La obra de Satoshi Kon (1963 – 2010)

Satoshi Kon

Una joven artista al borde de la locura, un trío de indigentes navegando por la cruda navidad tokiota, una mujer cazando en los sueños de otros. Personajes tributarios del thriller psicológico, creados a pincel y tinta, nacidos de la imaginación del maestro Satoshi Kon. Pero, ¿quién fue Satoshi Kon?

Japonés. Primero mangaka y luego asistente de Katsuhiro Otomo, aprendió el oficio desempeñando diversos roles: dibujante, guionista, director de arte, y por último director. Construyó un universo propio sondeando el inasible mundo de los sueños, de los recuerdos, del cruce de caminos entre la realidad y la fantasía, aventurándose en narrativas complejas, dando rienda suelta a sus demonios.

De contextura delgada, bigote hirsuto y con el pelo largo amarrado en la nuca, Satoshi se aplicó a fondo para realizar cuatro largometrajes de animación y una serie de anime para televisión. Fue su colaboración en el guion de Magnetic Rose para Katsuhiro Otomo, donde mostró el inicio de sus obsesiones. El corto explora -a la manera de P.K. Dick o Bradbury– un escenario extraterrestre donde la civilización humana ha encallado y el fantasma de una diva operática sobrevive por encima de todo. El espacio interestelar conquistado y luego perdido entre la locura y la irrealidad.

Pero nada auguraba la obra superlativa por venir. En 1998 se estrenó Perfect Blue, un cuento psicológico de reminiscencias hitchconianas. Una joven artista en tránsito a la adultez enfrentando crímenes, fanáticos hostiles y sobre todo sus propias inseguridades, perdiendo de a pocos el hilo de la realidad. Sobre esta ópera prima el director diría:

Siempre hay ciclos en cada persona en los que uno pierde su equilibrio, por ejemplo cuando te independizas, hay un montón de estímulos como el mantenerte por ti mismo. Por eso el tiempo pasa muy deprisa. Y de repente te paras a pensar porque estás haciendo tal cosa. Y empiezas a angustiarte. Las cosas de cada día empiezan a salirte mal. Y así, cosas pequeñitas se amontonan y empiezas a estar deprimido pero hay que superarlo. Y eso es lo que puede que quisiera decir a través de esta película.

Perfect Blue (1988), de Satoshi Kon
Perfect Blue (1988), de Satoshi Kon.

Una vez señalado el camino, Satoshi se entregó a la creación de un multiverso con identidad propia, explorando los extremos de la psique (quizás con la excepción de la más bien realista y excelente Tokyo Godfathers).

Tanto en Millennium Actress como en Paprika, vemos como las protagonistas atraviesan mundos ficticios -el cinema y los sueños inducidos- pagando el precio de penetrar en esas dimensiones. Es en Paprika donde el director corre mayores riesgos, con un entramado de personajes e historias que funcionan como las capas de una cebolla: no acaban nunca ni muestran su verdadero rostro, llevando al límite la solución del conflicto. Esta película aborda además los riesgos del desarrollo tecnológico y un cuestionamiento permanente de la identidad, como si el director no terminara de aceptar las máscaras que las personas presentan como su yo ante la sociedad.

Son marcas reconocibles de su obra la recurrencia de personajes femeninos, frágiles y a la vez poderosos; los encuadres y puntos de vista que subrayan la extrañeza de las historias; y un barroquismo en los escenarios que cambian y se reconstruyen una y otra vez, tal cual lo hacemos en el mundo de los sueños o en la reconstrucción de nuestros recuerdos (de pronto saltan los paralelos con obras como Inception, ¿no?)

El 24 de agosto de 2010, Satoshi Kon terminó su recorrido vital en este mundo, dejando inconclusa una última obra: Dreaming Machine (que aún espera su fase final de composición).

No fue una muerte repentina, tres meses antes supo que un cáncer corroía su ser, entonces decidió que no pasaría sus últimas semanas confinado en un hospital. Le plantó cara a la muerte. Dejó un testimonio escrito de esos meses, que es una de las cosas más sublimes y terribles que he leído. Unos párrafos desde el limbo de la existencia, como si Satoshi estuviera difuminándose con sus propios personajes. Un último tríbuto al cine que tanto amó.

Rechacé la medicación anticáncer, y traté de vivir con una visión del mundo un poco diferente a lo normal. El hecho de haber rechazado lo que era “esperado normal” me pareció que era algo mucho más parecido a lo que yo soy. Nunca he pensado realmente que pertenezco a la mayoría. (…) Sin embargo, quiero que lo entiendan, aunque sólo sea un poco. Satoshi Kon era “ese tipo de persona”, y, por eso pudo hacer películas bastante extrañas que eran un poco diferentes.

La obra de Satoshi Kon en Cinencuentro:

perfect blue2Perfect Blue, por Antolín Prieto.
“Esta es una película ambiciosa que transita por varios niveles a la vez, la descripción del tortuoso camino de una cantante convirtiéndose en actriz, la mediatización de lo privado en la farándula, los limites entre la identidad y la personalidad, la realidad y la ficción; todos hilvanados en una trama de crímenes de serial killers, doble personalidad y alucinaciones. Todo a la vez, y casi sin desentonar. Su mayor defecto, acaso, es ser manipuladora sobre la autoría de los asesinatos hacia la mitad de su desarrollo.” Seguir leyendo.

satoshi konPerfect Blue, por John Campos.
“Satoshi Kon coge la novela de Yoshikazu Takeuchi y, audazmente, la plasma en el propio contexto que critica. Un anime criticando al starsystem nipón es análogo a una serie de Jerry Bruckheimer puyando Hollywood y su sistema de producción. Desde su debut el director marcó sus distancias en el establishment, aunque siempre trabajó para MADHOUSE, uno de los más importantes estudios de Asia en animación, lo que le vale el calificativo de outsider dentro de la propia industria. Perfect Blue tiene altibajos, pero es ambiciosa hasta en sus errores, los mismos que su director irá puliendo a lo largo de su filmografía.” Seguir leyendo.

satoshi kon Millennium Actress, por Fernando Zevallos
Sennen Joyū habla de los recuerdos de la vida, las decisiones y las promesas que nos llevan a donde estamos. Al igual que las otras obras de Kon es muy personal y está alejada de lo que propone la industria del anime. Si bien se vale y se nutre de sus recursos visuales y narrativos lo hace de una manera distinta que lleva a que este tipo de animación alcance una nueva dimensión. Presenta personajes entrañables, muy logrados, estupendamente perfilados y, gracias a la habilidad de Takeshi Honda, bellamente dibujados. La depurada técnica de animación que exhibe se une en perfecta armonía con la banda sonora compuesta por Susumu Hirasawa en un equilibrio que ayuda a transportarnos a los mundos imaginados por el director.” Seguir leyendo.

Sennen-yoyu-millenium-actress Millennium Actress, por John Campos
“En un tono romántico, asimismo, desencantado, Millennium actress (segunda película de Satoshi Kon, esta vez más cauto y efectivo con sus piruetas) postula a la vida como un rodaje permanente, donde actuamos todos en la persecución de nuestros sueños, en diferentes medidas, utópicos, ficcionales. A vista de Kon, el amor y otros placeres son sólo pesquisas, que se hacen inaccesibles mientras transcurre nuestro ciclo de vida. Pese a la dura reflexión, el director nos lo manifiesta con una entrañable, además de audaz, película, que juega con los tiempos y contextos de distintas épocas, fundiéndolos en un solo relato de amor.” Seguir leyendo.

tokio godfathersTokyo Godfathers, por Johan Tábori
“Tres indigentes, en plena noche de Navidad, encuentran a un recién nacido entre la basura. Ellos son un travesti medio mojigato (Hana); su némesis, un alcohólico bastante gruñón (Gin) y una chica de 15 años (Miyuki), la hija que vive en las calles después de una confrontación familiar. Este particular trío recorre las calles, subsistiendo como pueden, sin embargo toman la vida con el buen humor que su ya precaria situación les niega. Al mismo tiempo, la propia ciudad de Tokio, oscura, inmutable y apurada, es el lienzo sobre el cual Satoshi Kon dibuja esta historia.” Seguir leyendo.

tokyo-godfathers-poster Tokyo Godfathers, por John Campos
“Ésta, su tercera película está inspirada parcialmente en otra película: de 1948, 3 Godfathers, de John Ford, basado en la novela corta homónima de Perter Kyne, que es una especie de reconstrucción westerniana del mito de los Tres Reyes Magos. Pero Tokyo Godfathers no se ambienta en el lejano oeste sino en la Navidad de Tokio, marco idóneo para tratar Los Grandes Temas. Narra los desvaríos de tres indigentes, de diferentes edades y procedencias, en el cuidado de un bebé que encuentran abandonado en un depósito. En la peregrinación por encontrar a los padres de la niña, sabremos que ellos son tan desdichados como la criatura abandonada. Es acaso una road movie recorrida a pie, que nos amplía el panorama sobre la poca suerte de sus personajes. La Navidad desde los sufridos suburbios de un Tokio inclemente. Seguir leyendo.”

Humberto de Vargas y Pablo Stoll en el rodaje de 3
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5 comentarios

  1. 28 de Agosto de 2012 at 1:00 — Responder

    Realmente un genio, cada película terminaba siendo una obra maestra, realmente no se porque pero de cuando en cuando siempre recuerdo sus peliculas y me digo a mi mismo, valla no habra película próxima de Satoshi Kon.

  2. Luis Ramos
    28 de Agosto de 2012 at 2:05 — Responder

    En realidad aún falta estrenar Dreaming Machine, que es un proyecto inacabado, por lo que no podríamos considerarla como una obra enteramente suya, igual tendrá algo del genio que Satoshi Kon destiló en todos sus trabajos.

  3. […] Al mismo tiempo, la propia ciudad de Tokio, oscura, inmutable y apurada, es el lienzo sobre el cual Satoshi Kon dibuja esta […]

  4. […] este modo me parece que el director Satoshi Kon continúa la exploración iniciada en Perfect Blue (1998) donde mostró en clave de thriller […]

  5. […] el tercer ciclo de animación japonesa que realiza este cineclub, inicia con Paprika del gran Satoshi Kon, filme muy querido por los fanáticos sobre todo porque esta supone su última obra concluida antes […]

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