El escritor oculto (2010)

Thriller escabroso y zigzagueante, podría ser la primera definición de El escritor oculto (The Ghost Writer), el largometraje número dieciocho –aparte de dos episodios en filmes colectivos– de Roman Polanski. Como el Michael O’Hara de Welles en La dama de Shanghai, o el Mitch McDeere de Cruise en Fachada, por poner sólo dos ejemplos bastante distintos, el anónimo redactor que interpreta Ewan McGregor es el individuo que ingresa con relativa inocencia –después de todo, cobra 250 mil dólares– a un universo complejo, lleno de meandros y antifaces, que lo va jaloneando y absorbiendo desde múltiples intereses que se superponen permanentemente.

Es el hombre común que se convierte en pieza utilitaria de un sistema turbio que no entiende del todo, y ante el cual pretende cierto grado de autonomía por instinto periodístico –que al inicio desdeña pues asume que su labor no es investigar sino sólo pulir el relato del cliente– y de sobrevivencia. El conflicto es, entonces, si logra desentrañar el trasfondo oscuro que esconden las memorias de un ex primer ministro británico, envueltas en relaciones con agentes de la CIA y antecedentes borrosos, y vivir para contarlo.

Pero no es un thriller de fórmula. El misterio y sus bifurcaciones y vueltas de tuerca son inevitables pero la propuesta no deposita todas sus fichas alrededor de la imbricación. Por ello, El escrito oculto se distingue de otras intrigas tipo Agente internacional o Salt, y dialoga profundamente con formatos contemporáneos de representación de la “realidad”, el best seller de celebridad mediática y editorial opulenta que promete revelaciones y polémicas, la cobertura televisiva que pregunta en un continente y rebota en otro, el archivo gigantesco que rastrea Google para crear más interrogantes de las que resuelve.

No sólo mostrándolos explícitamente, sino porque Polanski, que narra desde el punto de vista del ghostwriter, sabe articularlos para gestar esa hibridez tan propia de nuestra época y que se manifiesta en la introspección episódica del personaje; el ritmo entrecortado de pesquisa y persecución; la tecnología “inteligente” que desata alarmas, cierra puertas y marca un recorrido predeterminado al vehículo asignado; el peso del antecesor fallecido, Michael McAra, que recuerda Rebecca de Hitchcock; y la lectura política del argumento, que encierra básicamente un forcejeo jurídico y diplomático de resonancias internacionales sobre los derechos humanos y las responsabilidades gubernamentales.

El guión de Polanski y Robert Harris –autor de la novela The Ghost, que el filme adapta– hace una puesta en escena expansiva, elocuente, con locaciones tan espaciosas y confortables como opresivas y enclaustrantes. En la reunión donde contratan al fantasma; en el bunker de la playa donde el entorno personal y laboral de Adam Lang (notable Pierce Brosnan), que al final es el mismo, sostiene una sorda disputa; en el descampado que, en busca de datos, recorre el preciso McGregor a vista de Ruth (inquietante Olivia Williams), la esposa de Lang; la mansión de Paul Emmett, el académico tan formal como ambiguo que parece involucrado en la muerte de McAra; la conversación con el ex canciller Richard Rycart en una cafetería; el diálogo áspero con Lang en su avión privado, la pomposa presentación del libro en un soberbio final.

La habilidad de convertir tanta sofisticación en probables trampas mortales está marcada desde los primeros minutos, que muestran la camioneta abandonada de McAra, su cuerpo varado por el mar y la llegada de su incauto reemplazante a ese mundo de víboras. Todo lo demás juega con el recuerdo del trágico desenlace, incluso revisando la información en una escena entrañable con el longevo Eli Wallach, y amenaza con reeditarlo.

Como nota curiosa, viene a la mente el caso judicial de Polanski cuando Lang y su equipo analizan su situación legal, con la acusación de violación de los derechos humanos difundida internacionalmente y el riesgo de una extradición. Afirman que Estados Unidos, el país que ha perseguido más de treinta años al cineasta, podía alojar al ex primer ministro, porque no acepta la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, “así como Rusia, China, India, Israel, Cuba e Irak”. Justamente Irak, que tiene otro tipo de aparición, fantasmal pero determinante, en la trama.

The Ghost Writer

Dir.: Roman Polanski | 128 min. | Francia – Alemania – Reino Unido

Intérpretes: Ewan McGregor (escritor), Pierce Brosnan (Adam Lang), Kim Cattrall (Amelia Bly), Olivia Williams (Ruth Lang), James Belushi (John Maddox), Timothy Hutton (Sidney Kroll), Eli Wallach (anciano), Tom Wilkinson (Paul Emmett), Robert Pugh (Richard Rycart).

Estreno en España: 26 de marzo de 2010
Estreno en el Perú: 20 de enero de 2011


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3 comentarios

  1. Juan Carlos Moya
    18 de Octubre de 2011 at 11:49 — Responder

    Hace días publiqué una breve apreciación en diario El Telégrafo de Ecuador. Sostengo, semana a semana, una columna de cine y arte llamada El Faro de la Antártida. En ella, a propósito de la cinta de Polanski, destaco los detalles narrativos que se imponen y hacen de bisagras para que la historia se logre y las atmóferas cuajen.
    El artículo en mención se titula El veneno dulce de Polanski, y está a la mano en Google: http://www.eltelegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=14619&Itemid=30

  2. […] El escritor oculto (The Ghost Writer). Roman Polanski construye una película histérica, neurótica, al estilo de los mejores thrillers, en los que se mezclan los elementos clásicos del género y la intriga política. Una biografía de un ex Primer Ministro une al narrador Ewan McGregor con el poderoso y calculador Pierce Brosnan, protagonistas que van mutando paulatinamente en perseguidos, en potenciales víctimas de una maquinaria que se basa no solo en la manipulación de la verdad, sino también en métodos muchos más siniestros. Sólida, alucinada y visualmente impecable, en la mejor tradición de Polanski. […]

  3. 31 de Diciembre de 2011 at 15:12 — Responder

    […] El escritor oculto (The Ghost Writer, 2010), de Roman Polanski. Otra vieja gloria que entrega una obra de plena madurez, sobre las sombras del poder que rodean a la escritura por encargo. […]

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