You do what you love, and fuck the rest
Dwayne (Paul Dano) en Little Miss Sunshine (2006)

Me siento afortunado. De vez en cuando tengo la suerte de toparme con una de esas cintas del cine independiente americano (aquellas que, lamentablemente, en Lima rara vez recibimos) que tienen la hermosa cualidad de ennoblecer el espíritu. Y no es broma. Disfruto tanto viéndolas, con sus historias cotidianas y sus personajes con olor a vecino conocido, que cada nuevo descubrimiento es como una pequeña celebración personal.
Florida, en los Estados Unidos, no es precisamente un lugar que se vanaglorie por su alta cultura cinematográfica. Es más, me atrevería a decir que es uno de los puntos más aburridos en lo que se refiere a estrenos de interés. Sin embargo, suelo pasar la fiestas de fin de año por estos rincones, visitando a mi familia.
Mi madre es socia de Blockbuster (sí, aquí en gringolandia todavía existen, y vaya que con éxito) con un programa bastante peculiar: pagas como 15 dólares al mes y escoges, de 3 en 3, las películas que quieras a través de internet. Las recibes en casa, las miras, las devuelves en la tienda más cercana -con derecho a llevarte 3 títulos más- y cuando retornas estas últimas, nuevamente a la tienda, tienes derecho a pedir otras 3 por internet. Y así el círculo se repite infinitamente por un mes.
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