Recordando a Jean-Claude Brialy

Jean-Claude Brialy en La rodilla de Clara de Rohmer

Cuando mencionamos la Nouvelle Vague no solo vienen a la mente los nombres de los geniales cineastas que la conformaron, sino también de las estrellas que iluminaron las cintas de aquel periodo irrepetible en la historia del cine: Anna Karina, Jeanne Moreau, Jean-Paul Belmondo, Jean-Pierre Leaud. Una de ellas, el prolífico Jean-Claude Brialy, nos dejó el pasado 30 de mayo, a los 74 años, tras una larga batalla contra el cáncer. Para los cinéfilos su rostro se hizo reconocible en filmes de grandes como Claude Chabrol, Francois Truffaut, Jacques Rivette, Eric Rohmer y Jean-Luc Godard.

En 1958 apareció en la pantalla en el primer largo de Chabrol, El bello Sergio, que lo catapultó a la fama, y con él repitió en filmes como Los primos. Fue protagonista de Tous les garcons s’appellent Patrick, uno de los mejores cortos de Godard, de 1959, y trabajó con Jacques Rivette en París nos pertenece. Coprotagonizó con Anna Karina Una mujer es una mujer, de Godard, y con Jeanne Moreau La novia vestía de negro, de Truffaut. En 1969 ofreció una de sus grandes actuaciones como Jérôme, el seductor treintón, fetichista y obsesionado por acariciar La rodilla de Clara, una de las cintas más acabadas de Rohmer.

Fue amigo de varios de los cineastas de la Nueva Ola quienes lo invitaron a aparecer haciendo pequeños cameos en Los cuatrocientos golpes, de Truffaut; Cleo de 5 a 7, de Agnès Varda; Adieu Philipinne, de Jacques Rozier; Los amantes y Ascensor para el cadalso, ambas de Louis Malle. De él, Truffaut dice en “Las películas de mi vida”:

Era amigo nuestro. Era nuestra esperanza. No había rodado o interpretado nunca, pero por las tardes, a las nueve, al evocar el telón de los teatros que se levantaba a esa hora para otros actores, le daba un ataque de increíble delirio tragicómico que era la marca indudable de su talento.

Dueño de una extensa filmografía (actuó en casi 200 cintas) también lo podemos ver en películas como El fantasma de la libertad, de Luis Buñuel; El juez y el asesino, de Bertrand Tavernier; Los unos y los otros, de Claude Lelouch; La noche de Varennes, de Ettore Scola; Los inocentes, de André Techiné, y La reina Margot, de Patrice Chéreau, entre otras. También incursionó detrás de cámaras como realizador. Su primera película, Eglantine, obtuvo la Concha de Plata a la mejor dirección en 1971 en el Festival de San Sebastián.

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