“Shame”: paso la vida follando

Shame
Michael Fassbender y Carey Mulligan, los hermanos sufrientes de "Shame"

Ha sido muy divertido ir a la proyección de Shame. Deseos culpables (2011) en la cartelera limeña esta semana. Ver a gente abandonando la sala, indignada, extrañada, avergonzada, por aquel espectáculo cinematográfico. Comparando versiones con otros amigos y conocidos que también fueron a las salas a verla, sintetizo que la polémica y el desconcierto que ha generado en el público promedio el nuevo trabajo de Steve McQueen son dignos de un ensayo sociológico.

“Shame” pone la valla alta desde muy temprano. Aclamada y rechazada por igual, retrata con dureza y sin remilgos una adicción al sexo. Pero su trabajo no queda allí, porque más allá de la caracterización, emerge como retrato de una sociedad acelerada, en la que los supuestos ganadores (aquellos que también eran retratados en “La hoguera de las vanidades” o “American Psycho”) esconden iras, temores y culpas que apenas sí pueden aislar en jaulas de cristal. Muy sutilmente, “Shame” plantea una denuncia de un modo de vida, así como un breve ensayo sobre la moral y el remordimiento (en tanto observación distante, casi clínica, mas no juicio de valor).

La historia de la película nos traslada a un Nueva York de la clase media y alta, al de la envolvente superficialidad, de la estilización y el buen vivir. Brandon, un treintón simpático y exitoso, alterna su ritmo laboral con un espíritu cazador, que nos lleva a descubrir su compulsiva y desbordante adicción por el sexo, que sacia a cada momento, con mayor intensidad y, vamos a decir, variedad. Son encuentros fortuitos, intrascendentes en el aspecto afectivo, simplemente vehículos de desfogue.

Sin embargo, esta suerte de depredador sexual que se nos presenta en primera instancia guarda tras de sí una profunda desilusión y aburrimiento de la sociedad. Atravesado además por una culpa que parece tener raíces profundas (de la que no se habla explícitamente). A ello se le agrega la irrupción en su vida de Sissy, chica problema, descarriada y desbordante. El control casi cronométrico de la vida de Brandon empieza a hacer añicos. El sexo deja de ser una anécdota para convertirse en un mecanismo de tensión, en un liberador de remordimientos, en una suerte de túnel oscuro y sin salida.

Brandon termina siendo brutalmente convincente y abiertamente sensual, vulnerable y desbocado, gozoso y culpable gracias al monumental papel interpretado por Michael Fassbender, uno de los actores de moda, quien curiosamente saltó a la palestra gracias a Hunger, la anterior película de McQueen.

Todo lo que es Brandon, lo que quiere ser, lo que no puede dejar de ser lo transmite Fassbender con amplitud. No hay paso desde el cual no libere su adicción que el director haya desperdiciado. El intérprete se desgarra entre la prostitución, la pornografía y la masturbación. Pasa la vida follando, pero dentro de un vacío existencial que va tornándose pesadilla, cuasi maldición, ante la cual uno no intenta resistirse. Resistir o morir. Morir es follar (coger, tirar, cachar). Follar es también morirse interiormente.

Si Fassbender logra una tremenda actuación, no menos épica es la de Carey Mulligan, la hermana descarriada, la manzana de la discordia, el imán de la culpa. Detrás de ese tono afectado e histriónico, de esas poses histéricas, de ese monumento al desborde anida una chica triste, también, necesitada de afecto. La moralidad se diluye, el abismo de la vergüenza se cruza. No hay justificación, solo acciones.

Inmnenso Michael Fassbender
Sufro como Brandon.

La apuesta de McQueen es trascender ese deseo morboso de la gente por ir a ver los desnudos frontales, por las escenas crudas de sexo, por comentar (con entusiasmo digno de mejor causa) sobre el tamaño del pene de Fassbender. Es cruzar el Rubicón, literalmente, y armar una propuesta de imágenes estilizadas, planos largos, silencios que descuadran y revelan mucho más que los diálogos.

“Shame”, en ese sentido, es una película extraordinaria (en el más amplio sentido del término), de aquellas que cuando vez se asoman a la cartelera limeña, a veces de refilón, otras bajo el signo de una polémica exagerada. De las que yo recuerde como parientes lejanas de ese tipo de escandalosa pistola de fogueo, así rápidamente, nombro a “Crash” (la obra maestra de David Cronenberg, ojo, no el insufrible bodrio de Paul Haggis), “Baise-moi” (de Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi) y, claro, “Irreversible” (la misógina y famosa cinta de Gaspar Noé), entre otras. Es decir, no apta para todos los estómagos.

Acá no hay linchamientos morales, sino descubrimiento de psiques. Algunos pueden considerarlas mentes perturbadas, otras enfermas. McQueen optar por no caer en el facilismo de las etiquetas. Sabe que una vez que la gente ha satisfecho su curiosidad lúbrica, no hay medias tintas. Entramos al doliente itinerario de un tipo devastado por su placer.

Quizás el director allí se queda algo estancado en la contemplación de algunos planos o de algunas escenas sin mucha importancia, pero estos son datos menores ante una dirección de actores inspirado, a la sobriedad, al ritmo y a la capacidad de no sucumbir al sensacionalismo. No hay eventos de redención ni tampoco se busca participar en la salvación o la destrucción de un personaje. Solo es un acompañamiento respetuoso, lejano, que detrás de su aparente desinterés (de su húmeda, casi onanista piel primigenia) esconde una sólida y por momentos desgarradora identificación.

“Shame” es uno de los mejores estrenos del año, de visión recomendable. El gracioso evento de grupos de señores mayores saliendo de la proyección, refunfuñando (como si creyeran que están dentro de una interminable película de Eliseo Subiela o de Agnieszka Holland) es meramente anecdótico, por eso, ante el grueso sector que no entendió o no la atinó o salió marcando ocupado. Aquello demuestra, una vez más, que películas como esta son hasta subversivas en una sociedad tan pacata, con audiencias cada vez más emocionadas por consumir la ultraligera oferta con que nos atosigan en estos tiempos desesperados.

Shame, Deseos culpables - posterDir. Steve McQueen | 97 min. | Reino Unido | 2011

Intérpretes: Michael Fassbender (Brandon), Carey Mulligan (Sissy), James Badge Dale (David), Nicole Beharie (Marianne), Hannah Ware.
Guion: Steve McQueen y Abi Morgan.

Estreno en Perú: 10 de mayo de 2012.
Estreno en España: 17 de febrero de 2012.

Carlos Ciurlizza
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4 comentarios

  1. 17 de Mayo de 2012 at 3:57 — Responder

    Después de la cinta de Asghar Farhadi que ganó el Oscar, ésta es lo mejor que se hizo el 2011.

  2. cesar pereyra
    17 de Mayo de 2012 at 21:27 — Responder

    …. uta mare , ya sacaron la pela de cine planet san miguel, ahora a ir hasta miraflores, que joda.

  3. 18 de Mayo de 2012 at 2:27 — Responder

    *spolier alert*

    Hola, Paco. Muy bueno tu análisis, aunque me permito discrepar en algo: Tú mencionas que en la película “no hay eventos de redención”, pero ¿no podríamos considerar como uno a la escena del suicidio fallido?

  4. 19 de Mayo de 2012 at 18:57 — Responder

    Es un tipo devastado y angustiado por el placer, pero ademas solitario y adicto a la pornografia del INTERNET.

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