¿Por qué la gente no ve películas peruanas?

Escrito por Juan José Beteta

Sala de cine vacía

Hace unos meses hubo una conversación en la lista Cinemaperú a raíz de un artículo en el diario El Comercio que trataba de responder a esta pregunta. Destacadas personalidades del cine nacional ofrecieron respuestas que provocaron un animado debate entre cineastas de esa lista. El hecho es que películas peruanas que han obtenido (y siguen obteniendo) importantes y numerosos premios internacionales no han tenido el éxito de público esperado. Es el caso de Octubre que logró un premio del jurado ni más ni menos que en el festival de Cannes, o Contracorriente, que ya se aproxima a la treintena de premios en numerosos festivales internacionales.

Conocer el mercado

Las explicaciones ofrecidas por Nathalie Hendrickx, Augusto Tamayo y Francisco Lombardi para explicar el fracaso de público fueron:

  1. El espectador está acostumbrado al cine de Hollywood.
  2. Las películas peruanas son para festivales.
  3. No se piensa en la exhibición del filme desde su concepción.
  4. Los exhibidores sacan muy rápido la película de la cartelera.

Estas respuestas son plausibles y casi seguro que se corresponden con la realidad. Sin embargo, la única manera de saberlo sería realizando una encuesta representativa al público de las salas cinematográficas; e incluso al público en general. Lo que tampoco excluiría estudios cualitativos sobre percepciones existentes en relación con el cine nacional y lo que el público espera de éste. Conacine podría muy bien financiar estos estudios y poner los resultados a disposición de los cineastas. Es más, podría contratar la realización de grupos focales para evaluar las películas en las cuales invierte o brinda apoyo. La justificación es que de esta manera se busca hacer más eficiente el gasto público y que se está invirtiendo adecuadamente fondos del Estado para promover el desarrollo de una industria cinematográfica y audiovisual. Este procedimiento es normal ya que en los documentos de gestión de la administración pública se exige la rendición de cuentas sobre el gasto público.

Augusto TamayoPropongo esto porque, por ejemplo, el Consejo Consultivo de Radio y Televisión (CONCORTV) realiza periódicamente investigaciones cuantitativas y estudios sobre noticieros nacionales, sus características, temática y percepciones de la gente al respecto. Y luego entrega los resultados a distintos medios de comunicación, los cuales pueden aprovecharlos para mejorar, cambiar, ignorar o identificar nichos de mercado desatendidos por sus productos informativos, entre otras posibilidades. Es una forma en que el Estado, en alianza con la sociedad civil, hace un acompañamiento del desarrollo de los medios de comunicación nacional y local. Con la diferencia de que éstos últimos no reciben apoyos ni ayudas provenientes del Tesoro Público para aspectos, en su caso, de producción periodística o audiovisual; a diferencia de CONACINE, que sí destina dinero del Estado para subvencionar a cineastas nacionales. En tal sentido, CONACINE está incluso más obligado a investigar si las ayudas que entrega realmente están apoyando el crecimiento de capacidades en su campo de intervención; e inclusive medirlo, en lo posible.

Con cargo a tales estudios me atrevería a aportar una razón adicional a las ofrecidas por Hendrickx, Tamayo y Lombardi, para explicar el aparente desinterés del público peruano por su propio cine. Una razón para ello, no excluyente de las mencionadas más arriba, es que la televisión peruana le ha “quitado” el público al cine nacional. No se explica de otra forma los altos niveles de sintonía logrados por producciones tales como las miniseries y, antes, por telenovelas con temas y producción locales. Sin ignorar tampoco el resto de la programación producida en el país (noticieros, programas de farándula, programas cómicos, de concursos y talk shows). Mientras muchos de estos productos son seguidos regularmente por un amplio sector del público, ocasionalmente con picos de sintonía muy elevados, las películas nacionales no tienen ni remotamente el mismo impacto.

Es cierto que esto se explica por una fuerte segmentación del mercado y por la ventaja estratégica adquirida por la televisión durante la década de los 80 y luego los 90 (ver Durant, Alberto, “¿Dónde está el pirata?”, Lima, 2009; p. 18 y ss.); que provocaría el achicamiento de las salas de cine y la aparición posterior del sistema de multisalas en grandes centros comerciales. Aun así, los propios exhibidores cinematográficos han reconocido que hay un déficit de salas de cine en el país, lo que significa que aún hay un segmento de público que potencialmente podría ocupar un número importante de butacas. Cierto que ellos defienden los intereses de la producción cinematográfica foránea y, en particular, la estadounidense; no obstante, incluso en estas circunstancias, el aumento de salas abre un resquicio para cubrir alguna demanda de productos locales mediante la distribución y exhibición de cintas nacionales en multicines. Por otro lado, el fenómeno de los cineastas regionales, que distribuyen y exhiben sus propias películas logrando salas llenas en el Cercado y los conos de Lima, así como en las ciudades de provincias, revela que existe un potencial de público no atendido específicamente por una cinematografía nacional y local.

La cuota de pantalla

Simplemente María¿Cómo ha sido posible que la televisión haya formado un público sobre la base de la producción nacional? La respuesta es que en la TV hay una cuota de pantalla que obliga a emitir programación producida local o nacionalmente. El tema de la cuota viene desde antes del gobierno militar de los 70, ya que –según José Perla Anaya– uno de los motivos que ese régimen adujo para “la intervención oficial de la radio y la televisión” fue que “[s]olamente el 36% de los programas de los medios masivos son de origen peruano” (en su tesis El proceso de construcción social del derecho de libertad de expresión en el Perú, p. 155).

Es decir, desde los años 60 ya había una importante producción televisiva nacional, que incluso exportaba productos, como la exitosa telenovela “Simplemente María”. Luego los militares subieron la cuota al 60% (picotear los capítulos XI y XII de Vivas, Fernando, En vivo y en directo. Una historia de la televisión peruana, Lima: Universidad de Lima, 2001). La medida fue derogada por el segundo gobierno de Belaúnde, pero ya en esa época (los 80) se produjo un nuevo boom de la televisión, tanto tecnológico (generalización de la TV a color, introducción de videograbadoras) como de nuevos canales; pero, sobre todo, de nuevos estilos informativos (gracias a la restauración de las libertades básicas). Aunque no normada, la cuota de pantalla se mantuvo, al punto que fue reintroducida en la legislación durante el gobierno de Alejandro Toledo, en la Ley de Radio y Televisión, N° 28278 del 16 de julio de 2004, cuya octava disposición final y complementaria establece que “[l]os titulares de servicios de radiodifusión deberán establecer una producción nacional mínima del 30% de su programación, en el horario comprendido entre las 05:00 y 24:00 horas, en promedio semanal”. Y según el investigador Tony Zapata, en Las Industrias culturales peruanas frente al TLC con los EEUU, hoy la televisión peruana supera “con creces” este porcentaje (p.22).

Gracias a esta cuota de pantalla es que se ha formado un público muy amplio que consume programación nacional. En algunas épocas, la cuota de pantalla generó temores y recelos sobre la rentabilidad de los programas nacionales; sin embargo, gradualmente se descubrió que existía una demanda por programación informativa y de entretenimiento sobre el propio país. Más aún, la televisión, en sus géneros de ficción, logró crear símbolos y sentidos con los que el público peruano podía identificarse; y ello sigue hasta la actualidad. En consecuencia, la producción nacional en televisión resultó tan rentable como los enlatados extranjeros (de importante presencia en este medio).

Siguiendo los pasos de la pantalla chica, el cine nacional también podría formar su propio público a partir de una cuota de pantalla. Durante el gobierno militar hubo tal cuota de pantalla mediante la exhibición obligatoria de cortometrajes nacionales en las salas de cine. Esto trajo, como beneficio, el surgimiento de un puñado de cineastas que luego realizarían largometrajes relevantes; y, como desventaja, la aparición de numerosos productos artesanales de ínfima calidad que se convirtieron en verdaderos rellenos. El problema fue que este aspecto de la política cultural de entonces no contempló la sostenibilidad de la producción. Es decir, se convirtió en una medida puramente proteccionista que generó un mercado cautivo para productos que en muchos casos no hubieran sido consumidos por los espectadores, si no fuera por la obligatoriedad de su exhibición. En consecuencia, de lo que se trata es que la producción cinematográfica nacional responda a la demanda del público y que interactúe con el mismo, rescatando y proponiendo imágenes y sentidos con los que el espectador –nativo o foráneo– pueda identificarse y disfrutar.

Alex de la IglesiaHace un par de días leía las declaraciones de Álex de la Iglesia, notable director y presidente renunciante de la Academia de Cine Española, sobre el nexo entre la industria cinematográfica de su país y el público, según el diario ABC, al “dejar constancia de que la falta de interés de los espectadores hacia las películas españolas en el último año ha sido evidente…. «Tal vez no lo hayamos hecho demasiado bien. En este año pasado nuestro trabajo no ha llegado a conectar con el público tanto como queríamos. Tenemos que hacer todavía un esfuerzo mayor para llegar a nuestros espectadores»”. Frases que van más allá del encuentro con el público y apuntan a la idea de sostenibilidad; a la que volveremos más adelante.

En estos días se ha reabierto la discusión sobre una ley que incremente las ayudas para la producción de películas en el país, así como la posibilidad de aumentar el número de salas de cine. Son buenos puntos de partida para el desarrollo de una industria, pero a continuación habría que preguntarse cómo hacer para que esas nuevas películas sean vistas en los nuevos cines y en los existentes; y que ello resulte rentable para exhibidores y productores. En esa línea van las ideas de realizar investigaciones para conocer al público cinemero, el real y el potencial, y, al mismo tiempo, pensar en una cuota de pantalla para esas nuevas y más numerosas películas. La idea es que CONACINE realice esos estudios para que los cineastas puedan tener insumos que los orienten para ir al encuentro de ese público, hoy elusivo. Es decir, que desde el comienzo mismo de la producción de obras cinematográficas se tenga presente criterios de rentabilidad que posibiliten la sostenibilidad de la nueva producción y la viabilidad de la cuota de pantalla.

El cine crecerá junto con la televisión y el audiovisual

Hay otras formas adicionales de hacer que más gente vea películas nacionales. Una es la TV por cable. Si prestamos atención al marcar el control de nuestro televisor veremos que los números de canales llegan casi al millar; es decir que hay sitio –potencialmente– hasta para mil canales de televisión, de los cuales sólo están ocupados poco más de cien. Por tanto, además de preocuparnos por cómo ampliar las opciones de exhibición de cintas hechas en el Perú, deberíamos pensar también de dónde va a salir la producción que podría cubrir esta vasta gama de espacios, lo cual no es un problema sólo peruano sino mundial. Es más, ni siquiera tenemos que considerar el futuro cercano de la nueva televisión digital terrestre, ya que en los canales de cable actuales se advierte una creciente demanda de películas producidas fuera de Europa y de Estados Unidos.

Ya hay algunos canales de cable en los que es posible ver cintas latinoamericanas, asiáticas e incluso africanas; al igual que filmes producidos por cinematografías antes ignoradas (Brasil, Argentina) o más pequeñas (como las de Austria, Polonia o Nueva Zelanda). Así, los últimos meses se han presentado en cable las dos películas de Claudia Llosa y Una sombra al frente, de Augusto Tamayo; e incluso Efectos personales, una película romántica cubana con su sonsonete ideológico y todo. Esto demuestra que las cadenas trasnacionales de cable están mirando a nuevas cinematografías en busca de cintas producidas bajo estándares de calidad internacionales. Si lo vemos desde un punto de vista tecnológico, hay y habrá demanda por películas procedentes de todo el mundo y a una escala potencialmente enorme. En esta línea, el Estado puede ayudar, asesorar y promover la colocación de películas peruanas en estas y otras cadenas de cable, tal como lo hacen PROMPEX con los micro y pequeños empresarios, o PROMPERU en su función de promoción de la imagen del país.

TV por cableDe igual forma, el canal del Estado también puede apoyar la producción y emisión de películas para el consumo interno, sobre todo en las regiones, así como también hacerlo por una eventual señal internacional. Lamentablemente, la penosa situación de la televisión estatal no reporta mayor impacto de público; aun así, es un espacio poco explotado para la exhibición –por ejemplo– de la interesante producción de cortometrajes nacionales existente. No puedo explayarme aquí en este tema pero sí señalar que la acción del Estado en esta área también debe favorecer la mejora de la calidad en la televisión nacional y brindar incentivos para que los canales privados apoyen la producción cinematográfica del país. De esta manera, el sector privado y el sector público podrían unir esfuerzos en favor del cine y del audiovisual.

Como vemos, la idea de construir una industria del cine en el país nos obliga a enmarcar esta actividad artística dentro del espectro de las industrias culturales (en primer lugar, junto a la televisión), o sea que para la creación de un mercado cinematográfico, debe desarrollarse previa o simultáneamente un mercado para la industria audiovisual. En este contexto, deben diseñarse y aplicarse políticas culturales que estimulen las alianzas público–privadas. Pero podemos ser aún más ambiciosos y concebir el desarrollo de la industria audiovisual como una meta del país en su conjunto; es decir, que no debemos verlo como una suma de acciones del Estado, los productores e inversionistas privados, los distribuidores, exhibidores y el público, sino del compromiso de todo un país por crear, desarrollar y disfrutar de sus propios bienes culturales. Lo cual obliga a planificar y fijar plazos y metas consensuadas con todos los actores involucrados.

Una industria audiovisual sostenible

cine coreano

En un artículo anterior ponía como ejemplo el desarrollo del cine en Corea del Sur, donde productoras cinematográficas se consorciaban con empresas de otras ramas industriales para colocar conjuntamente acciones en la Bolsa de Valores. O sea, que la industria cinematográfica coreana ha llegado a ser tan rentable que hace uso de los mecanismos convencionales de la economía para financiarse y sostenerse por sí misma. Así, una industria que contó y aún cuenta con un fuerte apoyo del Estado y el público, gradualmente empieza a mantenerse sobre la base de su propia producción, en un contexto en que el Estado empieza a reducir algunas de sus medidas proteccionistas (por ejemplo, reduciendo la cuota de pantalla a la mitad). Con lo cual llegamos al final de un ciclo en el que el Estado, que ha tenido un rol inversor y promotor importante, comienza a reducir su participación en la medida en que ya existe un público, empresas productoras rentables, resultados artísticos ricos y variados y una tradición que puede convivir (y competir) con la industria cinematográfica internacional.

Esto no significa que el Estado abandone totalmente los apoyos a la industria audiovisual, pero sí que los reduzca a un nivel mínimo, de soporte; por ejemplo, para pequeños fondos concursables y ayudas a cineastas jóvenes y operas primas (es decir, más o menos a lo que hoy ofrece en nuestro país a través de CONACINE). Me parece que esta idea de la sostenibilidad de las industrias culturales es uno de los grandes aportes de la experiencia asiática, que coloca a estos países en una posición más realista que –por ejemplo– los países europeos, los cuales hoy no tienen recursos para sostener su sistema de pensiones, menos para financiar permanentemente, a fondo perdido, productos culturales. Es decir, financiar año tras año montones de filmes que muy pocos ven. Por otra parte, proponerse el desarrollo de industrias culturales nacionales que sean sostenibles en el tiempo me parece más democrático y eficaz, ya que atiende a una demanda real y duradera: la de todo un país apoyando el desarrollo de su cultura y ofreciéndola al mundo.

magaly solier

A raíz del reciente debate sobre una –hasta el momento aparentemente frustrada– nueva ley de cine en el Perú, se ha planteado el desarrollo de esta industria en el país en contraposición a las llamadas “majors”, o sea, a la poderosa industria cinematográfica norteamericana, dando la impresión de que se quiere luchar en contra o erradicar el consumo de estos productos trasnacionales del mercado local. Y aunque, por ejemplo, la industria automovilística asiática ha hecho añicos a la industria automovilística norteamericana; no creo que los cineastas orientales se hayan propuesto hacer lo mismo con Hollywood. En primer lugar, porque las películas no son carros ni lavadoras, sino obras artísticas que generan o sintetizan sentidos y emociones locales, nacionales y/o universales. Y, por tanto, de lo que se trata es de que junto a los productos de la cultura global, que tienden a la homogenización, existan y convivan también productos cuyo atractivo sea la diferencia, ya sea echando raíces en los particularismos personales, locales y nacionales, y/o también interactuando con la cultura de la globalización. La apuesta es por un mundo donde se respete la diversidad, se tolere la multiculturalidad y se promueva la interculturalidad, y el arte es el mejor vehículo para lograr un mundo así, libre y solidario.


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16 comentarios

  1. paul newman dice:

    Lo que sucede en el panorama hoy sobre el cine actual es bastante delicado y contiene muchas razones. Las que se explican en este artículo son bastante sencillas aunque contundentes, sin embargo, en mi humilde opinión, es una cuestión que podría también pasar por la habilidad de quienes desesperados por el consumo, ofrecen sus productos semejante a lo que se hace en hollywood, y eso sí que es un peligro. Peligro porque expone a la inevitable comparación, quedando mal parados lo que se hace acá (recuerdo “La gran sangre” y salí con la promesa de jamás ver cine peruano); o peor, pues si se hace una película “de festival”, la gente lo considerará aburrido y pretenderá ver algo que lo divierta y no lo haga pensar tanto. La idea podría ser, por qué no, aderezar nuestro cine dentro de géneros, si se desea comerciales (acción, terror, comedia, etc.) y volverlos hábiles e inteligentes, al punto de que no intenten “copiar” el cine yanqui y ofrezcan narrativamente un cine fresco, distinto. Difícil, sí. Pero no imposible.

  2. Ezekiel dice:

    1. El cine peruano no está hecho para peruanos, está hecho para festivales.

    2. No hay variedad en absoluto. Todo nuestro cine se basa en melodramas sociales sobre la violencia terrorista o la vida en las calles. Yo ya estoy cansado de ver la misma formula una y otra vez ¿Es que a nadie se le ha ocurrido hacer una maldita comedia?

    3. Todas las películas peruanas sólo se estrenan en cuatro o cinco salas de las zonas más fichas de Lima, así que no se quejen si nadie va a verlas.

    • Marcial Soto dice:

      A título personal la COMEDIA “Dioses” de Josué Mendez me parece simplemente genial. Creo que Mendez es el “distinto” del Perú. De veras, un genio… No sé por qué las cámaras siempre van hacia otros directores menos esforzados…

  3. Miguel dice:

    La respuesta es facil quien quiere ver películas pésimas como la Vigilia y los missssssmmmmoossss temas y personajes de siempre, tipos marginales, sexo, lisuras, matanzas….Nuestro cine hiperealista y a veces “experimental” no sirve!!!

  4. Milton Calopiña Avalo dice:

    Te felicito por tu artículo Juan José, como siempre bastante claro y exhaustivo. Además tus propuestas me parecen bastante razonables y han demostrado tener éxito en otros lugares. No es posible que por abuso de posición de dominio, las salas estrenen nuestras películas casi sin avisar, mientras que los Blockbusters Hollywoodenses tienen unas millonarias campañas. Ojalá lo que propones tenga eco.

  5. Christian dice:

    Muy interesante tu artículo Juan José, y tiene muchos puntos para empezar una discusión más en serio y general sobre el cine y el audiovisual en el Perú. Me permito una aclaración a tu último párrafo, porque la lucha contra una ley de cine a favor de las Major’s no fue, como dejaría entender tu artículo, para erradicar el consumo de este cine, porque eso sería una vana y casi quijotesca pretensión. Simplemente se limitaba a no darle más ganancias y beneficios de los que ya tiene y abusa, y que el Estado mínimamente priorice lo nuestro antes que lo foráneo. Lo que pasa es que estas pretensiones casi minimalistas suenan en esta época neoliberal a casi herejía, pero eso ya es otro tema.
    Es cierto que hay que replantearse muchos aspectos sobre el cine y el mercado de consumo, viendo no sólo el modelo europeo o de los vecinos latinoamericanos, sino el asiático y africano, donde hay varias experiencias que merecen más investigación y debate. Sin embargo, creo que tu artículo, desde el titular, tiene una importante omisión, y es la del cine regional, que si bien en espacios más reducidos y locales, sigue teniendo una buena respuesta de su público y logra en varios casos casi autofinanciarse, es cierto que con precariedad de recursos y tecnologías en la mayoría de los casos. Pero a lo que quiero llegar es que no es tan cierto que, por lo menos fuera de Lima, los peruanos no quieran ver su cine.
    Eso son algunos de los temas que deberíamos empezar a discutir en el gremio, y no quedarnos en pensar que todo se reduce a tener a como de lugar, un poco más de dinero en el bolsillo.
    Saludos,
    Christian

    • Juan José Beteta dice:

      Hola Christian
      Estoy de acuerdo con tus dos observaciones. En el primer caso digo se se da “la impresión” de que se quiere erradicar el cine de Hollywood. Sé que no es el punto de vista tuyo ni de la UCP, pero sí el fantoche que esgrimió el congresista Raffo a las objeciones de los cineastas en medios masivos. Sobre el cine regional, lo menciono de pasada como ejemplo de la existencia de un público potencial para el cine nacional o local: ” existe un potencial de público no atendido específicamente por una cinematografía nacional y local”. Concuerdo también en que debemos debatir más estos temas y no limitarnos a la igualmente importante discusión de una ley de cine que atienda asuntos de corto plazo.

  6. Ramón Pajares B. dice:

    El cine peruano, o es un remedo del cine de USA o se hace para el productor, director, actuantes, los festivales y sus amigos. Así no se hace Cine. Hay que saber que buscan en el cine los espectadores actuales y los probables espectadores. No se trata del cómo hacerlo (si con mucha accion o con poca acción, si al estilo hollywood o al estilo esutorpeo, al estilo asiático o al estilo latinoamericano, se trata de hacer cine de culto o de hace cine para la mayoría), se trata, a mi modesto modo de entender, de qué temas tratar. Así de simple: los temas que más publico atrae a las pantallas son las que estan explorando los cineastas regionales, un cine que entretiene y explora a la vez en las más recónditas pasiones de los públicos (andinos, selváticos o costeños), a través de nuestras mitologías. Creo que eso tiene que ver con algo que carecemos como república: identidad nacional, eso es lo que buscamos y, lamentablemente eso no se encuentra en películas que exploran los getos de la pequeña burguesía limeña.
    Ahí esta el problema del cine peruano; el otro problema es indudablemente el aspecto político, que tiene que ver con una ley de cine que promocione el cine y no solamente los intereses de los exhibidores o de los distribuidores.
    Busquemos que las pantallas también nos pertenezcan, y ello lo lograremos con una combinación inteligente de cine inclusivo / políticas promotoras.

    • Juan José Beteta dice:

      Hola Ramón
      Concuerdo en la importancia de nuevos temas para el cine nacional, pero también en nuevas formas de tratamiento de esos temas que mencionas (u otros). Un tema “trillado” con un enfoque artístico (en busca de premios en festivales) o eficaz (en términos de taquilla), puede representar un aporte importante para la cinematografía nacional. Pero este es un tema también para la investigación que propongo en el post.

  7. Milton dice:

    Me olvidaba de otro antecedente Juan José, en los 70′s y 80′s hubo también algo parecido a la cuota de pantalla con el tema de la publicidad: no se podían pasar spots televisivos importados y TODOS tenían que producirse en el Perú por peruanos.
    ¿El resultado? la publicidad peruana alcanzó un alto nivel y cuando se derogó la medida, el cambio no le afectó para nada.

  8. carlos lazo. dice:

    Sr Beteta cuando ud dice: “Por otro lado, el fenómeno de los cineastas regionales, que distribuyen y exhiben sus propias películas logrando salas llenas en el Cercado y los conos de Lima, así como en las ciudades de provincias, revela que existe un potencial de público no atendido específicamente por una cinematografía nacional y local.” bueno la verdad hasta donde yo se , eso no es cierto, el cine regional que ha llegado a exhibirse en Lima ha tenido poco tiempo en cartelera, que yo recuerde se exhibio Sin sentimiento de jesus contreras en el 2008 o 2009 ,luego el pecado, de palito ortega, antes juanito el huerfanito de flaviano quispe y estas peliculas estuvieron una o dos semanas como maximo , yo las he visto y las salas no estaban llenas como ud afirma y la gente no se peleaba en la cola por entrar a verlas, y en cuanto a los conos , a ver diganos en que cines se han dado con èxito, es màs defina que es el èxito, es talvez : 1000 personas, 2 mil personas, 500 personas, si es cierto que han durado un promedio de 3 semanas, o hasta 5 semanas …. pero en provincia y yo se porque he conversado con estos cineastas que se pasan por lo general de viernes a domingo o sabado y domingo en las pocas salas que hay en su region , pero el “exito” que estas han tenido se debe tambien a que les pagan poco o nada a los actores y tecnicos y por lo tanto la inversiòn no es mucha y asi recuperan y hasta ganan un poco mas. Su articulo esta muy bien pero pienso que tambien escribe para sentir que tiene la razòn y acomodar la situaciòn a su conveniencia como critico de cine.

    • Juan José Beteta dice:

      Estimado Carlos,

      Te menciono las fuentes en que me apoyo. Un colega me comentó que fue a ver una cinta regional a lo que era el cine Excelsior (creo que hoy se llama Central) en la Av. Tacna, y la sala estaba repleta; al punto que vio la cinta parado, en la parte de atrás.

      Y también he conversado con cineastas regionales, que me han confirmado lo de “salas llenas” en ciudades capitales de región o ciudades intermedias.

      Si consideramos que esto se ha conseguido sin acceso a difusión por medios masivos y que se trata de películas técnicamente precarias, me parece que es un fenómeno exitoso.

      En ningún momento menciono cantidad de espectadores ni tiempo en cartelera, porque lo ignoro.

      Y, por todo ello, hablo de un “POTENCIAL de público”, no de un público constante (ni tampoco de una producción regular).

      Así que, como ves, destaco los aspectos del cine regional que conozco y convienen a mi argumentación, pero muy bien delimitados.

      Además, mi punto no es el cine regional sino el déficit de salas de exhibición. Según los exhibidores, en todo el Perú hay menos salas de cine que en una sola ciudad española (Barcelona).

      Ese déficit presupone también un público POTENCIAL; y es en este contexto que se justifica la mención que hago al cine regional.

      Finalmente, precisarte que este artículo lo escribo como periodista cinematográfico y no tanto como crítico de cine.

  9. gracias pero nome sirve yaaaaaaaaaaa

  10. Luis dice:

    Mi comentario estará a destiempo, lo digo porque hoy es 8 de diciembre del año 2012 casi 2 años después de publicada esta nota. daré mi opinión a esta pregunta:
    ¿Por qué la gente no ve películas peruanas?
    A la gente si le gusta ver películas peruanas pero que tengan buenos argumentos y sobretodo que sean entretenidas, ustedes saben que la gente comenta después de ver una película si es peruana y tiene una buena crítica, lo que la gente valora no son las opiniones de conocidos críticos de festivales sino de las personas común y corriente que hacen su comentario después verla, si te dicen estas características no es entretenido es un bodrio lleno de lisuras y sexo con un final inconcluso dejado a la imaginación queda descartado. A la gente si le gusta ver una buena película peruana pero no tonterías que tenemos que apoyarla por el nacionalismo y patriotismo, me entienden o lo aclaro un poco ósea como peruanos tenemos que ver la película, saber que es un bodrio lleno de lisuras, sexo y decir es una buena, excelente solo porque es una película peruana.
    Con respecto a las 4 explicaciones ofrecidas por Nathalie Hendrickx, Augusto Tamayo y Francisco Lombardi para explicar el fracaso de público fueron:
    1.-El espectador está acostumbrado al cine de Hollywood: Si es verdad, por eso el cineasta peruano debe ser vivo sacar aprovechar esa línea, que es el entretenimiento que es la finalidad del cine deben realizar películas de acción, terror, ficción etc. sobre todo con buenos argumentos que convenza al público, eso no significa en la misma calidad tecnológica en efectos especiales como Hollywood, ya que no lo tenemos pero hacer el esfuerzo sin caer en lo ridículo para que la películas sean más creíbles y más parecida a sucesos que podrían suceder en realidad.
    2.- Las películas peruanas son para festivales. Es verdad, dejar ya de lado películas que dejen mucho a la imaginación serán buenas pero pienso yo están dedicados a otro tipo de cinéfilos que son la minoría y el cinéfilo peruano esta mas acostumbrado al cine de Hollywood y son mayoría, entonces el cineasta peruano debe hacer películas para entretener a la mayoría, porque la finalidad del cine es el entretenimiento de los cinéfilos no para exhibir los sueños y los puntos de vista del cineasta por eso el fracaso del cine peruano y eso lo percibe el público Ejm: si el cineasta es Homosexual realiza una película sobre una persona que lucha por los derechos homosexuales. Basta ya de este tipo de cineasta.
    3.- No se piensa en la exhibición del filme desde su concepción. Es falso, no se tienen buenos argumentos y quieren impactar a los cinéfilos (publico) por favor.
    4.- Los exhibidores sacan muy rápido la película de la cartelera. Es verdad, porque no atrae, no produce interés ni curiosidad, al contrario las salas lucen vacías y se pierde mucho dinero.
    Un consejo yo daría a los cineastas peruanos para provocar y reavivar la llama por el interés de la gente por el cine peruano primer paso realizar películas (largo metrajes)para la televisión de 2 horas para preparar a la gente y verán los resultados, otro consejo más que dejen de realizar películas de corte social es un tema ya agotado, cansino, moderar el uso exagerado de las lisuras, moderar también las escenas de sexo y si quieren ser más internacionales no usar exageradamente jergas localistas ni muletillas como: wachiman, pe, calata, estoy aguja, misio, cacharro, jerma,causa, choche, primo, atraco, fierro, plomo(bala), coima etc. Saben porque en otros países latinos no van a comprender nada, es mejor utilizar las lisuras más conocidas a nivel latinoamericano como HP, maldición, trasero, desnuda, carajo, etc. Tal vez allí nuestro cine siquiera puede ser recomendable para menores de 14 años, sean dado cuenta que el cine peruano en su mayoría no es apta para toda la familia. Otro consejo más no llevar al cansancio la imagen de los actores en pocas palabras exhibir actores nuevos, por ejemplo ya no quiero ver un Cristian Domínguez, ningún personaje de al fondo hay sitio, para mi yo no los veo para cine ya han quemado su imagen en la televisión durante 6 años ininterrumpidos y a ese mundo pertenecen y que se queden allí, para actores de cine queremos calidad, si un actor peruano quiere llegar al cine su requisito principal no tener la imagen quemada en la Televisión, tener talento natural o tener formación teatral después que se fogueen en la televisión en películas de corta duración (miniseries) para no cansar al televidente de su imagen. Requisito Para actor de cine peruano No aceptar series interminables, kilométricas, sin fin, como “al fondo hay sitio” sino quieren quemar su imagen, no encasillarse en un solo personaje o encasillarse en hacer papeles de graciosos, serios, picaros etc. Eso lo digo porque en las películas siempre se necesitan actores multifacéticos.
    Esta es mi humilde opinión para la mejora del cine peruano.

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