Experiencia Tarantino, a prueba de muerte

Escrito por Ana Karina Junes

death proof

Hace ya un par de años escribí sobre Tarantino y su bien conocido Pulp Fiction dentro del contexto de la tan anunciada cuarta película del realizador, Kill Bill. Por esas fechas me esmeré en ver sus demás trabajos y, demás está decir que, cuando se presentó ese 2007 en Cannes con Death Proof, contenía entusiastamente la idea de verla pronto. Pero ese pronto no sucedió a tal punto que la olvidé, me fui a vivir a una ciudad donde no existe cine y la emoción se vio dispersa como las inmensas lluvias que disfruté por allá.

Pero hoy me enteré que finalmente llegó. Entonces dejé la oficina para enrumbarme a una nueva experiencia Tarantino. Porque para mí eso es lo que significa cada una de sus películas, experiencias de un director que le gusta jugar a la recreación de mundos, series, películas, incluso de personajes olvidados, como nuestros dobles acción Stuntman Mike (Kurt Russell) o Zoe, esta última más verídica que el primero. Es así que nos transporta una especie de teleserie dentro de la cinta, donde la acción y la violencia son el atractivo, divertido y exagerado, más no el complemento, como lo entiendo en películas como Pulp Fiction o Kill Bill.

La primera parte de Death Proof transcurre de manera dinámica y el espectador sigue a las muchachas casi a la par que ese loco del volante, brillantemente interpretado por Kurt Russell. Nos inmiscuimos en sus conversaciones, sus vidas y en sus jugueteos hormonales, para finalmente verlas estallar en el clímax del obsesivo conductor.

La continuación se vuelve, se siente, más larga. Es que cuando las mujeres crecemos las charlas sobre juegos y descubrimientos hormonales se cambian por largas conversaciones, a veces banales, pero que buscan un mismo fin, interiorizarnos dentro de nuestra propia sexualidad, afianzar nuestra identidad y sentirnos fuertes y seguras. Son estas nuevas mujeres las que Mike no pensaba encontrar y las que Tarantino descubre, pienso incluso ha conocido en su vida personal, para llevarnos al desenlace de la película.

Con euforia y mucha adrenalina, Death Proof concluye y nuestra experiencia también. Tal vez no tan vibrante como sus otras películas pero más balanceada para un lado femenino que no resalta en sus otros trabajos.

Mención aparte siempre tendrá la música de todas sus realizaciones. En la primera historia juega un papel bastante cargado, las canciones y los bailes son las herramientas que las féminas tienen para demostrar su sensualidad al máximo y en la segunda aparece como una corona triunfadora una vez finalizado el episodio.

Acabados los créditos y la última nota musical; nos marchamos. La experiencia concluyó, no sin antes pensar cómo hacer para volverme, yo también, a prueba de muerte.

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