Entrevista con Raúl Perrone: “Filmo para no enloquecer”

En septiembre de 2009 aproveché un viaje a Buenos Aires para contactar a Raúl Perrone, del que había visto cinco películas que me impresionaron mucho, además estaba el Decálogo que Perrone había escrito en 1998 y que no dejaba lugar a dudas: se trataba de un creador singular, radical en sus ideas y tenaz a la hora de parir historias, un tipo al que quería conocer. La cita se dio en un día lluvioso en la mítica Ituzaingó -escenario natural de sus filmes-. Hablamos por más de dos horas, y este es el testimonio tardío de dicho encuentro.

Entrevista con Raúl Perrone

¿Qué es el cine para ti?
Para mí es casi terapéutico. Es una posibilidad de no volverme loco. Es como una mujer a la que hay que enamorar cada 5 minutos. Y sí es una enfermedad hacer cine. Yo tengo una convulsión con el cine más allá de los logros conseguidos. Nunca me he pegado a una institución para que me ayuden a hacer películas porque me aburren.

Felizmente la tecnología ha jugado a mi favor, ya que hago películas con sólo dos o tres personas, especialmente mis últimas películas. La cámara y fotografía la hago yo, hay alguien que me ayuda con el sonido a veces cuando no son películas tan íntimas. En mis últimas películas no puedo poner más gente para que no interrumpan la intimidad, esa realidad convertida en ficción. Cuando reviso los making of de mis películas anteriores y veo a 11 personas en el rodaje me parece que hubiera hecho superproducciones

En el Perú conozco gente que dice que no puede hacer películas con menos de 100 mil dólares.
Acá también dicen eso. Lo que yo digo es cuántas películas podríamos hacer con ese dinero.

Tú tienes buena relación con la gente y los críticos, he leído ensayos y estudios sobre tu obra, pero también hay gente que gusta de la trilogía (“Labios de Churrasco”, “Graciadió” y “5 pal peso”) y “Bonus Track” sin pensar en aspectos intelectuales. ¿A cuál de los grupos prefieres?
Por supuesto me interesa mucho más la gente que los críticos. Desde que empecé esto mi meta fue hacerme un autor y creo que lo he logrado. Hoy puedo decir que alguien fue a ver a “Raúl Perrone” como marca, como si se dijera que uno vio Pizza, Birra, Faso, Mundo Grúa o La Ciénaga. He logrado que la gente vea la película porque la hice yo y no porque sale tal o cual actor.

¿Aún así te interesa lo que diga un crítico?
A veces me afecta porque soy un pasional de mierda. Me importa, pero sólo 5 minutos.

Tú prefieres la atención del público pero tu obra se mueve más en el circuito festivalero que está, más o menos, dominado por críticos.
Yo soy culpable de eso pues soy muy celoso con mi trabajo. Trato de ubicarlo donde quiero, donde lo quieran más y mejor. Digamos que cuido mis películas. Creo que yo no busqué un público sino que un público encontró a mis películas. Estaba destinado a formar una tribu con mis películas que me siguiera cual estrella de rock. Y así es hoy, pues hay gente que ha crecido con mis películas.
Te cuento que Canadá estuvo en BAFICI pero nunca la estrené. Para qué voy a estrenarla si durará una semana hasta que venga El Señor de los Anillos y la mande a la mierda. Por ahora la muestro en la Biblioteca Nacional, MALBA, etc. hasta que sea el momento para estrenarla.

¿Cuál es tu génesis en este oficio? Pese a que no estudiaste cine, ¿cómo te decidiste a tomar la cámara y filmar?
Yo empecé acá en mi ciudad (Ituzaingó, provincia de Buenos Aires) a los 17 años. Siempre fui líder de un grupo de amigos que jugábamos a hacer series de TV. Éramos chicos que teníamos un mundo muy personal. Mi primer corto se llamó El cumpleaños de Juan, en el que actué porque no había nadie más. Era una cosa desesperante porque pese a que tenía una cámara con sonido directo, debía mandar los rollos a revelar en Europa. Esperaba como un mes sólo para ver 5 minutos. Te hablo de 1971. Los de ahora no saben las facilidades que tienen a la mano, como poder grabar hasta en un celular.

Desde ahí realicé compulsivamente muchos cortos en Super 8 sin ningún estudio previo. Eso lo hice hasta los 19 años, cuando me casé y empecé a dedicarme a dibujar en diarios y revistas. Tengo archivados hasta 10 libros de dibujos. Pero no me quería jubilar haciendo eso. Felizmente en 1988 apareció el VHS y me hizo recapacitar. Entonces volví a filmar cortos, pero esta vez con artistas, como con Calamaro en Buenos Aires – Esquina (1990). Aunque filmaba con cantantes no me gustaba que canten sino que sólo actúen porque para mi son más que nada actores.

Cuando presentaba mis primeras películas lo hacía ante 100 tipos, para la siguiente aparecían 200 y así seguían creciendo. Cuando hice Labios de churrasco aparecieron 600 tipos. Y así creció esto. Cada vez más aparecía en las revistas de cine aunque era algo resistido por grabar en video. Esto a su vez también era muy gracioso, porque el sábado en la noche salía la crítica de mi película al lado de la película que valía 3 millones de mangos y yo había hecho la mía en VHS y con tan sólo 100 mangos.
Estrené Labios de churrasco en el cine Lorca en el horario de viernes y sábados por la noche. En 10 días metí a 3000 tipos en las salas, quienes hacían largas colas en pleno frío. Un momento irrepetible que ya no se ve más.

Por esas fechas (1991-1994) ya tenías 40 años. Aun así, con esa experiencia, tu temática fue siempre la juventud. ¿De alguna forma crees que eres parte de eso o tratas de buscar respuestas en ti mismo?
Yo fui un pendejo. A mí me molestaban mucho cuando veía películas argentinas que pregonaban estar hechas para jóvenes. Yo no sé qué es eso. Para mis películas quería la mirada de los chicos, ver qué pasaba con ellos. Ese fue el gran hallazgo, no es que lo haya buscado. Y es que yo fui padre a los 18 años y fui más hermano de mis hijos que padre, será por eso esa sensibilidad. Inclusive con mis alumnos la relación es similar.
A mí me sucedía una cosa maravillosa a las 3 de la mañana cuando acaba la función de Graciadió (1997). Se me paraban los chicos delante y me decían “flaco, yo te creo”. A un chico de veinte años no te le puedes hacer el pendejo. Si te dice algo es porque lo cree. Y es que yo busco la verdad, suena utópica la palabra, pero así lo veo. En mis películas los chicos comen pizza de verdad, no comen cinematográficamente. Me gusta buscar esa autenticidad.

La película tuya que conocí primero fue Ocho años después, hablemos de ella.
Ocho años después es un trabajo desgarrador desde la puesta en escena y eso se ve en el making of donde trabajo con los chicos. Fue hecha en dos días pero pensada durante un mes y medio. Fue muy angustiante hacer Ocho años después, desde lo personal, porque se encontraron los tipos (Violeta Naón y Gustavo Prone, actores de Graciadió) ocho años después sin haberse visto previamente, no convivían cotidianamente desde ese tiempo y aún así decidieron hacer la película conmigo. Lo hice medio con trampa y engaños para que sea más natural. La “trampa” está volcada hacia el personaje de Violeta porque ella y Gustavo están citados para ver una película. Quería provocar ese encuentro emotivo.

Hay algo que me gusta cuando filmo y eso es sorprenderme a mí mismo. Me gusta ir a filmar con la hoja en blanco. Como cuando le puse el saco del tipo a otro para que ella se confunda, logrando el efecto. Esa “verdad” la registra la cámara. Si eso lo planifico y sale mal lo tengo que repetir, entonces se pierde esa primera “verdad”, ya no la tendría, que es lo que siempre busco y muchas veces me sale.

“Mejor anda y haz tu película nomás y no jodas a nadie”

Raúl Perrone

Tú no usas guiones. La gente puede interpretar eso como facilismo, pero en realidad es un reto complicado no saber qué es lo que va a pasar.
Yo creo que trabajar con un guión es absolutamente muy tranquilo. No he trabajado así en mi vida porque es muy aburrido, lo más aburrido del mundo. Nunca pude ceñirme a uno, mis guiones de antes eran de mil páginas y ahora son de una. En realidad, son pequeñas anotaciones de la noche anterior de lo que “va a pasar” al otro día. Pero así como suena, es extremadamente complicado porque uno tiene que tener el control de toda la situación. Yo pregunto cuánta gente puede sostener un diálogo de 25 minutos a la vez que filma planos detalles, todo sostenido. No lo hago para estar en un libro Guiness sino que es un desafío.

Hay mucha gente con la que discuto que cree que porque filmo en 6 días mi película no vale, que es un mamarracho hecho al pedo. Pero no reflexionan sobre el tiempo que la pienso antes del rodaje ni los dos meses que me los paso editando. Ahí ya van más de 6 días. Mi trabajo no es de 6 días, ni la película nace en 6 días, y si fuera así, eso no indica su calidad. Ese es un prejuicio del que sufro siempre.

Alguna vez dijiste: “Quien crea que yo improviso es un idiota”.
Ah, claro. Lo dije en el sentido de quien pensara que yo fuera un improvisado, que no sé qué hacer mientras filmo. Cuando digo que yo veo películas donde nadie las ve, no lo digo como frase sino como un hecho real. Todas mis películas no son que salen del polvazo sino que yo las propongo así. En Labios de churrasco pongo a dos chicas en una piscina hablando de Maldito policía (1992, Abel Ferrara). Yo la noche anterior las mandé a que vieran la película para que puedan dar sus impresiones sobre ésta con frescura. ¡Ese es el arte de improvisar! Lo que ves ahí es el momento único, yo no lo repito. El plano tiene que ser importante para que esté en la película sino no aparece.

Tu manera de filmar sin guión tiene el problema de que nunca vas a poder aplicar a fondos porque no hay forma de vender tu estilo. Digamos que tú solo te has cerrado las puertas al sistema.
Nunca he pensado en eso, no lo necesito. Hay gente que hace películas y gente que hace cine; yo hago películas, saca tu conclusión. Por otro lado, no puedo pasarme cuatro años convenciendo a la gente para hacer una película, me aburro. Esperar que alguien te subsidie me parece obsceno. Mejor anda y haz tu película nomás y no jodas a nadie. Con la tecnología de hoy se puede hacer sin problemas.

¿Las historias que quieres contar aparecen de la nada?
En este momento tengo casi listas dos o tres películas. Quién sabe qué vendrá cuando las termine. Yo, no bien pienso algo, lo ejecuto, me aburre tener la misma idea en la cabeza por mucho tiempo.
La gente que me escribe después de ver mis películas considera que soy un tipo exitoso. Muchos me agradecen por mis películas, eso me emociona porque siento que toma sentido lo que hago. Un chico que radica en Francia me contó que obtuvo la trilogía para mostrársela a su hijo de 8 años. Al terminar el visionado le dijo “yo vi esto cuando tú estabas en la panza de tu madre”. Con qué pagas eso. Ahí se cierra un ciclo, del cual mis películas son testigos.

“Yo sigo siendo fiel a mi Decálogo”

Decálogo de Perrone

Tu Decálogo denota una rabia tuya contra muchas cosas.
Lo hice medio entre bronca y chiste. Yo nunca pensé que al pasar el tiempo se le iba a valorar. Muchos lo tomaron como un manual de acción para hacer sus películas, cual Dogma 95, quienes al final, ya sin publicidad, traicionaron esos principios que suscribieron. Yo sigo siendo fiel a mi Decálogo, y si lo traiciono lo hago para atrás: ya no filmaría con 11 sino con 5.

El segundo mandamiento del decálogo (“Cagarse en el formato: si lo que tenés para decir no se sostiene en VHS, tampoco se va a sostener en Beta, en Super 8, en 16, ni en 35mm”) es anarquista. ¿Tiene una base política o es visceral?
Es visceral/pasional. Cuando me preguntan por las expectativas para con mis películas, yo respondo que ninguna. Y es que yo no tengo expectativas, tengo sueños; sueños de hacer películas y mostrarlas. Yo tengo mis propios espacios dónde mostrarlas, como mi casa. En ciertas temporadas del año, Sergio Wolf, Quintín y (Fernando) Peña (críticos argentinos de cine) vienen a mi casa para que les muestre alguna película, pues siempre tengo algo nuevo qué mostrarles.

No sé qué sería de mí si yo me dedicara a viajar para presentar mis películas, como Pedro Costa, quien me parece un gran tipo con el que tengo mucha afinidad, pues él también se compró su cámara y se alejó de la industria para hacer las películas que se le vengan en gana. Ahora dicta charlas en Japón y presenta sus películas en los grandes festivales aún filmando en digital. Igualmente yo me siento muy feliz haciendo lo que en verdad me encanta.

Dices que te gusta un público inteligente al cual no le das todo fácil ¿Cómo funciona eso?
Yo soy muy autocrítico con mis películas, hasta obsesivo. Puedo pasar 4 días filmando pero me demoro semanas editando, que es donde muta la película. Creo que las películas tienen tres etapas: cuando la piensas, cuando la filmas y cuando la editas. Yo siempre busco reacciones y si a mí nada me despierta, entonces mucho menos a la gente. Y es que a la gente se le menosprecia, casi siempre se les da inicio-desarrollo-final, se les da todo masticado. Yo no quiero que la gente tome a mis películas como pizza, quiero que se vaya pensando en ella, que le genere preguntas, que arme en su mente su propia película. Esa es mi mayor ambición como director.

Hay elementos recurrentes en tus películas, en tu estética, planos secuencia, la cámara estática, la gente que camina mucho, los cielos. ¿Por qué los tomas? ¿Te dicen algo?
De todas maneras me dicen algo, pero no quiero explicarlo porque cada quien debe identificarlo. Tienen que ver con mi concepción del cine. Pasa algo raro con lo de las caminatas, nadie camina en el cine: toman autos, hay elipsis, pero nadie camina. Yo sí hago caminar a la gente porque permite ver todo un panorama. Alguna vez pensé que todos mis personajes se cruzaran caminando.

“La única ambición que tuve con mi vida fue contar historias”

Raúl Perrone

Te has forjado una personalidad rebelde al sistema de filmación convencional, lo que hace difícil el acceso a tu obra.
Más me siento como músico de garage. Si hubiera sido músico, hubiera grabado todos mis temas en mi casa, nunca con compañías disqueras. Hoy en día está comprobado que cualquiera hace un disco en su casa. Tiene que venir la democratización de la cultura.

La gente hizo de mí un mito como alguien “difícil”, mis películas se editan y la gente dice igual que no las encuentra. Y es que mis películas, por más que se diga que no están, sí están y en todos lados. Sólo hay que buscar: en las carteleras de cineclubes, en video stores o en la misma web, donde es más fácil buscar y encontrar. Para mí está perfecto la descarga de películas, así sean mías, por la Internet. Si esa es la manera para que mi obra trascienda entonces está todo bien.

Creo que es lo mejor que cada director venda sus propias películas por la Internet. Como lo hicieron en la música los Radiohead (con el álbum In Rainbows). Otra opción es que haya canales de cine independiente en la red porque el cine está pasando por un momento difícil: estrenar tu película es como suicidarte. Pero si lo planteamos desde ese punto entonces no debería seguir filmando. Con ese argumento sí me pueden llamar loco; un loco que filma películas como auto-terapia.

La gente está acostumbrada a pensar sobre la envoltura, la cáscara, en lugar de la substancia. Sobre la parafernalia que envuelve la película…
Es todo esto irrisorio. Está comprobado que si haces una película con 10 lucas, tendrás que destinar 40 para la publicidad. Ahí no están parejas las cosas. Y es que el cine está pensado para hacerse con mucha plata. Nadie te ofrece plata para hacer películas con visiones diferentes sino casi te obligan a seguir un esquema si es que quieres la subvención. Por eso decidí ser el propio productor de las mías, nunca me sentí dentro de la industria.
Lo que más me hace sentir orgulloso es que haya gente que hace cine porque yo los inspiré. Hay una infinidad cantidad de chicos que dicen haber aprendido a filmar por mi Decálogo. A veces caigo en cuenta que con mis películas envío un mensaje esperanzador para quienes no tienen recursos y aman filmar películas. Eso me emociona. Lo que yo busco con mis películas es contagiar a la gente a que se decida a hacer películas, que les dé ganas. Yo hice un seminario en el Rojas, donde asistieron 80 personas. Si tan sólo 10 personas salen con ganas de hacer cine, entonces ese seminario tendrá sentido.

Creo que a largo plazo a tus películas se les considerarán joyas de su tiempo. Ángeles (1992), Chamuyando (1994) o El cumpleaños de Juan (1987) y algunas más de tu primera etapa parecen piezas perdidas, aunque sé que existen algunas copias por ahí. ¿Piensas alguna vez en eso?
No lo sé. Lo que pasa hoy en día es impresionante. Yo sólo tengo una copia en VHS de Ángeles, sin embargo, ya está disponible para descargarse. Alguien que no conozco ya la subió. Imagínate cómo funcionan estas cosas, son incontrolables. Ya no necesito lanzar yo mismo mis películas en DVD porque algún otro, en cualquier parte del mundo, ya las subió a la red. Hoy están disponibles para cualquier usuario.

¿Tú vives de esto? Porque hacer cine como lo haces no da plata.
No. Yo vivo de mis talleres y las charlas que doy. También de la venta de mis películas a la televisión. Me conformo con muy poco. La única ambición que tuve con mi vida fue contar historias.

No me interesan muchas cosas: no tengo auto ni muchos lujos. Tampoco me gusta viajar, las que viajan son mis películas. Fíjate que La mecha estuvo en dieciocho festivales alrededor del mundo (San Sebastián, Toulouse, Chile, etc.) a los que fui invitado, mas no fui. En Chile me invitaron a dictar un taller y envié un alumno mío. Repito, yo viajo con mis películas.

Yo me considero un enfermo, yo veo situaciones, creo situaciones. No sé qué mejor palabra para definir esto que soy cuando hago películas. Todo es muy intuitivo. Yo no tiendo a intelectualizar las ideas sino a materializarlas.

Entrevista y fotos: Luis Ramos
Edición: Laslo Rojas
Transcripción: John Campos

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5 comentarios

  1. Mitnick
    20 de Junio de 2011 at 18:57 — Responder

    No he visto ninguna de sus películas, pero ahora mismo empiezo a descargar todo lo que encuentre en la web…

  2. […] Pibas es la última película de Raúl Perrone, cineasta argentino de culto, grabada en video y con bajo presupuesto (siguiendo los mandamientos […]

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