Se exhibe “Supay, el hijo del condenado”, filme ayacuchano que tuvo 400 mil espectadores

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Como parte de la investigación que están realizando para la Universidad de Lima sobre el cine que se hace en el interior del país, Emilio Bustamante y Jaime Luna Victoria conversaron con Miler Eusebio Morales, director de Supay, el hijo del condenado, película ayacuchana del año 2010 que ha sido vista por cuatrocientos mil personas en Ayacucho, Huancavelica, Abancay y Puno. Hoy viernes 1 de febrero se exhibe en Lima por única vez en el Centro Cultural del CAFAE-SE (Av. Arequipa 2985, San Isidro) esta interesante cinta de terror que recrea los mitos andinos del Jarjacha y el condenado. La función es a las 7:30 pm. y la entrada es libre.

Miler Eusebio (a la derecha) y parte de su equipo.

¿Antes de hacer “Supay” qué otros trabajos de cine habías hecho?
Cuando era escolar solía ver películas de todo tipo: terror, acción, etc. Un día, en mi zona estaban filmando una película ayacuchana. Me acerqué y me di cuenta de que el realizador era mi primo (se refiere a Mélinton Eusebio). Poco a poco empecé a ayudarlo y fui aprendiendo como se hace un filme. A veces, él y su gente eran bastante celosos con su trabajo. Yo les preguntaba ¿esto cómo es, cómo se hace? Unos me respondían, pero otros no. Así, averiguando, averiguando, uno se entrega a este tipo de arte. Desde niño me nacía todo lo que es arte. En las dos películas de Mélinton he trabajado, Jarjacha y Almas en pena. Viajamos a todos los departamentos de la sierra, apoyé en la distribución, en el rodaje, en la postproducción, en todo. Un día dije “yo quiero hacer mi propio largometraje”, allí mi primo un poco que quiso ponerme su pare. “¡Pero cómo!, ¡podemos seguir trabajando, podemos seguir haciendo películas!, ¡todavía no puedes dejar el trabajo, tenemos un compromiso!”, dijo. Como que se resintió. Pero, como todo ser humano, buscamos la mejora, la independencia.

¿Cómo costeaste el Supay?
Recién estoy terminando de pagar todas mis deudas de la producción del Supay, y eso que hemos filmado en el año 2010. A pesar de que ha sido bastante exitosa la película, sigo teniendo deudas con mi papá, con mis familiares más que nada.

¿Fueron tus familiares los principales financistas de la película?
Al principio los engañé. Si yo le decía: “papá, préstame un dinero para filmar mi película”, no me lo daba. Así que le decía: “me falta en la universidad tal libro para tal curso”. Trataba de ahorrar, así, poco a poco. Y algunas chacritas, terrenos, que yo tengo, que mi papá me había dado, las empeñé. O sea, trataba de captar todo tipo de presupuesto para costear la película.

¿Cuántas personas trabajaron en Supay?
Terminamos con 30 trabajadores entre técnicos, actores, asistentes… Pero iniciamos con 80 (se fueron retirando por diversos motivos).

¿Fue una locación especial la que utilizaron?
La locación fue en mi tierra, Pomacocha. Como era mi tierra, donde había nacido, yo sabía que me iban a apoyar. Nos apoyaron con sus vestimentas, algunos trajes y acceso al cementerio, a las iglesias, a la piscigranja.

¿Cómo elegiste el equipo técnico?
Ya conocía a Carlos Morales y a Luis Berrocal. Como ellos saben más, son más antiguos que yo en el cine, a ojo cerrado les dije: “oye, apóyenme en el trabajo”. Y ellos gustosamente lo hicieron.

Los actores que finalmente elegiste, ¿son actores con experiencia?… ¿Cómo elegiste al niño?
Hay un solo actor con experiencia, el que hace el papel del alcalde. El niño, el actor principal del Supay, es un niño huérfano, de una de una casa hogar. Con él hemos tenido bastante dificultad en cuanto al ensayo porque para cada ensayo había que sacarlo de la institución y era un trámite.

Pero, ¿cómo lo ubicaste, por qué lo elegiste a él?
El personaje principal era un niño. Estuve buscándolo más de un año porque era difícil encontrar un actor así, niño. Me dijeron que en casas hogares había ese tipo de niños. Fuimos a casi todas las instituciones de casa hogares de la ciudad, y me topé con él. En el guión, en la historia de mi película, el niño que busca a su papá es un niño sufrido, es un niño maltratado. En la vida real los niños de las casas hogares también son huérfanos, no tienen papá, no tienen mamá.

¿Puedes hacer un cálculo de cuánto costó la película?
Sí, la película sobrepasa los 40 o 50 mil soles.

¿Escribiste un guión con todos los diálogos de principio a fin o solamente tenías un argumento, nada más; una historia?
Yo había escrito todo el guión, con los diálogos, pero la realidad no me permitía… Un actor profesional te dice el diálogo al pie de la letra pero, como yo estaba trabajando con actores que recién se iniciaban, la realidad misma no me permitía usarlo.

Cuántos días duró el rodaje
Unos 30 días. 15 días de rodaje en el pueblo y 15 días de rodaje en los alrededores de Huamanga.

¿En qué mes estrenaste el Supay?
En mayo… llovió fuerte pero la gente hacia su cola.

¿Dónde?
Acá en Huamanga. Estuvo 12 semanas en el Cine Municipal. Pero hay un colegio que se llama Jean Piaget, donde lo presenté al mismo tiempo. Lo ponía en los dos sitios. Sábado y domingo en tres funciones. De ahí me cortaron. Los colegas, de acá, de la ciudad, porque dijeron “mucha plata está ganando y ya hay que pararlo”. Me cortaron…

¿Te cortaron porque pidieron la sala?
Pidieron la sala. Yo le dije al municipio que tenía para más, inclusive le supliqué, pero ya no quiso, no accedió. El municipio fue muy democrático: “tú ya tuviste 12 semanas y hay que acceder a otro”. El colega pidió 4 semanas, pero su película no duró ni una.

Tú, en la décimo segunda semana, ¿seguías teniendo sala llena?
Totalmente llena.

¿Cuántas butacas tiene?
Tiene 280 butacas.

¿Y el colegio Jean Piaget?
Casi por ahí.

Dicen que te patearon las puertas para entrar al Cine Municipal…
Eran de esas puertas coloniales, grandes; y sus pernos son tremendos… Y eso lo han volado, lo han pateado… Cada perno me ha costado como 300 soles… porque me ha hecho comprarlos el municipio.

Tuviste que pagar los daños.
Sí. Eran pernos coloniales, no encontrábamos. Hemos mandado a hacer cada perno… Sí, en verdad tuvimos bastante acogida, lo que más me sorprendió es que en esas temporadas llovía bastante, con truenos y la gente hacía su cola.
Daba la vuelta a la esquina. La gente no se movía de su cola. Yo decía “cómo hago, como hago, ¿les devuelvo su entrada?”… Me volvía loco en ese momento porque llovía, truenos… Y ellos estáticos allí; y yo me asusté, “cualquier accidente va a pasar acá”, pensé. Y como la gente seguía manteniendo su cola, uno de mi personal les dijo: “ya no hay boletos, hasta aquí nomás, ya se terminó, se llenaron las butacas”. Y peor, la gente reaccionó con más ira. A la siguiente semana, yo pensé: “ya no vendrán con esta experiencia”, pero la gente seguía viniendo.

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Luego saliste de Huamanga, ¿Cuáles han sido los lugares en que tuviste más éxito?
Después de Huamanga nos fuimos a Huanta y a todas las provincias de Huamanga. En verdad, no hubo ningún lugar donde no tuvo éxito la película. Es como una bomba de Hiroshima que se suelta y se expande, y se expande. Iba a Huanta y la gente ya sabía. Iba a Huancavelica, la gente ya sabía, tenía nociones de la película. En Andahuaylas, igual. Inclusive, las salas de cine de Andahuaylas ya me pedían la película. En Andahuaylas tuvimos un éxito similar que en Ayacucho, pero la diferencia es que allá la capacidad es de más de 800 espectadores, pero igual la llenamos.

¿Cuántas semanas estuviste en Andahuaylas?
Dos semanas no más. Eso ha sido mi error porque no sabía que la película iba a jalar tanto. Programé dos semanas y luego ya tenía otra función programada en Abancay; pero si no programaba la otra, seguía por lo menos un mes. De ahí estuvimos en Juliaca, en Puno, en Huancavelica, y luego de allí ya me enfermé. El viaje me afectó, y de allí paralicé.

¿Cuántos meses duró toda esa trayectoria?
Cerca de un año. Prácticamente, todo el 2010 he estado acá en Ayacucho; el 2011 ha sido mi gira. Ya el 2012 mi película ha estado descansando porque también, un poco, a mi familia he descuidado. Traté de descansar, pero igual me siguen pidiendo la película para presentarla en otros departamentos. Pero como yo soy bastante celoso con mi trabajo, no puedo soltar así fácilmente. Me propusieron montos para alquilar por un mes, por una función, por dos semanas, así.

Si la entregas te la piratean.
Sí. Tengo miedo porque me ha costado bastante sacrificio. Como ustedes sabrán, se hace una película en frío, en calor, en lluvia… y recordando esas cosas, no quiero soltarla fácilmente.

¿Y cobrabas igual las entradas en todo sitio?
Había variaciones. Aquí en Ayacucho cobrábamos 8 soles, pero en provincias eran 5 soles. En Puno, en Juliaca, ya ellos tenían su tarifa. Yo dije voy a cobrar 8 soles como siempre. Cobré pues 8 soles en Juliaca, y toda la gente decía “oye, el cine ha bajado, el cine ha bajado de precio”, todos se pasaban la voz, “¿Por qué dicen que ha bajado”, pregunté. Porque ellos manejaban su tarifa a 10 soles. 8 soles para ellos era como una ganga.

¿Puedes calcular el total de espectadores que ha tenido la película, sumando todos los lugares a los que has ido?
Un aproximado de 400 mil, porque aquí en Huamanga ya la he presentado dos veces, estreno y reestreno. En provincia igualito. En Andahuaylas también ya la he reestrenado, como es cerca.

Y a pesar de haber sido un éxito ¿no has recuperado la inversión?
Sí, sí, pero el problema fundamental es que yo, a este trabajo, lo veo concluido con la segunda parte.

Estás esperando la segunda parte para el cálculo completo.
Sí, porque cada vez que voy a presentar la película me dicen: “falta la segunda parte, falta la segunda parte, el niño tiene que nacer”… En el estreno me pedían a gritos la segunda parte. O sea, tengo un compromiso con el público para la segunda parte.

Vas a invertir lo que has ganado en la segunda parte.
Sí. A la segunda parte sí voy a ir con fuerza.

¿Crees que necesitas algún tipo de formación técnica cinematográfica para desempañarte mejor? ¿Llevar talleres?…
Es bastante importante tener ese tipo de talleres, tener nociones del cine, estudios, porque acá en la ciudad habrá al año o a los dos años un taller. A veces por distancia o economía no podemos desplazarnos hasta la capital. Sería bueno pedir al gobierno que nos de talleres seguidos, porque hay en esta ciudad, y en otros departamentos, bastantes talentos que también tienen deseos de hacer cine; pero, a causa de sus conocimientos básicos de cine, no se atreven mucho.

De conseguir ese tipo de formación, ¿qué es lo que más te gustaría aprender?
En verdad, todo.

¿Todo?
Todo. Me gustaría perfeccionarme en cuanto a cámara, guión, luces; de todo tienes que conocer, ¿no?

Entrevista: Emilio Bustamante y Jaime Luna Victoria
Fotos: Archivo Miler Eusebio



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