Océanos (2009)

A los esfuerzos de organizaciones como Planeta Verde, Greenpeace y la Comisión
Ballenera Internacional se suma Océanos (2009), coproducción de Francia, Suiza, España y Mónaco bajo la dirección de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, con inversión de 50 millones de euros. Deslumbrante documental que nos transporta al fondo de las aguas de los siete mares, con el mejor talento y tecnologías del momento. Documental marino donde lo estético, lo placentero y lo incómodo ocupan la misma silla. Hace ya buen tiempo que lo ecológico es cada vez más un factor dramático que un lugar común o fumadero de hippies trasnochados en el futuro del Planeta. No obstante aún cuando se piensa en “el Planeta” básicamente pensamos en nosotros mismos, los humanos (cuando no en tan sólo la propia familia), dejando de lado la flora y la fauna salvajes. Más todavía la que no habita el exterior, sino las profundidades marinas.

Océanos no trae a la superficie la vida subacuática, sino que nos sumerge en ella, bajo la óptica privilegiada de un buzo experto y curioso, o la de alguna criatura o planta marina. No sólo es un acercamiento a la vida bajo las aguas del planeta: es una confrontación sobre nuestra postura en el equilibrio del único lugar que tenemos para vivir. Por medio de recorridos ordenados, ambiciosos y artísticos sin descuidar nunca el lado crítico y las distancias necesarias para apreciar la naturaleza, Perrin y Cluzaud prefieren alejarse de los enfoques temáticos de la National Geographic (conocido el todo, se ordena y se muestra en un producto fílmico) y aproximarse al estilo de las entrañables expediciones de Jacques Cousteau (el descubrimiento como principal combustible). Así, Océanos empieza con una pregunta retórica de aparente simpleza e inocencia: ¿qué viene a ser el océano? Una pregunta retórica que si lo pensamos bien no lo es tanto y acaso nunca pueda responderse a cabalidad.

El documental ha tenido el acierto de mantener en segundo plano, la mayor parte del tiempo, a la voz en off que interviene tan solo para acotar y nunca para explicar u opinar sentenciosamente; para ello están las imágenes. Y quizás no sea exagerado repetir la conocida fórmula “ellas hablan por sí solas”. Ahí estamos navegando muy de cerca en la caza del atún, nadamos hombro-aleta con un tiburón blanco, nos acercamos a una gigantesca ballena que nos mira como si fuéramos un ratón pero también quedamos impotentes y paralizados ante los abusos de nuestra propia especie.

En Océanos todo es luminoso y transcurre a la luz del sol o cortado por las sombras que éste proyecta. El hombre es tan sólo una voz o una silueta oscura imposible de confundir discurriendo en un mundo que no es el suyo. O bien interviniendo grotescamente para depredarlo sin más. Un orden no muy distinto del que habita la superficie rige el fondo salvaje de las aguas. Se nos lleva no por una sociedad sino por los distintos tipos de sociedades que convergen en los océanos del mundo. Criaturas de variados aspectos y caracteres, solitarios o gregarios, lentos o rápidos, pesados o ligeros pero siempre unidos por una constante que parece irreprimible: el movimiento. Este concepto parece haber sido muy bien asimilado en la estructura del documental en el momento de concebir el componente dramático. Primero se nos muestra la belleza, la naturalidad e individualismo de varias especies acuáticas desenvolviéndose en su hábitat con libertad y cierta sensación paradisíaca, una paz que jamás es perdurable en el reino animal.

Así llegamos, sobre la mitad de la película, a las escenas del inevitable ciclo natural, la reproducción, las especies cazadoras y las cazadas pero sin morbo alguno ni intención de pánico. La “historia” va dejando paulatinamente ese territorio de horizontalidad emocional logrado hasta entonces, para sobre el final verticalizar las sensaciones y conductas con intervenciones del mayor e irresponsable depredador que existe en el mundo: el Hombre. La caza furtiva, la contaminación de los mares por medio de los ríos, la alteración del equilibrio natural provocado por la industria y los desechos, el plástico, nuestro egoísmo y ambiciones.

Es difícil no mantener una postura crítica frente a nosotros mismos luego de Océanos. Es difícil reconocerse luego de Océanos. El científico y escritor alemán Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799) decía, en uno de sus muchos y famosos aforismos, “Lo que siempre me ha gustado en el hombre es que, siendo capaz de construir Louvres, pirámides eternas y basílicas de San Pedro, pueda contemplar fascinado la celdilla de un panel de abejas, la concha de un caracol”. Me pregunto, a la salida de Océanos, si ese mismo hombre al que se refiere Lichtenberg somos todavía nosotros.

Oceans

Dir.: Jacques Perrin y Jacques Cluzaud | 100 min. | Francia – Suiza – España – Mónaco

Guión: Christophe Cheysson, Jacques Cluzaud, Laurent Debas, Stéphane Durand, Laurent Gaudé, Jacques Perrin y François Sarano.

Estreno en el Perú: 23 de setiembre de 2010


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2 comentarios

  1. […] en estos días en los locales de UVK de Larcomar y La Marina Park. Como nuestro compañero Oscar Pita–Grandi, nos ha dejado maravillados este registro intercontinental de la existencia de las especies marinas […]

  2. […] Pita Grandi es  reconocido por su blog Nuvolaglia y por escribir reseñas en Cinencuentro y en Moleskine Literario, además ha escrito críticas y ensayos en Miradas, revista de la Escuela […]

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