Mis recuerdos del 2010 (Laslo Rojas)

Porque el cine es la vida, y la vida son recuerdos, estos fueron los mios del año que se acaba, sin ningún orden en especial:

Hachiko: Uno no encuentra a Hachi, Hachi te encuentra a ti. No se cómo les sucedió a ustedes, pero aquel sábado yo tenía un día para el olvido, un día que aun no acaba. ¿Y qué hace uno en tales días? Va al cine, solo. “Una película con un perro. Un perro japonés. Parece algo Disney, debe ser divertido”, así me dejaba engañar por el afiche, cayendo mansito en la historia más lacrimógena -en el mejor de los sentidos, si existe tal cosa- que recuerde haber visto en una sala de cine. Carajo que ese perro sabe actuar. La filmografía canina tiene en Hachi un nuevo ejemplar de aquellos que, así como Malacara en Historias mínimas, dominan ese difícil arte que consiste en salir disparado, detenerse, voltear y mirar dramáticamente a la cámara una última vez. Good boy Hachi, good boy.

Inception: El estreno de una película de Christopher Nolan es todo un evento para mi, esta era pues una película que había esperado todo el año. Y cuando llegó finalmente al cine yo estaba encerrado en el piso 13 de un edificio, viendo Lima pasar por la ventana. Leía de Inception en los diarios, miraba los horarios en el listín, leía las sesudas y frías críticas de los amigos (y de los otros también). Hasta veía Inception en sueños, sí, quien lo diría, ¡una capa de sueños más!, como si no fuera suficiente con los que Nolan tejió su red. La desesperación me llevó incluso a idear un viaje relámpago, no a Hong Kong ni a la Antártida. (No, eso solo pasa en las películas). Pensé algo más práctico: a mi salida del encierro tomaría un avión a Ica o Chiclayo, esperando encontrar aun la película en sus cines.
No fue necesario, pude ser testigo -tarde y habiendo leído demasiado previamente, para mi gusto- de un nuevo Nolan, en un cine más cercano. Nolan y su tema recurrente: el hombre que avanza en la vida llevado por la fuerza de un recuerdo, aquel que engaña y se engaña persiguiendo su memoria, o lo que él prefiere tomar de ella, que decide tatuarse un sueño en la cabeza para evadir la realidad. Ese es Nolan, eso es Inception, en el núcleo, en el corazón, debajo de todas las capas de artificio y pirotecnia visual que este artesano de la industria tiene ahora a su servicio. Inception no será la película del año, pero me contenta que sea el meme del 2010.

Paraíso. Uno sabe cuando encuentra verdad en una película, y esta la tiene en muchos momentos. La veo cuando la muchachada se junta en la bodega de la esquina y hace una chanchita para ir al cine. Está en la aplicada escolar que lleva un poco de agua en la mochila para limpiarse los zapatos, antes que la combi “llegue a Lima”. Una verdad que duele al escuchar el “cholito, hasta aquí nomás es la chamba, ¿ok?”. La misma verdad que nos hace sonreír minutos antes cuando vemos trabajar al cholito, en lo que caiga, en lo que se pueda, chamba es chamba. De esa verdad está hecha la primera película de Héctor Gálvez, un pata de barrio como tú o como yo que se atrevió a contar una historia, de las miles que tenemos por contar, sin recurrir a refinamientos estéticos para embellecer la realidad. Alguien como Joaquín, el pata de la gorra roja, que queda boquiabierto al ver el patético hombre araña de su circo de barrio, alguien que decide que también quiere aprender a volar. “-¿Y si te caes? -No, como las huevas nomás”.

Toy Story 3. El cine está hecho de esos momentos cumbres, de clímax inigualables, que se construyen pieza por pieza como un robot de Lego: nuestros héroes ya pasaron mil y un penurias, llegaron al final de la faja mecánica, ahí los espera el horno infernal. El calor insoportable parece derretirlos, se toman las manos, se miran a los ojos con resignación, es el adiós, es el fin. “¡Mierda, los va a matar, Lee Unkrich los va a matar!”. Era posible, era real, ya empezaba a imaginarme la reacción del público, la desazón por el final duro y triste, impensable cuando entramos a la sala…
No fue necesario llevar a la pantalla esas terribles imágenes, bastó con imaginarlas y sentirlas, por unos segundos lo peor fue posible, y haber logrado transmitir esa sensación con tan solo unos juguetes hace a esta película más memorable de lo que ya es. Vaya manera de cerrar un ciclo. En los años por venir muchos volveremos a esta saga para escapar por unas horas, y volver a sentir la simpleza de la imaginación como el mejor juego que podamos inventar.

Two Lovers. James Gray y Joaquin Phoenix parecen ser perfectos el uno para el otro, lo mejor que han hecho ambos, lo han hecho juntos, y con esta película alcanzan un nuevo nivel de complicidad. Él se quiere matar. Se siente solo y deprimido. Vive con los padres, que lo agobian con su cariño, sin dejarle un rumbo claro para lo que le resta de vida. A pesar de esto, encuentra una oportunidad: él conoce a ella, la bella promesa de la vida simple y segura que tanto desean para él. Pero llega más: él conoce a ella, la hermosa y fugaz pasión nocturna que lo vuelve en un adolescente. Ahora él se quiere morir. De felicidad. Ahora lo tiene todo, tiene demasiado quizás. Es por esto que, desgraciadamente, él tendrá que elegir, y ese será su drama.
Bajé esta película a inicios de año, luego de leer que Fuguet la incluyó en su top ten del 2009. La ví y me enamoré en secreto. Luego la estrenarían en Lima, y había que compartir el secreto con muchos más. Es lo que suele pasar con las buenas películas, hay que aprender a compartirlas, con los amigos por lo menos. PD. Gwyneth Paltrow nunca estuvo tan bella. Bueno sí, en Iron Man 2, pero esa es otra historia.

The White Ribbon. Si alguna vez vuelvo a ver una película hablada en alemán espero que no sea con subtítulos en portugués. Se complica el visionado, les diré. Compré tickets para esta cinta el año pasado, en el Festival de Rio. En el imponente Odeon Petrobras no era sencillo concentrarse en la proyección, además del mencionado tema idiomático, por la impresionante arquitectura de aquel viejo y restaurado edificio. Sin embargo, tal era la belleza de las imágenes y la dureza del significado detrás de estas que no era necesario entender a plenitud los diálogos para darse cuenta que se estaba presenciando una obra maestra moderna. El germen del mal se encuentra pues en los niños, irónico estreno navideño el que nos tocó. Felizmente la película de Haneke ha llegado a Lima, un año después, y la podré volver ver, como si fuera la primera vez. Literalmente.

The Social Network. Imparable, como el stream de tu timeline en Tweetdeck. Verborreica, como una pelea con la novia vía Messenger. Por ahí alguno sonreirá en las escenas iniciales con el cameo del pionero LiveJournal, o entenderá un poco demasiado durante la catarata de referencias técnicas que Mark dispara en el génesis de su revancha. Porque eso es Facebook, de acuerdo a David Fincher, o el libro en el que se basó: una gran revancha cuyo germen -otro germen del mal- es una chica, la ex para más señas. Ay, cómo duele crecer Mark. Si tienes algún rastro de genialidad, y has sido recientemente rechazado, lo más probable es que utilices tal genio en maquinar algún artefacto que te satisfaga con la ilusión de la satisfacción, la falsa satisfacción de haber ganado, de ser aceptado, de ser feliz. Al final te encontrarás dándole F5 a tu laptop. Es la soledad del genio.

También quería mencionar un trío que hace honor a los grandes: The Town, o como Ben Affleck inicia su largo camino para convertirse en el próximo Eastwood. The Box, o el espíritu de Kubrick que aun ronda por los estudios de la Warner. A Single Man, o lo que debió ser Wong Kar-wai en su primer paseo por los States. Por último, Let the right one in, antes que por el Nobel Marito y los hackers, Suecia era conocida por ser la tierra donde los niños se enamoraban de vampiras. Amén.

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3 comentarios

  1. 28 de Diciembre de 2010 at 18:12 — Responder

    Vi tu lista y bueno cada uno tiene la suya, veo algunas películas sobresalientes, otras las siento más sentimentales, quería escribir para promocionar mi bitácora, espero que no lo tomen como spam, más adelante escribiré alguna idea personal, Escribo una reseña por semana, trato de ser riguroso en lo posible de lo que me permite la subjetividad que a todos nos persigue. Acabo de escribir sobre “El escritor fantasma” de Roman Polanski. Invito a sus lectores y a ustedes también a leer y comentar. Saludos.

  2. 2 de Enero de 2011 at 2:34 — Responder

    hola mario. todas las peliculas son sentimentales, o deben apelar a algun sentimiento, creo yo. al menos las buenas peliculas lo logran.

    la de polanski la deben estrenar en estos dias, eso parece.

    esperamos tu idea personal entonces.
    saludos y suerte con el blog.
    L

    • 3 de Enero de 2011 at 4:46 — Responder

      tienes razon echamos de menos al 2010 y no al 2012 porque no ha llegado seguro que el 2010 ha sido duro para mi y pera todos pero savemos que aunque aya sidio duro el 2010 le echamos de menos

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