La red social (2010)

The Social Network es un vertiginoso biopic. No de una sola persona(lidad), sino de un fenómeno empresarial y sociocultural, que se yergue sobre una apuesta individual y hasta encarnizadamente grupal, pero que encarna de alguna manera a mucha más gente de los directamente involucrados en la intrincada gestación de Facebook. Aunque no llega a ser un manifiesto, que difícilmente lo sería pues el director está rozando los cincuenta años, sí es un retrato generacional; existe en David Fincher, sin pretensiones demasiado filosóficas, la intención de explorar cómo son los jóvenes genios de la interactividad y sus millones de seguidores, de qué beben y qué persiguen.

Autodidacto precoz y realizador formado en el videoclip, Fincher es básicamente un arquitecto de tramas que él no escribe, sino guionistas de distinto prestigio que hasta el momento no trabajan con él más de una vez, como Eric Roth (Munich) en El curioso caso de Benjamin Button; James Vanderbilt (Basic) en Zodiac; David Koepp (Spiderman) en La habitación del pánico; Jim Uhls (Jumper) en El club de la pelea; John D. Brancato y Michael Ferris (Terminators 3 y Salvation) en El juego; Andrew Kevin Walker (Sleepy Hollow) en Seven; y David Giler (Aliens: el regreso), Larry Ferguson (La caza del Octubre Rojo) y el también realizador Walter Hill en su opera prima, Alien 3.

En algunos casos, se trata de los filmes más importantes de esos colaboradores, en otros no; pero el denominador común es la torva aventura que emprenden personajes asaltados por diferentes grados de paranoia, en un tono que oscila entre lo lúdico y lo pesadillesco, una marca que Fincher ha acuñado con dominio del lenguaje y de los estándares de las producciones suficientemente grandes de Hollywood, por lo que es un autor diferenciado y a la vez la industria confía en él.

En The Social Network, cuenta con Aaron Sorkin, quien tiene larga experiencia escribiendo sobre el poder político, en la pantalla grande en los años 90 con Cuestión de honor y Mi querido presidente, pero principalmente en la serie The West Wing, que duró ocho temporadas en la TV norteamericana. Su filme más reciente, no precisamente satisfactorio, fue Charlie Wilson’s War, de Mike Nichols. Sorkin entonces adapta el libro de Ben Mezrich, The Accidental Billionaires, que en un planteamiento de no ficción recrea la gestación de Facebook como una intensa lucha fratricida y personalista.

¿Cómo se acerca Fincher a esta gran historia de self–made man? Le interesa poco la “realidad” de los hechos, después de todo el filme no es documental y él es en esencia un gran fabulador. El relato empieza en el rompimiento amoroso del predestinado, Mark Zuckerberg, imberbe, verborreico, ansioso, misógino, torpe, en contraplano de ida y vuelta con la novia indignada. Ese tono continuará el resto del metraje, en paralelo a las ideas geniales, los planes expansivos, las negociaciones ásperas y los embustes alevosos. El director, haciendo suya la orientación del trabajo de Mezrich, expresa en imágenes que el gigante virtual convertido en uno de los iconos del Internet y la comunicación moderna, que forma parte de una sensibilidad contemporánea intrusa y retadora del statu quo, tuvo un origen coherente con el avance de la informática pero particularmente pasional y caprichoso, sin ensalzarlo ni condenarlo, sólo mostrándolo con harta fibra y fotogenia, y aire de parcial caricatura.

Pero en el camino hay una pugna ideológica que la película subraya. Pese a ser tan juveniles, voluntaristas y anárquicos, los protagonistas no escapan del anodino “mundo real” que tientan, en sus búsquedas de dinero fresco para la compañía, y al mismo tiempo desprecian, mostrando su hastío en las sesiones que procesan las demandas legales de Saverin y los gemelos Winklevoss por los réditos de la firma, en el desgarro de las amistades extintas y los forcejeos millonarios para llegar a un acuerdo. Ahí Zuckerberg –y todo lo que él representa– forzosamente debe departir con cansinos abogados que disecan trayectorias y meandros sin entender mayormente la red. Son anclas de su conectividad, camisas de fuerza para su modo despreocupado de ver las cosas, un agrio emoticón que desdibuja el buen talante del Me Gusta infinito. Esa es la visión de la aventura de Zuckerberg que satisface a Hollywood, incluso con posibilidades de ganar el Oscar, y que seguramente no falta a la verdad: la conversión de una idea nacida en un cierto grado de marginalidad –y abiertamente revoltosa para los predios de la preclara Harvard–, y que incluye a alguien como Sean Parker, el creador de Napster, en un inmenso proyecto corporativo que no acepta límites y emplea las herramientas del “sistema” para su consolidación.

Fincher, que también debe identificarse secretamente con un orquestador de talentos como Zuckerberg, no ama a estas criaturas, y tampoco las juzga, trata de entender sus impulsos y expectativas, lo que más le preocupa es que todo esté bien filmado y representado. El casting funciona bien: destacan Jesse Eisenberg (Mark), Andrew Garfield (Saverin) y Justin Timberlake (Parker) como los electrodos centrales de la tensión. El diálogo entre los acontecimientos, paulatinos y evitables a pesar de la hiperactividad de los recelosos socios, generalmente ambientados en habitaciones cerradas y semioscuras, y su desmontaje formal a partir de fechas y recuerdos, con lapicero y papel en iluminadas oficinas, abonan a una estela mítica, enunciada desde un principio, al utilizar los nombres verdaderos de personas y empresas, y cuando el principal está en su esplendor (la revista Time nombró Persona del Año a Zuckerberg). Eso es justamente The Social Network, la glorificación, la marca histórica, la posteridad escrita desde el presente.

The Social Network

Dir.: David Fincher | 120 min. | EE.UU.

Intérpretes: Jesse Eisenberg (Mark Zuckerberg), Andrew Garfield (Eduardo Saverin), Justin Timberlake (Sean Parker), Armie Hammer (Cameron Winklevoss / Tyler Winklevoss), Joseph Mazzello (Dustin Moskovitz), Max Minghella (Divya Narendra), Rooney Mara (Erica Albright), John Hayden (Howard Winklevoss).

Estreno en España: 15 de octubre de 2010
Estreno en el Perú: 2 de diciembre de 2010


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1 comentario

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