sus travesuras con la familia y la radio durante los años 40. El filme es narrado como una extensa crónica con un tono de nostalgia e ironía que invade la cinta. Las anécdotas de la infancia sobre la familia del protagonista se cruzan o tocan con diversos personajes y situaciones que estuvieron presentes en la radio durante los años 30 y 40 del siglo pasado.

Días de radio

Es increíble cómo se puede hacer una película en base a los recuerdos de la infancia, el amor por algunas canciones y, además –en este caso–, el gusto por un medio de comunicación como la radio.

El filme de Woody Allen tiene estos tres componentes y recuerda un poco –dado su componente autobiográfico– a Amarcord de Fellini. La familia que se muestra en Días de radio podría ser la versión judío-neoyorquina de la familia italiana que retrata el director nacido en Rimini (tanto en esa como en otras películas). Claro que no hay personajes propiamente “fellinescos” en esta cinta de Allen (salvo, hasta cierto punto, una prima que canta y baila ante el espejo una canción presuntamente brasileña); aunque sí aparece la infaltable burla del rabino, de igual forma que Fellini también se ríe, pero en su caso de los curas católicos.

El filme es narrado como una extensa crónica con un tono de nostalgia (esa toma por algún motivo –para mí– inolvidable de la lluviosa Rockaway) e ironía que invade la cinta. Las anécdotas de la infancia sobre la familia del protagonista se cruzan o tocan con diversos personajes y situaciones que estuvieron presentes en la radio durante los años 30 y 40 del siglo pasado, desde “El Vengador Enmascarado” hasta la invasión de marcianos con que Orson Welles frustró la cita amorosa de una tía (provocando de paso un pánico nacional en Estados Unidos). Al igual que en las cintas del autor de Roma, abundan aquí también los espectáculos de vodevil y musicales, así como otras discutibles aunque encantadoras reconstrucciones históricas sobre aquella época (pero, ¿no es acaso así como funciona el mecanismo de la memoria, modificando los recuerdos y creando simpáticos entreveros?).

Días de radioOtro punto de la película es la descripción de cómo los receptores se apropian de los contenidos y formatos de la radio, las preferencias y pequeñas luchas por el acceso en el hogar, así como los imaginarios que se generan a partir del desarrollo de ese medio.

La mejor parte del filme (los mejores chistes y las situaciones más cómicas) están al comienzo y gradualmente el humor va decayendo –aunque, todo hay que decirlo, no se trata tanto de una comedia hilarante sino de una risa inicial que se va transformando en una sonrisa apenas mitigada por unas gotas de melancolía–. La escasa acción va haciéndose cada vez más modosa, alguna línea de acción se enreda un poco y, como en los filmes de Fellini, se nota cierto agotamiento y reiteración.

Un dato final interesante es cómo varios de los personajes que construyen las fantasías radiofónicas del protagonista se reúnen en una fiesta al final de la película, cuando lo normal sería que hubieran sido presentados al principio. Un divertimento bello y sin mayores pretensiones.

Juan José Beteta

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2 comentarios

  1. 30 de Noviembre de 2006 at 3:40 — Responder

    Dias de radio es una grandisima película de Woody. Me parece que mas que “Un divertimento bello y sin mayores pretensiones”…

  2. 30 de Noviembre de 2006 at 3:42 — Responder

    para me parece que me equivoque de pelicula de woody. La del cine, esa que entran en la pelicula, es una grandisima pelicula, no me acuerdo como se llama…

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