Bourne: el ultimátum (2007)

The Bourne ultimatumThe Bourne Ultimatum
Dir: Paul Greengrass | 111 min. | EE.UU.

Intérpretes:
Matt Damon (Jason Bourne), Julia Stiles (Nicky Parsons), David Strathairn (Director de la CINA Noah Vosen), Scott Glenn (Director de la CIA Ezra Kramer), Paddy Considine (Simon Ross), Edgar Ramirez (Paz), Albert Finney (Dr. Albert Hirsch), Joan Allen (Pamela Landy), Tom Gallop (Tom Cronin), Corey Johnson (Wills)

El agente secreto sin jefatura, sin tranquilidad, sin identidad regresa en esta tercera y al parecer concluyente maratón contra todos. Tras el éxito de la potente película anterior los estudios pusieron punche para forzar una nueva aparición de Jasón Bourne hecho y maldito por sus habilidades y los muertos que ha estado regando con tal de sobrevivir a su inopinada deserción de las “fuerzas del orden mundial”. El plot de este nuevo Bourne se ubica inmediatamente después de donde se quedó el anterior, incluso podríamos decir que se trata de una extensión de este. Las virtudes de The Bourne supremacy logran ser conservadas durante casi todo el metraje de esta tercera película (como le cambió el cariz tras el recambio de director).

The Bourne ultimatum

El agente secreto sin jefatura, sin tranquilidad, sin identidad regresa en esta tercera y al parecer concluyente maratón contra todos. Tras el éxito de la potente película anterior los estudios pusieron punche para forzar una nueva aparición de Jasón Bourne hecho y maldito por sus habilidades y los muertos que ha estado regando con tal de sobrevivir a su inopinada deserción de las “fuerzas del orden mundial”. Afortunadamente el británico Paul Greengrass se coloca nuevamente tras las cámaras para ejecutar la operación de estirar la vida fílmica del personaje creado por Robert Ludlum y salir bien parado. La fórmula: la inteligencia para plantear una historia vista una y mil veces, la pericia de un narrador atento y conciente de cómo es el material que trabaja y por su puesto los inagotables y numerosos recursos que le proporciona la industria para este millonario paseo alrededor del mundo, explosiones y choques automovilísticos de por medio. Toda la parafernalia servida a un verdadero talento de las tensiones en pantalla y que de alguna forma renueva con esta serie toda la larga tradición de thrillers de espionaje que ya pecaban de temas caducos y tratamientos agotados.

El plot de este nuevo Bourne se ubica inmediatamente después de donde se quedó el anterior, incluso podríamos decir que se trata de una extensión de este. Tras toda la catástrofe que ocasionaba en las carreteras moscovitas, el super agente renegado sigue su destino de fugitivo ante ese sistema que le dio la espalda y que tratará a como de lugar de deshacerse de él para cubrir sus negocios sucios dentro de la política internacional extendida como su patio de juegos o ensayos siniestros. Claro que la película no tiene tiempo (ni intensión) de extenderse en el mismo puesto que sólo debe pintarse lo suficiente el contexto áspero, raudo y aniquilante sobre el cual corren Bourne y sus perseguidores. Gracias a ello y a la pertinaz funcionalidad que imprime Greengrass se lleva de encuentro la ingenuidad de los moldes de Bond y similares que todavía pretenden hacernos creer que las lealtades siguen vigentes hasta el sacrificio propio de la vida o hasta el amor en este tipo de servicios. A Bourne le tocó aprender a la mala que el asunto no es tan fácil como lanzar un juramento frente a la bandera y eso lo paga con su nueva condición de presa anhelada y depredador a su pesar.


The Bourne ultimatum
Las virtudes de The Bourne supremacy logran ser conservadas durante casi todo el metraje de esta tercera película (como le cambió el cariz tras el recambio de director). A pesar de ya estar prevenidos sobre el espectáculo que tanto caracteriza a Greengrass (recuerden también United 93), la atención no se nos logra despegar ante la intensidad de su película. Muchos probablemente descartan su valor por mostrar sólo “acción”. Sí, acción pero de una contundencia que notoriamente se destaca del promedio con el que tanto estamos habituados a aburrirnos. Lo agradecible del trabajo del cineasta británico radica justamente en esa especie de reivindicación de los elementos al uso y más trivializados por los más chatos mecanismos del film de género. Claro que no estamos hablando de una especie de Sergio Leone de las action movies pero si en un artesano como pocos que ha sabido acercarse de a pocos al terreno y aunque sea por breve reivindicarlo. Las persecuciones del film son registradas así por una cámara en mano infatigable, dispersando detalles en su propia apariencia de falso documental o registro in situ de algún estallido en la cotidianeidad que es donde mejor se desarrollan las aventuras de Bourne (las espectaculares carreras por Londres, Madrid y Tánger que son notables en su concepción misma). Cara a cara con otras víctimas, como él, en posición de letales rivales (venidos en esta ocasión del tercer mundo para colmo).

Pero incluso dentro de la rapidez no podían quedar excluidas las propias opiniones acerca de ese mundo caricaturizado de actitudes aceleradas y parafernalias al por mayor. Sin la actitud decididamente seria de United 93, contemplamos nuevamente aquí a una maquinaria destinada a la masacre con tal de prevenir, un reluciente aparato de tecnología y personas de lustrosa apariencia que tendrá que comerse uno a uno fracaso tras fracaso ante la aparición de lo inesperado, da igual si se trata de un avión en la mañana o un ciudadano traicionado buscando respuestas de sus padres y “benefactores” de la nación. Rechazo y decepción que poco a poco se comenzará a ganar aliados, viejos amores o perseguidores con los que el protagonista emprenderá su carrera final que de la inicial larga distancia lo llevarán hasta las mismas calles de la todavía malherida New York para darse con el rostro de sus verdaderos enemigos (amados padrinos de inteligencia). Tal vez esta parte es la que delata las fisuras que tiene este film con respecto al anterior que era de una continuidad endiablada. Aquí pesan más las culpas como preludio al desenlace(¿definitivo?), como revelaciones otorgadas por los Mefistófeles de la velada interpretados por David Strathairn y Albert Finney. Todo ese lapso verboso arroja a terrenos más convencionales el metraje como ya lo hacían algunos pequeño momentos esparcidos desde el inicio (como las disculpas al hermano de Marie o las cavilaciones con Nicky, la verdadera compañera de las tres películas). A pesar de ello la buena disposición de Matt Damon no se queda atrás a pesar de los reparos que se le tengan como actor dramático.

The Bourne ultimatum
No podemos quejarnos mucho porque son las necesarias concesiones y explicaciones de fin de serie. Lo que sea que pueda venir en adelante lo hará en otras circunstancias, en otro contexto. No necesariamente más positivo (sería tanto como pensar ingenuamente que los demócratas son buenos y los republicanos malos), pero el futuro deja abiertas las posibilidades de todo tipo hasta para Bourne, renacido de las aguas ya con su vieja identidad o la que fuere y además con la no poca satisfacción de ser un verdadero héroe hecho a la medida de su tiempo.

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