Ingmar Bergman, a noventa (y un año) en la distancia

Escrito por Jorge Esponda

Bergman

Ingmar Bergman releyendo un guión durante un ensayo

Siempre habrá ocasión para hablar sobre Ingmar Bergman, ese investigador de mundos abstractos y dolientes. Como tales, sus películas son espectáculos dramáticos y tesis filosóficas a partes iguales. Para este cineasta no había mejor método para alcanzar las dimensiones del alma que despegarse de la representación realista, aquella cuna en que los imperativos concretos no dejan que los ecos del ánima se dejen sentir con claridad.

Bergman podía claramente remitirse a una geografía o determinado contexto social e histórico, pero su extraña intromisión dentro de las fantasías y los temores de sus personajes rápidamente era el motor de los ritmos contemplativos y las insidiosas conclusiones de sus obras. Rostros y andares, palabras y silencios, hombres y fantasmas. Todos aquí tienen un valor, una idea, un sentimiento, que puede resultar aún desconcertante todavía (la partida de ajedrez del cruzado y la muerte), como insólitamente conmovedor en sus frías exposiciones (el encuentro del doctor Isaak Borg y su hijo). Pero también hubo lugar para el más exacerbado barroquismo como el recordado inicio de Persona y el laberíntico descenso en La hora del lobo.

Pena, soledad, desesperación, aburrimiento. Son, más que temas, presencias siempre acechando. Pocos quisieran someterse a semejantes conceptos a la vista del resto. Pero como lo concebía el autor sueco, son parte de la extraña alquimia de la vida. No por casualidad, sus criaturas terminaban encarándolos en el momento preciso de una comunión personal. La mayor confrontación se suscita en tu propia habitación, en las cuatro paredes de tu espíritu.

Hoy, 14 de julio, estaría cumpliendo 90, pero dentro de dos semanas también se conmemorará el primer aniversario de su partida. Motivo preciso para un breve repaso a algunos momentos de su intransigente y obsesiva carrera.

Smultronstället (Las fresas salvajes)

Persona

Autumn Sonata

Fanny Och Alexander

Comentarios

3 comentarios
  1. Alberto dice:

    Hace poco vi Saraband, una gran pelicula donde el director transmitio su senectud en 4 personajes tristes y desolados, una gran despedida del maestro.

  2. Will Munny dice:

    Las pocas películas suyas que he visto me han maravillado: Fanny y Alexander, Persona, Fresas salvajes, A través del vidrio oscuro. Recuerdo especialmente Escenas de la Vida Conyugal, ¡qué fuerte!, extraordinaria la forma como cargaba de fuerza dramática a sus personajes (actorazos todos ellos). Hay momentos en estas películas que menciono donde uno siente que va a estallar junto a los personajes. Me faltan ver muchas más, ¿por ahí alguien me recomienda otras obras maestras suyas? El Séptimo Sello de hecho…

  3. Jorge Esponda dice:

    También están Sonrisas de una noche de verano, que tiene más bien una onda solar, más cómica. Otros films perturbadores suyos son El silencio (con Ingrid Thulin formidable, La hora del lobo (el film sobre las fantasías creativas hechas pesadillas), Vergüenza, y también El rito que es muy poco mencionada (originalmente hecha para tv)pero que es una de sus películas límite.

    SLDS!

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