Las películas que salvaron mi 2008 (Paco Bardales)

HahahaVer cine, consumirlo, tratar de estar mejor. Pensar y creer que se puede vivir – no necesariamente mal – del cine. Soñar con un paraíso ideal, aunque la vida no necesariamente la conforman fragmentos de melodramas o pesadillas creadas en 3D. En otras palabras, salvarte porque miraste los filmes correctos en el momento correcto, recordando, eso sí, que más allá de la sala/la pantalla/el televisor existe un mundo que aún espera.

El 2008 nos pilló con los pantalones abajo. El gran debate sobre el futuro del cine nacional (esperanza mestiza de los nuevos tiempos) quedó reducida a aislados perdigonazos que apenas sacudieron los pies de página de ciertos blogs. Necesitamos un cine que se sacuda de la argolla, del colonialismo ideológico, del sociológico cliché y, sobre todo, del aburrimiento mortal y mire más allá de su ombligo, más allá de los complejos y de los temores. Lamentablemente, en vez de despercudirnos de conceptos anquilosados y discutir sobre la urgencia de una industria que devuelva al público a las salas, las mismas elites turbadas y academicistas de siempre repletan los textos de análisis con su consabida arrogancia, su estreñimiento de peor época y sus onanismos moralmente reprochables. El precio ha sido la poca o nula empatía del público con las producciones nacionales.

Pero el 2008, como cualquiera en el cual la lucha principal del ser humano sea persistir, también fue un año de escenas fijas, congeladas en la memoria, sin grandes cantos corales que te destruyan mentalmente y te dejen impactado, maravillado o en shock, pero sí momentos memorables, recuerdos gratos, encuadres que bien valen una eyaculación precoz. Desde mi modesta tribuna nacional (privilegiando estrenos comerciales, aunque toda regla admita excepcionales zampones), admito que he elegido doce películas que dejaron su huella, alguna vez me alegraron el día (sobre todo la noche) o me dejaron sentado en la butaca, pagando cara mi osadía.

No puedo negar que la pasé bien con La vida en rosa (memorable Marion Cotillard cantando como Edith Piaf mientras su vida se cae a pedazos), Todo es por amor (Thomas Vinterberg, alejado un rato de Dogma, en una sugerente metáfora sobre el amor en los tiempos de la desesperación), El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Un ladrón muy cool asesinado por un perdedor químicamente puro), Iron Man (que me devolvió la confianza en las historias de superhéroes y me reencontró con mi gran amigo Robert Downey Jr.), Sweeney Todd (el musical necesitaba un poco de sangre y Tim Burton nos lo brindó a borbotones), Paris, te amo (cortos de cinco minutos sobre París, el amor y la ternura), Luces al atardecer (Kaurismaki sabe hacernos sentir mal con dosis soberanas de cotidianidad), Diario de los muertos (George Romero es un genio realizador que puede contarte mil veces la misma historia de zombies y siempre te saca una nueva dimensión que no habías visto) y La niebla (Frank Darabont adapta una parábola de Stephen King sobre el fin del mundo, con metáfora política, monstruos clase B y casi-casi la hace). Pero, bueno, nadie debe conformarse con poco (o, más bien, con pocas pelis).

Porque hay más, a continuación mi lista de las películas exhibidas en el Perú que me salvaron un momento y me permitieron seguir viviendo un poco más (todavía) este 2008:

12.- Halloween.- Rob Zombie no solo es grande porque tuvo un grupo musical llamado White Zombie, que cantaba More human tan human. También será recordado como un visionario crispado y perverso del terror cinematográfico. En esta nueva entrega del clásico creado por John Carpenter, Zombie dota de tensión y suspenso al monstruoso universo personal del famoso serial killer Mike Myers. Un doloroso y aterrorizante descenso a sus orígenes y una revelación final de que la pesadilla ha vuelto, recargada y sangrienta, en una era de la globalización que ha sofisticado la metodología criminal de algunos psicópatas.

11.- 4 meses, 3 semanas, 10 días. ¿La rumana? Sí, pues, la rumana, ganadora de Cannes, película de nombre impronunciable para mí en su idioma natal, capaz de ponerte la piel de gallina, mientras te cuenta una anécdota límite (un aborto), que se vuelve épica en la medida que se intenta realizar en medio de una dictadura comunista (la del inefable Tito), empecinada en moldear y abarcar las dimensiones más íntimas de la condición humana de sus ciudadanos. Conmovedora en extremo, es también la confirmación de que un nuevo cine está naciendo de los escombros de la Guerra Fría.

We Own the Night

10.- Dueños de la noche.- Richard Gray me cae muy bien. Quien es capaz de dirigir con nervio, cerebro y mucho olor a testosterona este policial de hermanos y padres y amigos y traidores y malhechores me va a caer siempre bien. Quien es capaz de mostrar la capacidad de Joaquin Phoenix en ser el gran actor de su generación, quien me muestra a Mark Whalberg con esa capacidad de no ser solo un matoncito de poca monta (de ser más que eso); quien me demuestra por qué Robert Duvall es uno de los de la vieja guardia que me fascina, no solo puede ser un buen director. Si a eso le pones dosis de noche mala, cariño sincero entre personajes, una mujer tan rica como Eva Mendes, los disparos pertinentes, malos de carne y hueso y polvo blanco en la nariz, una notable persecución/desenlace y, encima, a Blondie tocando Heart of Glass mientras el buen chico masturba a su chica, ese director debe convertirse, en el acto, uno de tus mejores amigos.

9.- Expiación, deseo y pecado.- Todos somos capaces de llevar a cuestas el precio de un error. Todos podemos haber destruido algo y busquemos por todos los medios remediarlo. Pero esta es una película desencantada, en la cual una niña con una dosis superlativa de imaginación y malicia lleva a cuestas la disolución de una historia de amor no puede arreglar el caos y componer el dolor. Esa niña crece, se convierte en joven, trata de buscar un poco de paz, trata de torcer el destino. Pero, obviamente, sabe que el mundo no es un lugar feliz. Y los finales felices, nunca son los de la vida real. La escena final, con Vanesa Redgrave retratando a esa niña que ya es anciana, se ha convertido en una famosa escritora y está a punto de morir de cáncer, mientras confiesa su gran pecado a un conductor televisivo, es simplemente desgarradora e inolvidable.

8.- La mujer sin cabeza.- La argentina Lucrecia Martel está mal de la cabeza. Y de esa perturbación es capaz de implicar una trama en la cual no parece pasar nada. Pero en esa aparente inmovilidad, en esa sensación de que nada está pasando, una mujer está dispuesta a perderlo todo, resignadamente, con furia contenida, con espasmo ahogado. Contemplación pura que se entremezcla con imágenes alucinadas, así es el cine de la Martel; genio incomprendido, vanguardista nata, ganadora indiscutible del último Festival de Cine de Lima, su proyección nunca deja de guillotinar nuestros conceptos fílmicos más rancios y tradicionales.

7.- En la ciudad de Sylvia.- En España la veneran. Aquí la conocimos recién con el Festival de Cine de Lima. El gran descubrimiento del año. José Luís Guerín nos regala un hermoso testimonio de amor a un personaje, pero sobre todo a una ciudad. La búsqueda de la protagonista es, ni más ni menos, que la búsqueda de un lugar de redención. Narrada en clave de documental, lección modelo de que la cámara no se mancha y que no se necesita demasiado presupuesto, sino una idea fija y un amor hacia lo que se filma.

6.- Paranoid Park.- Esquía, camina entre sombras, salta y cae. Un chico y su patineta. Una película de aprendizaje y de revelación. Un salto doble mortal sobre un estilo de vida que anhela el pasmo, a pesar de la adrenalina. Gus Van Sant potencia su propuesta estética iniciada con Elephant y continuada en Last Days. El parque paranoide es lo que miramos (o lo que mira el cineasta y nosotros decodificamos). Nadie puede salir indemne, aunque no haga nada para merecerlo. El conflicto es un acto inherente al ser humano.

Eastern Promises

5.- Promesas peligrosas.- David Cronenberg supera el resultado de Una historia violenta y vuelve a Viggo Mortensen como extraordinario protagonista. Un accidente lleva a Naomi Watts a involucrarse dentro de la entraña de una misteriosa cofradía que oculta, tras las intrincadas y profundas relaciones familiares, un secreto que no debe ser revelado. El simbolismo que se esconde detrás de los ritos mostrados en la película configura una llave que abre una puerta, pero delante de la cual es imposible saber a ciencia cierta qué se oculta.

4.- Wall-E.- Pixar Studios logró finalmente que tras tantas buenas producciones animadas, finalmente iba a crear una obra maestra del género. Wall-E, la conmovedora historia de un robot que es capaz de sentir y amar, es eso y mucho más. Porque es una metáfora sobre la soledad, es una parábola de la extinción de la civilización, es una alegoría de la eterna lucha entre el hombre y la máquina. Y nadie puede dudar que hemos llegado a descubrir una de las mejores obras de ciencia ficción de la historia del cine contemporáneo.

3.- Sin lugar para los débiles.- Los hermanos Coen decidieron narrar, a su modo, una historia sobre la putrefacción del llamado “sueño americano”, en la cual la noción misma de la vileza fuera encarnada por un ser tan simple, como perturbado, amoral e inclasificable. El psicópata encargado de ajustar las cuentas del robo de un dinero extraviado en medio de una reyerta gangster, brillantemente encarnado por un insuperable Javier Bardem, expresa la insana frivolidad con la cual una sociedad de débiles ha dejado el orden en manos de un depredador la supervivencia misma de la especie.

2.- Petróleo sangriento.- Los Estados Unidos de Norteamérica alguna vez fueron testigos del surgimiento de pioneros que, a punta de empuje, astucia y extrema vocación por la codicia, lograron que la Nación se convirtiera en emblema andante del individualismo y la movilidad social. Daniel Day Lewis, actor superior, encarna a uno de ellos: misógino, avaro, egoísta, ambicioso, quien no duda en anteponer el capital a las demandas personales. La religión y el patriotismo son piezas intercambiables de un engranaje que destruye los idealismos y solo deja con pie a gentes capaces de vender su misma alma a Dios para seguir disfrutando de los beneficios demoníacos. Gran retorno del director Paul Thomas Anderson.

The Dark Knight

1.- El caballero de la noche.- Más oscura y pesadillesca que sus predecesoras, esta entrega es la narración del lento descenso a un infierno compuesto de maldad y locura, en el cual Batman, popular pero al mismo tiempo marginal, debe mantener la fe en sí mismo y al mismo tiempo su confianza en la bondad de una sociedad que no lo comprende e incluso lo desprecia. Esa sociedad es la que usa el Guasón (espectacular Heath Ledger) para infundir terror y anarquía por el mero hecho de la diversión (“Hay hombres que buscan simplemente que el mundo arda” le dice el mayordomo Alfred al alter ego Bruce Wayne, en una precisa definición de la personalidad del demente que ha puesto histérica a Ciudad Gótica). El Caballero de la Noche vence a los villanos y salva al mundo, aún a costa de no poder salvarse él mismo. Historia cruel y desesperanzada, una de las más sofisticadas, reales y crueles pinceladas sobre lo peor de la condición humana. Uno no deja de sentir emoción y tristeza, repugnancia y al mismo tiempo ilusión, como en una montaña rusa de la cual siempre sales perturbado. No hay duda que la historia, los abrumadores efectos especiales, la banda sonora de Hans Zimmer y James Howard, las actuaciones (sobre todo la del finado Heath Ledger), son como las partes de un verdadero monstruo – creado y dirigido por Chris Nolan – ante el cual es difícil no maravillarse ni, humildemente, rendirse. Una de las más grandes adaptaciones de comics de todos los tiempos y de hecho una de las mejores películas del 2008.

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2 comentarios

  1. 1 de Enero de 2009 at 13:26 — Responder

    Pasar de un día al otro, modelando en serie todos nuestros apetitos o… vivir intimamente gracias a instantes fulgurantes, embriagantes y que perduran porque logran sorprendernos, instantes con vida propia, como las palabras tan entrañables,ardientes y vívidas con las que el señor PACO BARDALES nos presenta el valr que tiene el cine en su vida ,nos comparte su pasión por este arte y su persistencia para encontrarse con unas cuantas ¡por las que vale la pena soportar tantas otras !…la introducción que antecede a su opinión sobre las películas , es tal vez lo que mas me ha gustado. gracias

  2. Alain
    12 de Enero de 2009 at 17:27 — Responder

    Qué bagre!, tanta película pretensiosa para terminar la lista con el hombre-murciélago en crisis existencial y un payaso inflado que seguiría en serie B si no se hubiera muerto.
    Una lástima.

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