El mensajero (2009)

Una película norteamericana independiente ha llamado la atención en la cartelera peruana: El mensajero (The Messenger), la opera prima de Oren Moverman, quien lleva una docena de años como guionista –coescribió I’m Not There, el biopic de Bob Dylan– y ahora realiza su debut algo tardío en la dirección, en el que ha plasmado su experiencia como parte de las fuerzas militares de Israel.

La historia escrita por Moverman y Alessandro Camon –productor ejecutivo de Wall Street 2, Retrato de una obsesión y El teniente corrupto de Herzog– sitúa al capitán Tony Stone (Woody Harrelson) y el sargento Will Montgomery (Ben Foster), dos oficiales de diferentes sensibilidades, grados, edades y experiencias de combate, en la misión quizás más impotente y premeditadamente dolorosa: la de anunciar oficialmente y en persona, las defunciones de sus compañeros en la lejana y esencialmente ajena guerra de Irak, a sus atribuladas familias.

El relato construye varios ejes muy claros que se retroalimentan y ofrecen grandes posibilidades histriónicas –de hecho, Harrelson fue nominado al Oscar 2010 como actor secundario– que son aprovechadas con nervio y contención. Uno es el de la dupla Stone–Montgomery, que se gesta en el marco de la jerarquía y se encamina a la horizontalidad, entre el vulnerable superior de antecedentes alcohólicos y el inquieto subordinado que parece reaccionar mejor a las adversidades. Harrelson refleja cinismo y frialdad, haciendo de los procedimientos mecánicos una especie de refugio de las contradicciones internas, mientras que Foster los transgrede, les saca la vuelta y convierte en palanca para proyectar vitalidad.

Otro núcleo es el contacto con los deudos. En planos secuencia de una cámara en mano que se mueve como péndulo entre el aplomo de los heraldos y la congoja de los destinatarios, las visitas están planteadas como ceremonias luctuosas, de diálogos y movimientos preestablecidos, que suponen plasmar el dolor de un país y un ejército que se desangran a miles de kilómetros de sus fronteras. Esa suma de episodios permite a Moverman utilizar toda clase de variables de contenido y ritmo: la ausencia del pariente específico, la dilatación del tiempo promedio del acto, el descubrimiento de un padre de que su hija era casada y viuda a la vez, la explosión de una madre enfurecida, la afrenta de un padre dolido, el desplome del hispanohablante que necesita traducción y expresa dudas de la autenticidad de la noticia. Cada caso tiene breve vigencia en pantalla, por lo general concluida en el hombro que consuela o el escape de la rabia, al aire libre en amplios jardines o constreñidos a pasadizos oscuros y salas abigarradas por el pesar.

Uno de esos encuentros, con la viuda Olivia Pitterson (Samantha Morton notable en su actitud desangelada), se sale del libreto y prolonga su permanencia. Ahí se genera otra cadencia, en la que el sargento traza estrategias: observa de lejos el sepelio del esposo, aborda su hogar incompleto donde simpatiza con el hijo y advierte las carencias, intenta el entendimiento amoroso. La revelación del infierno doméstico con el fallecido y su prematura desaparición en los sentimientos de Olivia, representan para el pretendiente un sordo choque con el vacío emocional, y encarnan el sentir más adusto respecto de la guerra, similar al sinsabor de Kelly en medio de su boda frente a la ebriedad impresentable de su ex Will y Stone, el estoicismo de Dale Martin (excelente Steve Buscemi en su desgarramiento) en su segunda aparición, el cuestionamiento que la dupla protagónica hace de sus supuestas referencias heroicas.

Tal como Rodrigo Cortés en Enterrado, y también Jim Sheridan en otro buen estreno reciente, Entre hermanos, Moverman se ubica fuera del campo de batalla convencional para honrar el sacrificio humano que los conflictos bélicos cobran, ampliando los límites de las trincheras al paisaje norteamericano y la población civil en su cotidianidad. Es decir, instala una atmósfera en la que se respira tristeza a cada paso pero también una reserva de esperanza. Ese tono siempre preciso de melancolía mantiene el interés de El mensajero y anima a estar atentos al nuevo proyecto de su autor, Rampart, en el que vuelven a juntarse Foster, Buscemi y Harrelson, éste como un renegado policía de Los Angeles que lucha por el cuidado de su familia y su propia supervivencia.

The Messenger

Dir.: Oren Moverman | 113 min. | EE.UU.

Intérpretes: Ben Foster (Will Montgomery), Woody Harrelson (Tony Stone), Samantha Morton (Olivia Pitterson), Steve Buscemi (Dale Martin), Jena Malone (Kelly), Jahmir Duran-Abreau (Matt Pitterson), Angel Caban (señor Vásquez), Paul Diomede (policía motociclista), Halley Feiffer (Marla Cohen), Peter Friedman (Mr. Cohen), Kevin Hagan (señor Flanigan), Marceline Hugot (señora Flanigan).

Estreno en el Perú: 31 de marzo de 2011


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3 comentarios

  1. 24 de Abril de 2011 at 8:01 — Responder

    […] de la batalla. Primero para la infausta noticia que Grace recibe –en situación similar a la de El mensajero de Oren Moverman– y más tarde comunica a Tommy, y después en el clímax algo previsible pero […]

  2. Jack Bauer
    4 de Mayo de 2011 at 14:46 — Responder

    Esta no es la peli que perdió ante La Teta Asustada el oso de Oro?

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El mensajero (2009)