Críticas de la semana: bailando con Hairspray

Recogemos algunas críticas de las principales publicaciones nacionales, en los últimos siete días. Revisemos lo que se escribió de las cintas en cartelera:

Hairspray

Hairspray, el remake del musical de John Waters, no convence a Alberto Servat, que recuerda mucho a la primera versión. Así lo pone en El Comercio:

El resultado de esta nueva “Hairspray” es, a primera vista, espectacular y encantador, pero también mecánico y definitivamente alejado del espíritu burlón de Waters. Tal vez no debemos reprocharle esto último, finalmente siempre queda la cinta original para ser revisada, pero me disgusta ese oportunismo que no arriesga en un solo aspecto y, por el contrario, blanquea un material tan provocativo.

Enrique Silva de Correo la vió con mejores ojos, y la reseña:

Shankman [el director] no solamente ha logrado su mejor película a la fecha, sino que ha sabido darle otra dimensión a la historia de la pequeña y rolliza Tracy Turnblad. (…) Desde el principio acierta al imprimirle a su puesta en escena un ritmo permanente, equilibrando el humor con la música y la danza de manera tal que el interés se mantenga a lo largo de las casi dos horas de metraje. Y las entusiastas actuaciones, especialmente las de Travolta, Pfeiffer y Blonsky, contribuyen al éxito de la cinta.

Una sombra al frente es la cinta que revisa Fedérico de Cárdenas en La República, señalando sus virtudes y defectos:

Dos son los problemas de la historia. El primero reside en la concepción de los personajes, que aparecen como predeterminados, poseídos por un destino dado. Esto es especialmente notorio en el Aet de Diego Bertie (…) El segundo es el de una narrativa que tiende a la ilustración pese al cuidado en su recreación de ambientes, selección de puntos de vista y segura planificación, que son virtudes propias del cine de Tamayo y que no ha perdido.

Finalmente, en Peru21 encontramos a Alonso Izaguirre escribiendo sobre La fuente de la vida:

Para algunos, La fuente… es una clara muestra de que la pretenciosidad es la peor enemiga de los cineastas; para otros, se trata de una genialidad que confirma el talento de Aronofsky. Ambas posiciones extremas no ilustran lo que pensamos de La fuente…, un trabajo involuntariamente ‘kitsch’ de mediana intensidad, con algunos toques de sutileza y sensibilidad cinematográfica.

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