Estuvimos en el Festival Punto de Vista 2013

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Punto de Vista ha vuelto por todo lo alto. Una edición fantástica de la cual hay muchos hallazgos que rescatar. Varios lo han hecho y de gran manera (por ejemplo NumeroCero y Cinemania). Sólo voy a resaltar un puñado de valientes y hermosas obras que hacen, todas ellas, una apuesta por un cine de guerrilla entendida desde la actitud, desde el gesto, hasta su propia apuesta formal. Algunas son películas creadas por la necesidad de estos tiempos (las más contemporáneas), algunas son películas rescatadas por el festival al tratarse de obras que nos interrogan a martillazos sobre nuestro presente (las más antiguas).

Festival Punto de Vista 2013

Salas llenas en Punto de Vista. © txisti.com.

El encanto del misterio. De no saber hacia dónde estás yendo. De no saber qué es lo que estás viendo. Como un pequeño niño que entra por primera vez a un colegio, guiado de la mano por un cura amable y sonriente que te susurra ¿te gusta tu habitación?, ¿te gusta este salón de juegos?, ¿ya tienes ganas de empezar a estudiar?

Estás en el Monasterio del Escorial, Valle de los Caídos. Los niños terminan la clase y salen a jugar al fútbol bajo la sombra del monumento creado por el dictador Franco. Hechizante y magnífica cruz bajo la cual yacen 35 mil muertos de la Guerra Civil Española. Termina el recreo, regreso a clase y a las preguntas susurrantes ¿ustedes creen en el calentamiento global?, ¿acaso no hemos pasado días de mucho frío hace poco? ¿a quién van a creer, a la religión o a la ciencia? Somos testigos de la perpetuación del horror. Pienso en el preciosismo estético del mejor Reygadas envuelto en una enigmática crónica de lo monstruoso (no tengo otro término para hablar de la iglesia más retrógrada), All’ombra della croce es una película sensual e indignante por igual. Al Top Ten del año.

A ll'ombra della croce

A ll'ombra della croce, de Alessandro Pugno (Italia, 2012)

Los amigos de antes como pozos sin aire. Los amigos de antes: los extraños de hoy ¿Qué ha ocurrido con nuestras vidas? El choque entre infancia y madurez nunca deja de ser terrible. Las miradas que antaño resultaban cómplices ahora lanzan desconfianza, e incluso hostilidad. Las miradas de aquellos que quedan, claro. Porque otros ya se han matado. Y otros simplemente se han largado o nadie sabe -o nadie quiere decir- por dónde están. Qué fue de los otros. En su película Eisenzeit/Ironage, el cineasta Thomas Heise regresa a Eisenhüttenstadt para ver qué fue de ese lugar que aspiraba a ser la “primera ciudad modelo del socialismo”. Ilusiones monumentales que han terminado en espacios abandonados, oxidados. Pero lo doloroso no es el cemento sino las miradas de los que quedan. Padres que transpiran soledad. Hijos derrotados de antemano. Pienso en la Alemania de hoy y en sus cicatrices maquilladas. Hemos puesto demasiada confianza en estructuras tan frágiles.

Eisenzeit/Ironage

Eisenzeit/Ironage, de Thomas Heise (Alemania, 1991).

El cine del futuro ya está grabado. Son esas imágenes que día a día se crean y se acumulan sin supervisión. Pueden ser las grabaciones de las cámaras de seguridad de tiendas y subterráneos que nadie nunca revisará. Pueden ser innumerables minutos de reportajes hallados en alguna emisora local de TV en Sicilia. Material en bruto, colmado de planos erráticos y tomas de apoyo que sólo sirven para rellenar los noticieros. Trozos de vida en el limbo audiovisual, hasta que vienen tres jóvenes italianos a hacer arqueología de la imagen. Ellos recuperan esos archivos televisivos y las cambian de status. Las imágenes erráticas del pasado ahora son una prueba de vida hermosa y dolorosa. Un mito antropológico televisivo puede darnos más lecturas sobre todo un país que cuatro volúmenes de historia. Una nación que palpita en su cotidianidad, llena de temores, reclamos, evasiones y bailes. Una nación que en 20 años no ha cambiado. Pienso en revisar un día los archivos de grandes televisoras peruanas. Revisar el material de nuestras ciudades en los años 80s, 90s. Serían otros los peinados, pero no los problemas.

Un mito antropológico televisivo

Un mito antropológico televisivo, de Maria Helene Bertino, Dario Castelli y Alessandro Gagliardo (Italia, 2011)

Un barrio popular. Una cámara lista. Un cartel en medio de la calle que dice: “Si tienes una canción especial en tu vida, cántala a la cámara”. Cientos de brasileños se apuntan. Lógico. Latinoamérica es un continente que instintivamente dirige su vista al pasado. La nostalgia es parte de nuestro ADN, por lo que a veces nos convierte en soñadores melancólicos o en afligidos subnormales, según el cristal con que nos miren. De los cientos voluntariosos, dieciocho son elegidos para sentarse frente a Eduardo Coutinho y cantar a capella. As canções hace un hermoso repaso de la música más cercana al alma. Señores y señoras vuelven a ser por unos instantes los amantes, las novias, los despechados, las prometidas de antaño. Y recuerdan. Y se quiebran. Una canción de Chico Buarque o de Roberto Carlos como ancla del pasado, como punto de partida para ver lo que ha sido la vida desde entonces. Porque el oído llega a regiones subconscientes que la vista no alcanzará jamás. La sencillez formal de Coutinho (una silla, un telón negro al fondo) amplifica lo sensorial de su película. Es el humanismo habitual de Coutinho frente a sus vecinos y conciudadanos. Pienso en las risas y llantos de este film. Pienso en las personas que van como evasión de la realidad, personas que van al cine para huir de la vida, y no para encontrarla.

As canções, de Eduardo Coutinho

As canções, de Eduardo Coutinho (Brasil, 2011).

Qué importante que es el cine de José Luis Berzosa. Para España y para el mundo. Tiene que serlo, pues es un hombre que desde el exilio ha lidiado con su herencia española a través de la inteligencia y la ironía. No, no es ironía, porque la ironía se acerca más al cinismo mientras que lo de Berzosa es un espíritu travieso y malcriado, pero a la vez muy comprometido. Si a eso añadimos un refinamiento sorprendente, tenemos a un cineasta que hace una película sobre el gran Cid Campeador, símbolo máximo de los valores españoles (ensalzado por el régimen franquista), y asistimos al maravilloso momento en que Berzosa nos muestra uno de los huesos sagrados de tan noble personaje, justo antes de arrojarlo a una calle cualquiera para que un mendigo y un perro se lo peleen. Con el encanto que emana de su aparente ingenuidad, este terrorista de la cultura muerta logra colarse a instituciones sagradas para mostrar el absurdo de militares, políticos, artistas y religiosos. Y no sólo lo hace en España. Pienso en esta película, Berzosa sienta a Pinochet y a su mujer frente a la cámara. El cineasta pregunta a la mujer: ¿Y su marido qué defectos tiene? La esposa responde: Bueno, pues es un poquito dominante. Soberbio.

José Luis Berzosa y Luis E. Parés

José Luis Berzosa presentado por el historiador y crítico Luis E. Parés. © txisti.com.

La revolución más dramática no ocurre en grandes plazas sino en la junta nocturna de vecinos de un desconocido pueblo americano. Esta pequeña comunidad ve cómo a su alrededor todo se distorsiona bruscamente debido a la llegada de una megacorporación. WalMart. La compañía más querida. El segundo hogar de América. Los vecinos discuten sobre las ventajas y desventajas de tener al monstruo en casa y de permitirle una expansión. Save money, live better es el slogan de Walmart, y a ello apelan sus defensores: hay más trabajo, hay más donaciones, hay más “bienestar”. No entienden a esos que hablan de contaminación, de animales en extinción, del desajuste en precios, de las bancarrotas que caen sobre los pequeños negocios. Emociones que tienen su propio tiempo, su propia respiración, mientras contemplamos el ejercicio máximo de la democracia: un ciudadano, una voz. O un eco de voz, porque en realidad esta es una reconstrucción. El director halló la transcripción textual de la audiencia y la recrea minuciosamente. Personas reclamando por sus hogares, sus caminos, sus alimentos. Desencuentros en blanco y negro con aire de farsa por instantes. Pienso en indígenas awajún de la selva peruana, en los comuneros de Conga, Cajamarca. ¿Cuál es la diferencia? No hay. El siglo XXI como época final de estos conflictos. Final, para mal. Porque no se puede vencer en esta batalla, pienso. Ni Walmart ni ninguna otra corporación serán golpeadas jamás por un grupo de vecinos. Sólo hay derrota al frente. Lo único humano que queda es registrar/reconstruir esas voces que dicen No como momento casi único de honor y dignidad.

Sociedades enteras reflejadas en sus edificios vacíos, en sus archivos de vídeo, en sus escuelas, en sus melodías, en sus mitos, en sus documentos públicos. Con una mezcla de entusiasmo y resignación, siento que todas estas son películas melancólicas. Digo con resignación porque no hay en estas obras un espacio para la tranquilidad y parece que ésta nunca llegará. Digo entusiasmo porque la respuesta de estos cineastas es de una vitalidad inspiradora, como es el caso también el de la etnografía a través de la imagen que hace Hope Tucker o el desenmascaramiento social que hace Germán Scelso.

Hay un cine industrial, mojigato, avariento, desabrido, esclavo.

Pero también hay otro cine que hoy en día da la batalla, aunque sean batallas perdidas. Ahí radica la nobleza que nos va quedando.

Larga vida a Punto de Vista por reencontrarnos con ese otro cine.



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