La ventana indiscreta (1954)

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Dir. Alfred Hitchcock | 112 min | EE.UU.

Intérpretes: James Stewart (L. B. Jefferies), Grace Kelly (Lisa Carol Fremont), Wendell Corey (Det. Thomas J. Doyle), Thelma Ritter (Stella), Raymond Burr (Lars Thorwald), Judith Evelyn (Miss Lonelyheart), Ross Bagdasarian (Songwriter), Georgine Darcy (Miss Torso).

En sus películas mayores Hitchcock resolvió de manera extraordinaria esas exploraciones o experimentos que siempre estuvieron presentes en su forma de concebir el cine o arte, el cual nunca fue reconocido como tal bajo las apariencias dinámicas y bien encajadas de los géneros de entretenimiento. Pero el consumado tejedor de intrigas llegaría a la radicalidad autoral en la década del 50. Esta película es una de las más extraordinarias que haya realizado, en ella confluyen tanto su destreza de narrador como su siempre punzante mirada hacia el individuo dentro del corset (o en este caso yeso) de la sociedad y sus ritos extraños y secretos desarrollados en la soledad. A ese mundo nos acercamos en esta metáfora que nos incluye también como los privilegiados espectadores de esta ventana indiscreta en que se convierte la pantalla. El voyeurismo es la esencia del arte cinematográfico y el malicioso Hitchcock se obsesionó con esa idea como lo hizo con otras costumbres (declaradas o no) de la convivencia en medio de esa no tan discreta burguesía que, con alma de siniestro satirista, revisa de pies a cabeza. James Stewart, en una actuación brillante, interpreta a Jeff este guía presencial que tendremos para recorrer hasta la saciedad cada ventana, cada aparición, cada detalle que podamos extraer de las vidas ajenas. Es la fantasía del mirón hecha realidad pero también pesadilla.

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Hitchcock se encarga minuciosamente de que cada detalle de la puesta en escena nos remita a esa acción de más que mirar. Un travelling de derecha a izquierda nos va dando a conocer ese mundo (también encerrado en pequeños y particulares capítulos) de intimidad tras el cierre de puertas hasta dar con el protagonista de cuya habitación unos cuantos planos detalle le bastan al director para introducirnos. Jeff es un inquieto fotógrafo al cual cada minuto que tiene que pasar enyesado es toda una vida. A falta de actividad (algo que no se remite únicamente a la incapacidad física) lo único que le queda es recrear el morbo con la vida que se desenvuelve frente a él. Así es como vamos conociendo a esos casi espécimenes a analizar: el compositor en plena faena por darle forma a la tonada que tiene en la mente; la pareja que duerme a la luz de la luna; la señorita “corazón solitario” brindando con un imaginario galán de noche; la señorita Torso, bailarina de ballet que todo lo contrario a la anterior, de seguro es el punto de observación favorito del vecindario; la escultora dedicada a su labor; una pareja de recién casados que llegan a exaltar la imaginación detrás de la ventana; y especialmente un matrimonio ubicado al frente viviendo en no tan disimulado conflicto. Todos ellos los personajes que a grandes rasgos elige el director como representantes de la variopinta y especial población de algún rincón del bohemio Greenwich village (que para el caso esta reconstruido en estudio). A todos ellos el protagonista irá pasando revista así como nosotros a él y todo lo que ve.

Rear Window En esa observación transita la película ya casi olvidándose de los parámetros del género. La maestría del director y su técnica son capaces de dejarnos ver ese experimento con el mismo interés de un film de entretenimiento. Tras los créditos iniciales no hay mayores efectismos, no oímos musical incidental que nos adelante algo o que comience a crear atmósfera, no se desarrolla ninguna intriga propiamente dicha. Hitchcock nos coloca como espectadores de una disertación fascinante sobre los mecanismos del suspense que en este caso son literalmente suspendidos como un cuaderno en blanco en el cual el protagonista-observador comienza a escribir las líneas de la trama. La fascinación morbosa por la vida ajena, parte esencial del ser humano, oculta o develada de acuerdo a lo oportuno del momento es el tema con el que Hitchcock desenvuelve sus virtudes como retratista de costumbres aunque de manera incluso más compleja que lo realizado en sus films anteriores. La película se sostiene magistralmente en esa interacción de esos retablos vivientes que comienzan a tomar una particular forma desde la perspectiva del protagonista, quien a pesar de recibir a la vida a través de su puerta durante este período de aburrimiento, no puede dejar de lado su curiosidad tornada en casi dependencia por ese traspatio social. No pueden romper con él ni los sabios consejos de Stella ni tampoco los encantos y mimos de Lisa (la irrepetible Grace Kelly) irresistibles para cualquiera, excepto para el protagonista (en toque burlón y ambiguo del guión). Los personajes (de cerca o los vistos de lejos) se definen con precisión por el consumado orquestador y por el estupendo desempeño de los interpretes.

Jeff como cualquier espectador va reaccionando ante cada curiosidad, suceso banal y fortuito para después irse creando expectativas alrededor de ellos como ante un programa de chismes de la farándula de la tan expandida televisión de hoy en día. Hitchcock no tan disimuladamente se convierte en un critico de la sociedad moderna encasillada tras los muros de la independencia personal y la incomunicación que se desarrolla a partir de ella. Uno de esos cada vez más largos vistazos a la vida diaria por la ventana trasera dará pie a sus elucubraciones más inspiradas. ¿Se a cometido o no un crimen? Es la pregunta que, casi susurrada como al ritmo del jazz, desliza dentro de la trama el suspense. Es la ambigüedad que tan bien a teñido los mejores films del director la que se adueña de cada móvil, cada acción. Jeff se obsesiona por estas vidas ajenas hasta el punto de crear todo un caso a base de pequeñas pistas convertidas en evidencias y que su convicción no dejará indiferente a Lisa quien asume con elegancia casi un papel secundario a los ojos de su amado (el cual no deja de tener la apariencia casi de un niño huyendo de los compromisos, especialmente con ella). Los misteriosos y bien monitoreados movimientos de Thorwald son entrevistos como evidencia rotunda pero aún la cámara (de Jeff y de Hitchcock) no dejan perder la oportunidad de seguir a todos los demás miembros del paisaje dejándonos la posibilidad abierta a que las sospechas de Jeff son solo producto de la chismografía mas exacerbada.

Rear Window Para lucir como la voz lógica a tanta fantasía (o ficción en pantalla) surge Tom Doyle, el amigo policía de Jeff quien siempre tendrá la respuesta más razonable ante tanto misterio. Cada replica certera va comenzando a minar las convicciones de Jeff y Lisa como para dejarlos pensando en la inutilidad de tanta búsqueda (y a su vez creando toda una representación del combate entre Hitch y sus detractores “verosímiles”). El mundo de ilusión representado nuevamente con sus facultades evasivas (aunque la realidad de Jeff no resulte tan caótica como la de tantos de nosotros). Momento clave en el que todas las dimensiones que maneja el film de Sir Alfred confluyen será el grito desgarrado que interrumpe el regreso de Jeff y su bella cómplice a las alas de la cordura y sentido común. Ante la aparición de su mascota muerta, la vecina recrimina a todo su auditorio la falta de interés entre unos y otros hasta el punto de que la muerte de alguien al lado no despierte más que la curiosidad (del tipo que solo se interesa por los trapitos sucios antes que por verdadero sentido de la solidaridad o el bien en general). Jeff casi hasta se ve inspirado o arengado a continuar con su labor de detective o más bien espía con todos los recursos que se permite por su profesión de observador. Para ese momento las dudas alrededor de la casi aristócrata y exigente Lisa se irán disipando para el caso en medio de la aventura y el febril descubrimiento de tener una verdadera compañera en su gusto por los riesgos, es acaso la natural fascinación ante todo lo que nos saque del siempre latente síndrome del hastío.

Casi sin percatarnos la película ya ha adoptado una tensión casi subliminal y limpia de cualquier manipulación. La técnica consumada de su autor así como su detallismo extremo se han ligado notablemente a varias ideas y concepciones respecto a sus semejantes. La sentencia de que estamos observando un mundo secreto e inexplicable se aplica también al uso de los más intrincados o si se quiere artificiosos argumentos como seña de un realizador ajeno a la “sustancia” del arte como se dijo mucho en su momento. Pero el maestro deja constancia de que hasta la idea más extravagante puede volverse plausible si se maneja con sabiduría que incluye inteligencia y por que no diversión. Casi ante resultado de la inoperancia (o impotencia) de Jeff, es Lisa la que toma la iniciativa de buscar la solución final en el lugar del crimen. La parte final condensa muy bien las cualidades de narrador de Hitchcock, ganadas a pulso. Se sucede entonces la burla genial al espectador convertido quiera o no en participe de la acción, ruborizado tal vez ante la condición de ser ahora el punto de observación y en posición no tan cómoda como la anterior. Los ojos del vecindario y las fuerzas del orden solo atinan a que el nuevo actor desde la ventana trasera practique su desesperado show cerrado por la represión del villano descubierto al fin no sin una cuota que el susto ha de pagar. El vecindario entonces la asume como otro motivo de chisme para comentar en esos días, mientras la vida vuelve a su cauce normal a ritmo de la deliciosa melodía de Franz Waxman que se estuvo gestando durante el transcurso de la película. Las historias se seguirán desenvolviendo incluso la de Jeff y Lisa que parecen haber llegado a un acuerdo no menos secreto e inexplicable en muchos sentido como la misma naturaleza que han observado y enfrentado. Cierre de una magistral rareza que anuncia ya las anomalías fílmicas que Hitchcock realizaría en esos años. Pero en esta película nos deja con el placer culposo de querer o temer convertirnos de espectadores a protagonistas de nuestra propia película.

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3 comentarios

  1. 29 de Marzo de 2007 at 23:44 — Responder

    Buen film de Hitchcock, para muchos considerada como la mejor de su amplia filmografía. Yo no estoy entre ellos, pero es cuestión de opiniones.
    Lo que sí es cierto es que está planificada al detalle, con un trabajo de story-board soberbio. Nada está dejado al albur, todo milimétrico. El resultado es bueno, maravilloso según unos, muy entretenido opinan otros (yo incluido). Para otros (que también los hay) hay cierta frialdad y academicismo.

  2. carlos
    16 de Enero de 2008 at 19:13 — Responder

    hola buenas,soy un estudiante de imganen y tengo que realizar un analisis de la pelicula la ventana indiscreta con la composición de los planos, analisis formal… si alguien me puede ayudar aportandome información se lo agradeceria.
    un abrazo y gracias.

  3. […] La ventana indiscreta: Inmerso en el mundo morboso del gordo Hitch, al gran Stewart no le faltaba más que hacer su tesis de graduación de ese universo de miradas furtivas y sospechas. Para el caso, el realizador le coloca al lado a la bellísima Grace Kelly. Pero el actor debía de seguir las líneas y derrotero de su papel: ser un inválido temporal y un chismoso más interesado en los placeres ajenos que en lo que se podría dar dentro de ese departamento muy bien adornado. Otro chiste malvado que Stewart asume con gestos geniales. […]

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