“Kukuli”: Detrás de los ukukus

Los otros rostros de Kukuli, la joya escondida de los Andes

Ukuku
Ritual Dancer, Qoyllur Rit’i. Cusco, Peru, junio 2008.
Foto: Jorge Vera para Clima y Cultura

Un día como hoy hace 50 años se estrenó Kukuli, uno de los largometrajes más representativos de la cinematografía peruana. Luego de medio siglo, este filme aun posee la capacidad de asombrarnos y seducirnos, no sólo por sus imágenes naturalistas –por momentos ingenuas y acartonadas como bien menciona Jorge Esponda– o por su carácter etnográfico al representar en la pantalla la fiesta de la Virgen del Carmen en Paucartambo (Cusco), sino también por el inevitable paso del tiempo que nos proporciona una mirada más analítica y que nos brinda mayor información sobre el proceso de producción y las mentalidades ocultas detrás de las máscaras andinas.

Es conocido y repetido, pero no por ello menos importante, que Kukuli es el primer largometraje de ficción peruano a color, con diálogos en quechua y filmado íntegramente en los Andes, en este caso en las alturas de Cusco y en el pueblo de Paucartambo. También es conocido que dicho filme forma parte y a la vez consolida una supuesta escuela cinematográfica llamada “Escuela del Cusco” por el reconocido historiador y estudioso del cine Georges Sadoul. Se repite hasta el cansancio que Kukuli es el más grande exponente del cine indigenista peruano y que es una de las más claras representaciones artísticas de la peruanidad.

Sin embargo, quizá usted no sepa que el conocido escritor y etnógrafo José María Arguedas estuvo en contra de varias escenas del filme y que presionó para modificarlas, cosa que resultó imposible pues se habría tenido que filmar nuevamente gran parte de la película. Las razones de Arguedas fueron ciertamente injustificadas, pues aducía que en el filme se representaba “erróneamente” al indígena y se le caracterizaba como un salvaje e inmoral, características propias de un supuesto criterio racista de los realizadores. En 1961, Emilio Mendizábal (pintor) y Josafat Roel Pineda (etnomusicólogo) publicaron una carta abierta en el diario El Comercio, afirmando que se realizaron algunos cambios, sobre todo en la caracterización de Alako, protagonista del filme interpretado por Víctor Chambi, pero que en lo sustancial el filme persistía en su carácter denigrante e inmoral acerca del campesino indígena. En sus propias palabras, se estaba “causando un daño verdaderamente irreparable” a la imagen del poblador autóctono.

Resulta paradójico que uno de los principales exponentes del indigenismo académico de los años sesentas y setentas fustigue con tanta furia un filme que se presentaba como exponente del indigenismo cultural de los años cincuentas. Si bien es cierto que Arguedas investigó casi toda su vida para transmitir una visión más “realista” y “exacta” del mundo indígena, es sorprendente su poco dominio del texto fílmico y de sus representaciones ficcionales, que por más que éstas intenten reconstruir un mundo verosímil, no dejan de ser una intervención en el mismo, una recomposición más que una demostración. ¿Sabe usted la razón concreta por la cual Arguedas trató de modificar el filme? Una alegórica –y nada subida de tono- escena de sexo entre los protagonistas, Kukuli y Alako, que no es ni siquiera el punto central del filme sino una parte secundaria dentro la historia romántico-bucólica de la película.

Otro dato escondido de Kukuli es que la Comisión Ministerial de Medios de Enseñanza francesa catalogó el filme como una excelente representación de la civilización andina y recomendó el filme para ser proyectado a alumnos de últimos años de colegio pues consideraban que era, no sólo apasionante, sino útil para el estudio de las civilizaciones [Lean aquí la recomendación]. Lamentablemente no sabemos si alguna vez fue proyectado en las aulas y menos cuál fue la reacción de los colegiales franceses de dichos años al ver esas hermosas escenas de los andes cusqueños o el colorido y desordenado registro de la fiesta en Paucartambo. Lo que sí asumimos, con algo de ironía y de conocimiento de cine francés de la época, es que no les habrá incomodado la escena de seducción que tantas iras despertó en algunos sectores de la intelectualidad peruana.

La elección de los actores protagonistas tiene también un dato curioso que vale la pena resaltar. El rol de la protagonista que le da nombre al filme, Kukuli, es interpretado por Judith Figueroa, cuyo nombre y aspecto físico no se parece mucho al de una pobladora de las alturas campesinas del Cusco. Este aspecto se evidencia claramente en una de las escenas iniciales del filme, cuando la protagonista sale de su casa para dirigirse a Paucartambo y sostiene una corta conversación con sus padres, cuyos rasgos son claramente indígenas andinos. Es en esta escena donde uno puede ver las múltiples diferencias fenotípicas entre Kukuli y sus padres. Entonces, ¿por qué se eligió a una actriz de aspecto tan poco verosímil para el papel que interpretaba? ¿Porque su apariencia física se comparaba con la gracilidad de los auquénidos andinos, como nos dice el narrador de la película? La respuesta va por otra parte: Judith Figueroa era quechuahablante, requisito indispensable para el filme. [Carbone, Giancarlo (ed.). El cine en el Perú: 1950-1972. Testimonios. p. 124.]

Kukuli, Alako

El otro protagonista, Alako, es interpretado por Víctor Chambi, cuyos rasgos fenotípicos se acercan mucho mejor a la representación del hombre indígena andino de su tiempo. Pero había un pequeño detalle: no sabía quechua. El personaje que físicamente se acercaba más al modelo necesario para su papel, estaba culturalmente más lejos que su contraparte Kukuli. Este detalle nos sirve para mencionar un hecho importante que ya es conocido por los estudiosos contemporáneos del indigenismo, que dicho movimiento se trató de una visión urbana de los andes, una expresión cultural de las clases medias urbanas limeñas y provincianas que buscaron revalorar las costumbres andinas en medio de un mundo en rápida transformación. Lo que ya se venía haciendo desde la literatura a fines del siglo XIX y con la pintura desde inicios del XX, ahora se modernizaba gracias a las nuevas tecnologías cinematográficas. [Sobre las definiciones y etapas del indigenismo en el Perú y su relación con el cine cusqueño recomiendo revisar la parte introductoria de un análisis de Kukuli que publiqué titulado “La sociedad filmada: apuntes sobre la historia del Perú a partir de tres películas”. En: Histórica. Pontificia Universidad Católica del Perú. Vol. 29, Nº. 2 (2005). p. 107-152.]

Contrariamente a lo que la mayoría cree, Kukuli no es tanto la consolidación de la supuesta “Escuela del Cusco”, sino el epitafio de la misma. Dos de los tres realizadores del filme, Eulogio Nishiyama y César Villanueva sólo hicieron un filme más, Jarawi (1966) que fue un fracaso comercial y de crítica. Ninguno volvió a dirigir un largometraje. El tercer realizador del filme, Luis Figueroa, continuó una prolífica carrera cinematográfica, pero lejos de los supuestos postulados de la “Escuela” tipificada por Sadoul. Es más, Kukuli es un filme anacrónico para el movimiento del que formaba parte, llamado indigenismo cultural, que se desarrolló hasta 1945. Para el año del estreno del filme, el indigenismo ya se había transformado en un fenómeno sociopolítico, más centrado en el análisis académico marxista que en las expresiones artísticas naturalistas.

Finalmente, el filme no fue producto de la casualidad. Los andes en general pero especialmente el Cusco fue durante mucho tiempo un escenario atractivo para las productoras y realizadores de los años cincuenta. Las construcciones prehispánicas, las montañas, el color y la luz, las costumbres autóctonas y los bajos costos de producción atrajeron a equipos provenientes sobre todo de Argentina y México, que junto a técnicos y asistentes peruanos realizaron varios filmes tanto documentales como de ficción. Incluso realizadores norteamericanos y documentalistas italianos dejaron una profunda huella, influencia estilística y experiencia de realización en varios fotógrafos cusqueños dentro de los que destaca Eulogio Nishiyama, uno de los realizadores de Kukuli. Nishiyama llegó a conocer al joven actor Charlton Heston (antes de sus memorables interpretaciones de Ben Hur y Moisés) durante la filmación de Secret of the Incas en 1953, filme en el cual el fotógrafo era asistente de cámara.

Kukuli cumple bodas de oro. Hace pocos años fue elegida en una encuesta a reconocidos críticos de cine como una “joya escondida” del cine mundial, es decir, un filme poco conocido o subvalorado pero de gran interés cinematográfico e histórico. No es el primer galardón que consigue el filme ni mucho menos. Eso no quita que el filme tenga carencias ni decepciones, ni lo protege de análisis o críticas alucinadas que dicen que el filme es racista, muestra una visión bárbara del indígena o que, hacia el otro extremo, es la genuina representación de la peruanidad. Ni una ni otra. Kukuli es una aproximación, un proyecto inacabado e inacabable, una tuerca más dentro de un engranaje cultural, una representación antojadiza pero apasionada de ese complejo que llamamos mundo andino, un clásico del cine peruano (del que seguimos hablando 50 años después), la génesis del heterogéneo y ecléctico cine de temática regional de la actualidad, y por momentos un registro etnográfico de un tiempo perdido entre las montañas, las celebraciones y los ukukus.

Si usted desea conocer más sobre este filme, adquiéralo y véalo. Uno de sus realizadores, Luis Figueroa, cuenta con un blog (con información de contacto), el filme ha sido digitalizado y está a la venta en varios lugares (algunos legales y otros no tanto) e incluso lo puede descargar desde internet vía torrent. Si ya vio el filme, le recomiendo que revise los interesantes textos de Jorge Esponda del 2005 y 2011 (este último por las bodas de oro) y de Javier Protzel. Para una aproximación histórica, recomiendo revisar dos artículos de mi autoría. El primero lo publiqué en la revista Histórica y está colgado en mi blog, y el segundo lo encuentran en el Boletín del Instituto Riva-Agüero N° 33 (2010). Vale la pena aclarar que ninguno de estos textos puede reemplazar la experiencia de ver Kukuli. No hay mejor homenaje para un filme que ser visto por las generaciones futuras.

Jorge Luis Valdez Morgan
Rosario, Argentina

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