Amor a distancia (2010)

Filmada únicamente en la Gran Manzana, Amor a distancia es una comedia romántica que anuncia desde el título un vínculo atravesado por la geografía, entre las bastante alejadas San Francisco y New York, que incluso se llevan tres horas. Dirigida por la realizadora neoyorquina Nanette Burstein, en su opera prima de ficción, aporta algunos elementos de actualidad social y económica del contexto norteamericano e internacional, como el desempleo generalizado, el subempleo básicamente juvenil, algún grado de carestía y en particular la inestabilidad de los medios periodísticos tradicionales, capaz de provocar en un diario mediano el despido de un centenar de trabajadores en el marco de la crisis financiera.

Dedicada al trabajo de camarera para sobrevivir, Erin es una periodista talentosa que está de paso por la ciudad de los rascacielos y que, como en la canción inmortal de Frank Sinatra, sueña ser “a–number–one, top of the list”. Por su lado, Garrett es un vendedor de discos que va acumulando rupturas sentimentales, que una noche coincide con ella y la conoce de modo inesperado, cuando le estropea la expectante sesión de un videojuego.

El guión del debutante Geoff Latulippe plantea desde un inicio la ambivalencia del encanto de lo efímero y la resistencia del lazo, la incertidumbre íntima y el dislate como conector de las relaciones amorosas y amicales. Es el esquema recurrente del hombre que inicia el amorío rodeado de intromisiones y consejos de sus amigos, tan o más torpes que Garret en la maquinación del romance, cuya “música de fondo” que acompaña sus encuentros íntimos se va convirtiendo en un recurso previsible. Por su parte, en San Francisco, la figura se invierte, y es el reprimido entorno familiar de Erin el que aporta inseguridad a la reciente pareja y la cuota de comicidad a la trama principal. Así, Amor a distancia esboza una cierta antinomia de desenfado y pacatería, que agrava las dificultades y poco a poco va afectando al dúo, que oscila entre la cautela y la entrega total.

La película está interpretada con solvencia por Drew Barrymore, que empieza quizás a despedirse de los roles de jovencitas rozagantes, y Justin Long, actor de la cinta de Sam Raimi, Drag Me to Hell, y la coral Simplemente no te quiere, y coprotagonista del próximo estreno de Robert Redford que le haría cambiar de registro, The Conspirator, drama que gira alrededor del asesinato de Abraham Lincoln. El reparto es cumplidor, en el cual aparece como hermana de Erin una avejentada Christina Applegate, quien no hace mucho hizo de preocupada madre en The Rocker.

Filme discreto, de tono menor, ligeramente ameno, nunca exigente, tan naif que ilustra cada viaje con un avión sobrevolando el territorio norteamericano, lo que el afiche recoge, y que pierde paulatinamente el interés cuando los personajes entran en una serie de desplazamientos, estancias pasajeras y problemas laborales.

Going the Distance

Dir.: Nanette Burstein | 102 min. | EE.UU.

Intérpretes: Drew Barrymore (Erin), Justin Long (Garret), Charlie Day (Dan), Jason Sudeikis (Box), Christina Applegate (Corinne).

Estreno en España: 10 de setiembre de 2010

Estreno en el Perú: 16 de setiembre de 2010


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2 comentarios

  1. Julian
    29 de Septiembre de 2010 at 14:32 — Responder

    Parece que a Gabriel Quispe no le importa las declaraciones de la Solier sobre CONACINE, no dice nada…..

    • 29 de Septiembre de 2010 at 15:18 — Responder

      Julian, sí me importan, para hablar seriamente del tema hay que explicar mucho, pero puedo adelantar la esencia. En el tema de fondo coincido con el post que escribió Magaly y comprendo la indignación, porque sí se discrimina a los cineastas regionales, y no sólo se trata de mecanismos puntuales de participación, sino que éstos son el reflejo de una concepción de cinematografía que no los incluye, al punto que el discurso oficial en el cine peruano no contabiliza los largometrajes hechos fuera de Lima y que no acceden a las salas comerciales, los ignora simplemente. Pero para que este reclamo sea sólido y pueda generar un cambio, hay que trascender la indignación, porque la emotividad no sirve para explicar ni demostrar. El resultado de esa expresión es que quienes no conocen el asunto no lo entienden, sólo ven que hay un pleito confuso, y se facilita la respuesta que niega toda discriminación. Entonces, hay que ser precisos y detallistas. Ecuanimidad ante todo. Voy a profundizar el tema en los próximos días.

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