Zodiaco (2007)

ZodiacZodiac
Dir. David Fincher | 158 min. | EE.UU.

Intérpretes:
Jake Gyllenhaal (Robert Graysmith), Robert Downey Jr. (Paul Avery), Mark Ruffalo (detective Dave Toschi), Anthony Edwards (detective William Armstrong), Brian Cox (Melvin Belli), Elias Koteas (sargento Jack Mulanax), Donal Logue (Ken Narlow), John Carroll Lynch (Arthur Leigh Allen), Chloë Sevigny (Melanie), Dermot Mulroney (capitán Marty Lee)

Estreno en Perú: 24 de mayo de 2007

Zodiac es una película atípica, se anuncia como un thriller policial pero sus motivos se dirigen por los caminos más de la crónica y hasta el drama urbano. David Fincher consigue con esta película volver al lugar expectante que obtuviera a mediados de los 90 con Seven. La historia nos remite a fines de los años 60`s, época de convulsiónes sociales pero vividas éstas (en los sectores que presenta la película) como algo lejano hasta la irrupción de Zodiac, el asesino. Películas como The Conversation, Three Days of the Condor, The Parallax View o All the President’s Men deben haber estado rondando por la mente de Fincher para concebir este salto ejecutado dentro del mainstream.

Zodiac
Zodiac es una película atípica, se anuncia como un thriller policial pero sus motivos dirigen por los caminos más de la crónica y hasta el drama urbano. David Fincher consigue con esta película volver al lugar expectante que obtuviera a mediados de los años 90 con Seven. Aquella potente película sí era una intriga decididamente ubicada en los parámetros del suspenso y la acción continua. Lo que vemos en Zodiac es una exposición aparentemente más reposada del plot “en busca del asesino”. El director resuelve con inteligencia y criterio una película en la que arriesga las muletillas propias del género, por la libertad y mirada casi tangencial a una historia que, como muchas, suelta la vendedora frase de “basado en hechos reales”, pero que procede a dar cuenta de una más allá, de toda una época y todo un sistema de justicia. Formas que se remiten inevitablemente a los thrillers políticos y policiales que caracterizaron al cine de aquellos años, en los que el asesino del zodiaco hacía de sus crímenes un rompecabezas sin resolver, en los todavía resaqueados rincones de San Francisco.

La historia nos remite a fines de los años 60, época de convulsiónes sociales pero vividas éstas (en los sectores que presenta la película) como algo lejano, hasta la irrupción de Zodiac, el asesino. Incluso la imagen inicial de esa San Francisco de noche con fuegos artificiales y pequeñas casa suburbanas parece querer ambientarse en un mundo anclado en el tiempo perfecto, de sitcoms, de esa imagen muy cincuentera a lo “Happy Days”. Fincher nos ubica en el lugar de forzada fantasía en el que abrirá fuegos el asesino de turno. Exposición rápida pero impactante, muy elaborada aunque luzca intencionalmente funcional. Con todas sus observaciones y particular ritmo sí se puede definir esta como una película de suspenso. El esquema clásico está aplicado al menos en estructura: el villano comienza a rellenar su lista de cadáveres mientras la investigación (policial y periodística) se expande, no sin varios procesos y obstáculos. De ello se vale astutamente el director para insertarse con ambiciones de recapitulador a toda esa vertiente del policial, en la que las correrías no estaban tan extendidas como hoy, donde el peso de las circunstancias sociales, políticas y demás, hacían la mayor carne para los conflictos del protagonista. Películas como The Conversation, Three Days of the Condor, The Parallax View o All the President’s Men deben haber estado rondando por la mente de Fincher para concebir este salto ejecutado dentro del mainstream. Todas ellas, no por casualidad, girando en la era Nixon y en la cual también se ambienta Zodiac.

ZodiacPor ello el punto de vista de este caleidoscopio se reparte en la mirada alternada de varios personajes, entre los cuales destacan notoriamente tres: el caricaturista Graysmith (inquieto representante del público ávido por la verdad), el detective Toschi (casi siempre aplastado por los juegos y equívocos de la realidad) y el reportero Avery (todo un prospecto de hippie puesto a prueba dentro del “sistema”). Los tres son absorbidos por esa sombra indefinida como la propia identidad del detallista Zodiac. Incluso las secuencias de los crímenes son mostradas con una sequedad que hasta pueden resultar convencionales como lo son para los personajes. De día o de noche, los crímenes se definen por una exposición rápida y de una facilidad que ya delata conciencia de los muchos lugares comunes a los que se puede caer. Fincher opta por no revestirlas de supuestas sorpresas, pero les da ese toque de lo siniestro, plantado en medio de la más idílica y despreocupada nación (especialmente el crímen de la pareja en la laguna). El largo transcurso de la película se desarrolla bajo esa mirada atenta, pero no impertinente, a un momento específico en los que incluso la ambientación no exagera los datos para contextualizar el momento histórico.

Fincher deshace la idea de un desarrollo, clímax o resolución de la investigación. Las correrías de los tres protagonistas a lo largo de los años en los que Zodiac aparece y desaparece, primero dejando sus elaboradas cartas con códigos de barroca elección, y luego insinuando su presencia con llamadas anónimas. Se convierte asimismo en la representación de un universo de caos institucionalizado, desde los shows televisivos “serios” (como el programa del doctor Belli), hasta el simple afán de figuración o paranoia en una era de conservadurismo (con esas largas colas de supuestos testigos). Lastre con el que conviven los afanes de los protagonistas quienes, a su modo, asumen más una pelea contra ese sistema pesado y burocrático antes que con el mismo criminal que se favorece de ellos (ni los mismos peritos parecen querer encontrar el detalle revelador). El único que poco a poco podría dar el empujón hacia delante sería el ciudadano común y corriente. El dibujante Graysmith, convertido a la larga en detective aficionado, representa a esta voz disonante en medio de la opinión mayoritaria que ve a Zodiac como noticia vieja e incómoda de remover (Melanie, la esposa que interpreta Chloe Sevigny es la manifestación clara de esto). Fincher modula ese retrato de lucha prácticamente personal hasta dejar fuera de marco al género durante varios tramos en los que se imponen los retratos íntimos, las soledades e incomprensiones (notable en ese sentido el personaje del detective interpretado por Anthony Edwards, eterno pero ya cansino compañero asfixiado por los procedimientos), capaces de querer la vehemencia de un Dirty Harry para despedazar esa telaraña que los aprisiona en la inoperancia.

Zodiac

Los actores en ese sentido están notables, no hacen ni exhibicionismo ni alardes. Todos ellos se mantienen en esa clave baja que caracteriza al conjunto del filme, y a los propios derroteros de sus personajes que quisieran apuntar hacía Zodiac como el supuesto culpable de sus respectivos fracasos: el de Toschi aceptando que no todas las buenas intenciones obtienen el favor del sistema, el de Avery resignándose a una vida de semi hippie apenas oculta por sus ademanes ante las exigencias de los jefes, o el de Graysmith jugándose su pequeña estabilidad laboral y familiar como el espectador inocente que fue. Tan cargados están todos de signos y pistas equívocas que las auténticas son indistinguibles. Las verdades vistas de frente y que terminan siendo negadas hasta por su sencillez. Un gran mal que Zodiac no provocó sino sólo reveló y que contagia a su atmósfera de seres hasta extraviados en una rampa vital de la que suben y bajan como autómatas. Lejos de las atmósferas casi sobrenaturales y recargadas de Seven, Fincher otorga a esta otra película el aire inquietante de lo cotidiano, de lo que sucede en un día cualquiera, de las reacciones que tenemos ante una noticia que, por grave que sea, aparece y pierde vigencia tan rápido como la impunidad permite.

Zodiac es un filme apasionante, cargado de un malestar que parece perenne y tan ambiguo que hasta el criminal luce tan solo como un mensajero o inquisidor que también levanta el dedo hacia sus perseguidores, tanto como ellos a él. Esa sensación de desazón es la que no permite una resolución exaltada como la que muchos hubiesen querido, su aparente sobriedad no hace concesiones hasta el final. Ni la mayor verdad tiene valor sin algo en la mano para sustentarla y la investigación sólo termina aspirando a convertirse en un best seller, tal vez aplaudido hasta por el mismo asesino. Todo una síntoma de nuestra era.

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3 comentarios

  1. […] en 1992. Esta vez el hombre detrás del proyecto fue el entonces debutante David Fincher (Seven, Zodiac), quién le devolvió a la serie parte su estilo original. Esta vez la guerra se desataba en una […]

  2. […] después de un oscuro paréntesis de adicción y descontrol. El año pasado ya había destacado en Zodiac, la película de David Fincher, como Paul Avery, el inestable reportero que investiga los crímenes […]

  3. […] No, no exagero. Solo revisen su anterior trabajo, Memories of murder del 2003. Fincher y su notable Zodiaco, le quedan bien […]

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