Léolo (1992)

leoloDir. Jean-Claude Lauzon | 107 mins. | Canadá

Intérpretes:
Gilbert Sicotte (Narrador, voz)
Maxime Collin (Leolo)
Ginette Reno (Madre)
Julien Guiomar (Abuelo)
Giuditta Del Vecchio (Bianca)
Andrée Lachapelle (Psiquitra)
Denys Arcand (Director)
Germain Houde (Maestro)

Léolo es una película extraordinaria. Es apasionada y apasionante, salta de una imagen poderosa a otra y otra, sin dar tregua al espectador, pasando del lirismo al desenfado, de lo escabroso a lo romántico, de lo brutalmente concreto a la ensoñación onírica. En ella se imprime un aliento poético a las vivencias infantiles y familiares en general, sobre todo en la manera que tiene el personaje principal de asumir su difícil relación con el mundo, en cómo despliega su punto de vista, observa y narra la historia, con una desconcertante voz en off adulta que evoca la feroz lucidez de sus años mozos.

Léolo

Léolo (1992) es una película extraordinaria. Es apasionada y apasionante, salta de una imagen poderosa a otra y otra, sin dar tregua al espectador, pasando del lirismo al desenfado, de lo escabroso a lo romántico, de lo brutalmente concreto a la ensoñación onírica. La pantalla arroja las vísceras de Jean–Claude Lauzon, en la visión tan íntima y barroca que ofrece de la infancia, e incluso en el nombre y el fervor por la escritura, similares a los suyos, de su protagonista. No extraña que formara parte de la encuesta internacional de la revista Sight and Sound sobre las 75 joyas escondidas del cine. Desgraciadamente, este director canadiense, que se perfilaba como una de las mayores luces de su generación, murió en 1997, junto a su pareja, en un accidente aéreo, lo que condenó a su filmografía, por distintas razones, a ser tan breve y prematuramente concluida como la del francés Jean Vigo, el gran creador de Cero en conducta y L’Atalante.

Pero, aún teniendo un sello muy personal, lo que más asemeja a Lauzon a esa suerte de hermano lejano del cine francés, es la intensidad y la facilidad con la que subvierte los esquemas narrativos. En Léolo imprime un aliento poético en las vivencias infantiles y familiares en general, sobre todo en la manera que tiene el personaje principal de asumir su difícil relación con el mundo, en cómo despliega su punto de vista, observa y narra la historia, con una desconcertante voz en off adulta que evoca la feroz lucidez de sus años mozos.

LeoloLéolo es bellamente caótica, desordenada, dotada de tantos registros mezclados y superpuestos, que abarcan influencias de Vigo y del Truffaut de Los cuatrocientos golpes, en la complicidad con el niño, solo contra el contexto hostil, y a la vez elevar al paroxismo ciertos elementos de Delicatessen (1991), primer largo de Marc Caro y Jean–Pierre Jeunet, contemporáneos de Lauzon. Ellos comparten el apego por la atmósfera recargada, donde el énfasis en los cuerpos voluptuosos, casi desfigurados, potencian las grotescas situaciones que experimentan sus criaturas. Pero a diferencia de Delicatessen, que recuerdo como un hábil divertimento, esos rasgos, sin perder el toque de humor negro, aparecen en Léolo convertidos en factores dramáticos densamente procesados.

La familia es una amenaza bélica para Leo Lozeau (inspirado Maxime Collin), que se rebautiza unilateralmente como Léolo Lozone. “Porque sueño, yo no lo estoy”, es la frase que resume su postura disidente y marginal. Su situación casi es de sobrevivencia, acosado por los desórdenes mentales de un clan disfuncional que visita los predios psiquiátricos como parques, entre el retardo y actitudes obsesivas y agresivas inexplicables que en cualquier momento pueden llegar al impulso homicida. Estos insumos componen una atmósfera surrealista, en la que el padre cultiva una filia escatológica de pretensiones dinásticas, y el abuelo intenta ahogarlo en la bañera porque le salpica el agua (¡!). Todo en medio de mecanismos de defensa, como algunos engaños al padre, la mutación fantasiosa, italiana y vegetal, de su origen, y el descubrimiento de la genitalidad, la sexualidad y el amor, perturbado también por el abuelo, al mantener intimidad justamente con Bianca (Giuditta Del Vecchio), la muchacha italiana que agita sus latidos y habita sus sueños.

LéoloEl intento de ahorcamiento de ese insospechado rival amoroso es una secuencia delirante, por grotesca, doliente y cómica, que Léolo / Lauzon premeditan, construyen y ejecutan con placer. Abuelo y nieto quedan brevemente suspendidos en el aire, en paralelo, como los eslabones de una carga hereditaria ineludible que caen y desembocan al mismo lugar: la postración y el manicomio, previa escala en Traumatología, donde Maxime Collin luce enyesado como Victoire Thivisol en Ponette (otro filme de la muestra Primera piel). El plano que muestra a Léolo colapsado, inconsciente, rodeado de agua y hielo, insertado entre un acto de zoofilia grupal, la alucinación con Bianca y los roces con una mujer mayor que comparte con un chico de su edad, es sólo una muestra del poder expresivo de Lauzon.

La muerte del realizador fue, sin duda, una gran pérdida para el cine contemporáneo. La belleza de Léolo, que apenas era su segundo largometraje, es inagotable, a la cual sólo nos hemos aproximado aquí.

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5 comentarios

  1. 21 de Septiembre de 2007 at 10:37 — Responder

    Una de mis películas favoritas. Una verdadera lástima que la traducción la empeore. Sugiero -al que no la haya visto- la Versión Original Subtitulada.

  2. Enrique Vivar
    21 de Septiembre de 2007 at 11:49 — Responder

    Léolo, el film exhibido a inicios de la muestra Primera Piel cuenta con una muy buena traduccion al castellano la cual está realizada por la casa distribuidora del film en DVD para el mercado Europeo de habla hispana.

  3. Marco
    21 de Septiembre de 2007 at 12:43 — Responder

    Excelente articulo. Lastima que me la perdi, espero la vuelvan a pasar pronto en algun otro sitio.

  4. Fernando VR
    22 de Septiembre de 2007 at 11:54 — Responder

    Léolo está en polvos azules. Pasaje 18, Puesto 3. No sé si será la traducción que vieron en esa muestra de cine, pero la copia que circula en Polvos es sacada de un dvd original. Provecho.

  5. […] Cine Club Mal de Ojo de la Universidad Cesar Vallejo, que nos ofrecieron joyas atemporales como Léolo de Jean Claude-Lauzon, Kes, de Ken Loach, Shara, de Naomi Kawase, y Killer of Sheep, de Charles […]

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