Asi se hizo “Hijas de Belén” de Javier Corcuera (II)

Hijas de Belén

20 de agosto de 2005. Javier Corcuera ha solicitado la sala más grande de los Multicines Iquitos, con un aforo de 272 asistentes cómodamente sentados. Con el apoyo del Instituto Nacional de Cultura de Loreto y el financiamiento de la Organización Internacional del Trabajo, estrena este corto documental, que ya tiene venerable presencia de por lo menos un año de estrenado y forma parte de las cinco historias de la película “En el mundo, a cada rato”, que presenta vivencias de trabajo laboral de niños en diversos países del tercer mundo.

Corcuera se ha encontrado en medio de la realidad de una ciudad que le gusta, sobre todo su gente, con predilección por aquellos que en apariencia no han logrado el “éxito” y se encuentran confinados en condiciones de pobreza y miseria material en algunos casos verdaderamente aterradoras. Ha encontrado, además, una Municipalidad Distrital de Belén que se ha comportado como se podría esperar de ella: con una indiferencia patética.

Claro, el Alcalde de Belén, un personaje fácilmente olvidable, ha sido el primero en llenarse la boca sobre las bondades del filme y había comprometido todo el apoyo para los participantes y protagonistas. De eso han pasado más de 365 días y hasta el momento no se ha cumplido el compromiso de honor, según quienes han tenido a su cargo el tutelaje educativo de las niñas. El señor Alcalde prometió estar presente en un almuerzo de trabajo en el restaurante “Fitzcarraldo” el jueves 18 donde se iba a coordinar el plan de trabajo de esta visita. El señor Alcalde prometió pagar los gastos de transporte de la función especial para los habitantes del distrito, el sábado en la tarde. El señor Alcalde prometió dar un almuerzo en honor de los protagonistas del filme, ese mismo sábado, al cual por supuesto no llegó, y cuya cuenta tuvo que ser asumida por los fondos para la compra de útiles escolares y provisión de salud de los infantes. El señor Alcalde se apareció en la noche por los Multicines, olfateó un poco el lugar, estuvo menos de 15 minutos, se despidió de un puñado de personas y se marchó, aduciendo “reuniones más importantes”, por lo cual ni siquiera espectó el corto. Seguramente su agenda de “trabajo” era demasiado recargada, la cual seguramente rozaba, además, con los horarios de la indignidad.

Hijas de BelénPero esto no arredra al cineasta y a su fieles acompañantes, Ana y Elena, quienes con el apoyo de Sara Vásquez se embarcan en la difícil tarea de ubicar a todos los que hicieron posible el material, ahora dispersos en varios espacios y lugares del barrio. Hasta abajo entran. Hasta abajo corren en lucha contra el tiempo para descubrir que nada ha cambiado, salvo los efectivos del Serenazgo que los apoyaron, dos habitantes nativos capaces de ahuyentar a los más peligrosos delincuentes del lugar.

La abuelita Eusebia Ramírez fue la más difícil de ubicar. A sus ochenta años, la lucidez y fuerza que muestra son insuperables. Añora permanentemente a Jeberos, el lugar donde nació y del cual fue extraída cuando era muy niña. Posiblemente todos aquellos a quienes conoció ya no existan y es muy difícil que pueda volver, especialmente por su edad, pero aún queda flotando dentro de ella un deseo por embarcarse en la utopía. Aún realiza sus trabajos de cerámica, preparando sus ollitas de barro, al lado de su inseparable nieta, por quien siente una admiración y un cariño que tienen reciprocidad en su receptora. Aún recolecta aquellas plantitas especiales, las que curan males digestivos, las que previenen males renales, aquellas que alivian males de amor. Aún sigue vendiendo sus hojitas curativas a aquellas viejas brujas explotadoras del Pasaje Paquito, que le compran a una miseria sus productos y los revenden cinco o diez veces más caros. De eso vive. De eso, y de aliviar sus penas con el recuerdo de épocas mejores, gloriosas que le cuenta el tabaco-oráculo de la vidente y hermanita Rosita.

La abuelita Eusebia ha cambiado hasta dos veces de casa en este año. La encontramos en una vivienda pequeñita, extremadamente humilde, cerca del ex relleno sanitario de la zona. Antes, se ha podido descubrir el rastro de todas las demás. Aún siguen trabajando en sus respectivos puestos de plátano, huevos y masato. Pero, aún así, tienen espacio suficiente para soñar y reír y divertirse del todo. Y aceptan de muy buena gana la idea de ser parte de un estreno de Chollywood en el que ellas, chiquitinas traviesas, sean las divas al que disparen los flashes de nuestros paparazzis charapas y a lo mejor hasta poder salir retratadas en la edición del diario El Popular, que tanto anhelan.

Hijas de BelénCorcuera se encuentra esta presente y tiene presencia en diversos eventos que se realizan en la ciudad. Asiste como invitado especial a la función de estreno del corto A Lima, dirigido por los hermanos Juan Carlos y Marco Palacios, realizado íntegramente en la ciudad y con actores iquiteños. También se da una vuelta por la Alianza Francesa para un diálogo abierto con estudiantes y público en general sobre su cine. Pero, no hay duda, el cineasta piensa en Belén, en sus amigos y protagonistas. Junto a este escriba, nos internamos en una lucha constante contra el tiempo y los equipos del Multicines para acondicionar los 35 mm. del corto a las condiciones especiales para esta proyección especial.

Todo lo que había estado previsto para ser sólo un viaje de vacaciones, resultó una travesía emocionante, parte de una necesidad no sólo por demostrar la realidad y por denunciar lo que falta por hacer, sino también celebrar la vida a pesar del caos. En sala repleta, con gente que se agolpaba por ingresar al lugar, el desconocimiento de una realidad que se encuentra apenas a unas cuadras de la Plaza de Armas provoca sentimientos encontrados en los asistentes. Hay un silencio respetuoso, que se mezcla con alegría, diversión, tristeza, perplejidad y ternura. Más de una vez los espectadores quedan con un nudo en la garganta. Más de una lección queda en sus cabezas.

Un aplauso grato y sincero explica esta historia de tres generaciones de mujeres luchadoras que, paradójicamente, no pudieron aprender a leer ni escribir. Hijas de Belén se presenta en aroma de multitud, pero aún así late en ella una idea que no ha sabido ser solucionada. Pero hay motivos para la esperanza. Nargis Napuchi ha ganado en el segundo lugar de un concurso de poesía en el ámbito local organizado por Sedaloreto. Petronila Gonzales ha pasado invicta a un grado en el colegio. Nancy Hualinga, la analfabeta más encantadora que he podido conocer, gracias al tesón de su madre y el empuje de maestras como Luz Elena Da Silva, ya sabe leer y escribir. Y yo me emociono cuando ella sale a la calle y la alegría en el rostro es palpable porque puede distinguir el significado de las palabras estampadas en los letreros luminosos, las cuales pronuncia en forma impecable. Belén sigue pobre y miserable, pero, al mirar la nueva vida de nuestra masatera favorita, algo ha sucedido, para bien. “Yapa yapa” podrá leer esta líneas. A veces el cine también puede servir para cambiar al mundo.

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1 comentario

  1. ELENA DEL CARMENNENA
    19 de Agosto de 2010 at 19:45 — Responder

    NO CONOCIA AL SEÑOR JAVIER SOLO QUE VI UNA PITURA DE EL,EN REVISTA DECOART QUISE VER MAS OBRAS DE EL , ERNTRE A INTERNES Y SUPE DE SU TRALLESTORIA COMO CINEARTE, ME, EMOCIONE CON EL TEMA DE HIJAS DE BELEN-LO FELICITO CON TODO MI CORAZON………………

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