Instintos salvajes (2002)

ImpulsosImpulsos
Dir. Miguel Alcantud | 91 min. | España

Intérpretes:
Ana Risueño (Sara)
Daniel Freire (Jaime)
Walter Moreno (Mario)
Miquel García Borda (Chico en el bar)
Liz Lobato (Chica en el parque)

Estreno en Perú: 9 de noviembre del 2006

Esta película española se interna por el universo de los asesinos en serie de una forma bastante peculiar. A través de la mirada, hasta cierto punto cómplice, de una compañera en la liga no establecida de las almas solitarias es que vamos conociendo la vida diaria y de apariencia nada extravagante del villano de turno. El joven director Alcantud intenta darle una nueva mirada a la rutina vista hasta la saciedad y a su idea no le falta brillantez. Es la realización la que peca de no darle forma más allá de lo embrionario. Aún así no deja de ser una curiosa variante que intenta explorar los móviles de estos seres que de un momento a otro, casi como por efectos mismos de la búsqueda de alguna razón para vivir, es que se dejan seducir por impulsos más que transgresores.

Impulsos

La primera parte de la película es llamativa, no contemplamos ningún golpe a pata en alto ni mucho menos. Nos prefigura ese tono cadencioso y hasta cierto punto sobrio que intenta tener la película. Minutos llenos de sugerencias y carentes de diálogos que nos internan por una sutil crónica de seres desarraigados y solitarios tratando de establecer comunicación con alguna alma gemela perdida en la rauda e indiscriminada masa que no distingue la falta de algún semejante. Así conocemos a una bella violinista de un grupo de jazz (Ana Risueño, envuelta a un disimulado asesino, como lo hiciera antes para Lombardi en Bajo la piel), la cual se encuentra marcada por un recuerdo doloroso y reciente que la ha separado de los demás, sin mayor interés por la vida pero incapaz de darle fin por su propia cuenta.

En medio de este proyecto aún dubitativo es que se encontrará con otro mayor, y ejecutado con la vehemencia que a ella le falta, capaz de terminar la sucia labor con algo en apariencia tan casual como un empujón en medio de la muchedumbre. Toda esta parte en la que iremos conociendo a ambos, en su rutina diaria, es inquietante y acrecienta la promesa de ver un filme capaz de romper los esquemas del género. Camino poco convencional al que por momentos se asemeja a Antonioni e incluso al Altman más grave. Pero pasados estos minutos y al establecer contacto, las voces comienzan a escucharse y de alguna manera esta impresión comienza a desvanecerse. Aquí entra a tallar el plot central: la especie de relación que entablan el no tan impulsivo asesino y esta asombrada admiradora y posible víctima. A partir de este juego peligroso y morboso es que la cinta se vuelve a alinear a los tópicos.

ImpulsosConociéndolos tan solo como Jaime y Sara, los protagonistas toman la forma, querida o no, de los protagonistas de la recordada Tesis, que hiciera conocido a Alejandro Amenábar, con la fama de ser un filme original y que en cierta manera rompía esquemas. Impulsos está concebida con un propósito similar. Ahí vemos a la enigmática Sara (mucho más que el decidido Jaime) con la cámara siempre dispuesta a registrar cada suceso por pequeño que sea en la semana de este asesino, como queriendo emparentársela, no tan disimuladamente, con la misma función del cineasta registrando todo aquello que acontece en la realidad concreta pero que toma un halo de fantasía total en las imágenes virtuales. Atraída por este objetivo, es capaz de convencernos de todos sus movimientos (incluso que llegue a mudarse al lado Jaime), más que por la búsqueda de resolver el pesar que le fue diseñado en el guión.

Eso es lo que da inicio a lo fallido de la película pues los personajes no resultan tan convincentes en sus móviles y por momentos la cinta se contradice a sí misma al intentar crear perplejidad. Jaime (interpretado por el argentino Daniel Freire, con acento íbero poco convincente) asume sus perversas prácticas como si matara el aburrimiento, pero sin ser para nada arrastrado por los impulsos. Es un personaje que calcula sus movimientos y sus horarios (como los diurnos dedicados a la educación de niños pequeños). Sus móviles no los conoceremos más allá de un hobby pero bastante controlado. A Sara la tenemos como un ser extraviado que, sin embargo, gracias a esta especie de estudio y contemplación, comienza a encontrar nuevamente el rumbo, para luego finalmente verse atrapada por su propio proyecto (nuevamente como la Ana Torrent de Tesis).

Diseño que puede tomarse la licencia de no ser tan definido fuera de los códigos del género pero que debe serlo fundamentalmente dentro de sus fronteras. La cinta finalmente apunta esto último y notoriamente decae hasta llegar a un desenlace menos que convincente, en el que intenta recobrar algo de lo enigmático de la parte inicial pero sin conseguirlo. Su intento por marcar distancia no se cumple, pero por lo menos queda como primer intento. Finalmente ahí queda la impresión de esa primera media hora intrigante como el rostro de la bella protagonista absorbida por sus trágicos recuerdos y sus impulsos insatisfechos en una bañera.

Jorge Esponda

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