BAFICI 2011: The Terrorists y Rosalinda

The Terrorists

Viejo conocido de los festivales de Rotterdam y Pusán, Corea del Sur, el tailandés formado en el documental y objeto favorito de la censura Thunska Pansittivorakul, presentó -no la polémica sino la desconcertante- The Terrorists, quinto largo con el que se adentra a la masacre de Bangkok perpetrada en mayo del 2010. Este ensayo documental se sirve de distinto material de archivo que evidencia principalmente al ejército como el autor de la masacre, ayudado de bárbaros asesinos a sueldo; éste es de una contundencia visual impactante, que supera cualquier valor crítico sobre su estética más bien motivando la indignación y terror hacia la especie misma. El humano como monstruo. La sala quedó enlutada tras su final.

Thunsa sabe que las pantallas tailandesas no lo reciben, por eso construye su película para público del exterior, que supo del atentado solo por breves líneas de las secciones internacionales de los diarios. Acápite aparte son las escenas eróticas -con eyaculación explícita- que motivaron la repulsión del público que no la pudo soportar. Es una película atrevida que obliga a reflexiones varias. En un próximo texto a modo de balance ampliaremos el comentario.

Rosalinda

En Argentina se percibe un disgusto hacia el cine de su propio país, nada gratuito, por cierto. Es por eso que la Competencia de Cine Argentino se presenta como la menos atractiva del amplio programa del festival. Muchos jóvenes cineastas están cayendo en la repetición y en la más pura monotonía. La falta de talento se nota cuando no se tiene nada qué decir, anclando la cámara y no sugiriendo nada más que quietud. Aunque igual de malos, también hay de los otros casos, de los increíblemente pretenciosos, que derrochan academicismo como si fuera como derrochar erudición. Ese es el caso de Matías Piñeiro con Rosalinda, que reflexiona sobre la actuación como aspecto teatral al hacer interpretar a sus personajes pasajes de “Como les guste” de William Shakespeare en una ribera pantanosa.

Piñeiro pretende contrastar la artificialidad de la actuación con lo natural del contexto, haciendo un juego “cinematográfico muy original y sugerente”. Cuando los personajes no recitan los parlamentos de Shakespeare divagan en lagos, cabañas y hacen el amor. Otra cosa es El estudiante, de Santiago Mitre, cinta política estudiantil que será motivo de un próximo texto. Debería estar en el Festival de Lima. Digo nomás.

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