Excesos (2003)

WonderlandWonderland
Dir. James Cox | 104 min. | EE.UU. – Canadá

Intérpretes:
Val Kilmer (John Holmes), Kate Bosworth (Dawn Schiller), Lisa Kudrow (Sharon Holmes), Josh Lucas (Ron Launius), Dylan McDermott (David Lind), Christina Applegate (Susan Launius), Eric Bogosian (Eddie Nash), Carrie Fisher (Sally Hansen)

Estreno en Perú: 16 de noviembre del 2006

John Holmes fue una de las más célebres estrellas del circuito underground del cine pornográfico. El popular Johnny Wadd de las ficciones más estrafalarias (en las que relucía como el perfecto falócrata) disfrutó de su estatus tanto como pudo durante lo breve que fue su campo de acción antes de la llegada del video y que se hicieran más comunes otros vicios caseros. Camino cada vez más insostenible por sus propios excesos y que lo llevaron a protagonizar un sonado caso policial conocido como los asesinatos de Wonderland, acaso solo para revelar la gran caída de un ídolo a su modo. Esta película intenta convertirse en la crónica de aquel momento de debacle en los que el oropel del éxito y la fortuna se diluyeron pasados los 15 minutos que proféticamente anunciara Andy Warhol. Película que tratando de ser consecuente con su personaje e historia se convierte en una pirotécnica narración como queriendo ser la expresión misma de ese inicio furibundo de la década de los 80 en el país de las maravillas.

Wonderland

Val Kilmer interpreta a este Holmes (como antes lo hiciera con ese otro rey del exceso que fue Jim Morrison) consumido por sus debilidades, pero capaz aún de atraer la atención de una compañera de viaje a la cual hace conejillo de indias de sus variables humores, mientras hace el esfuerzo de lucir algo de su imaginario brillo y mendigándole favores a una pandilla tan o más viciosa que él mismo. La película nos presenta así y sin más a un personaje corriendo a mil por hora, al borde siempre de su propia destrucción y que encontrará su momento de máxima caída con este torpe complot del cual, ni el mismo, (con la nariz embadurnada) podrá ni imaginar las consecuencias. Historia de correrías sin descanso que se pretende el vehículo de una película de impacto. El director Cox concibe una ametralladora de los sentidos capaz de ser la expresión misma del éxtasis del pecado tomando como gran influencia a Martín Scorsese y a otros talentosos seguidores suyos. Al menos como seleccionador de un soundtrack preciso no se queda atrás.

El problema es que se le escapa esa esencia de gran castigo o de errancia eterna que caracteriza al realizador de Goodfellas, capaz de asomar al lado de la juerga la sombra inquietante de la caída. La cual se suscita como consecuencia inevitable a esta carrera frenética pero que es poco desarrollada en medio de sus ensayos efectistas. La estructura del filme que insinúa ser un estudio sobre las verdades oficiales y las otras, se somete a la catadura de sus personajes concebidos como estereotipos, diseño que no resulta tan atractivo como sus modelos aunque se nos comiencen a aparecer como invenciones de dos mentes e intereses distintos. Juego de mentiras y verdades que no es aprovechado en la película más allá de insinuar algo de misterio y ambigüedad ante la figura del astro caído de su bóveda celestial hasta el agujero más profundo de la miseria.

WonderlandLa convicción, que en algunos buenos proyectos hizo interesante a un actor como Kilmer se diluye ante una película que no se levanta por sobre su aparatosidad visual en la cual parecen funcionar mejor los personajes tipo a los que no se le otorguen mayores dimensiones, como los miembros de la banda (especialmente Josh Lucas), la dulce y deslumbrada novia (Bosworth) o el casi sobrenatural Eddie Nash (Eric Bogosian desperdiciado). La complejidad del personaje no encuentra un buen desarrollo y con él, su historia. Tan sólo los breves momentos que logran alguna verdadera tensión son los que lo enfrentan a su conciencia, su esposa Sharon (Kudrow), voz de alerta y llamada de atención que lo confrontan con su esencia moral. Momentos que, de haber funcionado lo trepidante del relato, habrían resultado melodrama casi innecesario pero quedan como lo mejor a la vista del resultado final.

Wonderland se convierte en un intento menor y hasta fallido por acercarse a esos complejos personajes de moral y ética suspendida a los cuales el camino alternativo del célebre Holmes representa como pocas. Si se trata del personaje resulta superior en todos sentidos la visión mucho más ambiciosa de Paul Thomas Anderson en Boggie Nights, que a su vez nos lo presenta incluso en su lado más simpático, como representante de una causa y una estética que sueña con reivindicarse algún día.

Jorge Esponda

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1 comentario

  1. Anónimo
    7 de Diciembre de 2006 at 19:37 — Responder

    muy fea porque es grocera

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