Festival de Sitges 2013: “Why Don’t You Play in Hell?”, más divertido que “Kill Bill”

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Why Don’t You Play in Hell? (Sion Sono, 2013)

Voy a decirlo en una frase para dejarlo bien claro: si eres fan de Love Exposure, entonces Why Don’t You Play in Hell? es JUSTO lo que estabas esperando.

Desde 2008 Sono ha escrito y dirigido cinco películas que no tienen nada que ver con el universo japonés que nos mostró Love Exposure. Ese era un Sono enfermo, pero también rematadamente divertido, un Sono que nos regaló una historia de cuatro horas llenas de risas, violencia, amor y personajes increíbles. Hoy, cinco años después de esa maravilla, ese Sono ha vuelto, tras el estreno de Why Don’t You Play In Hell? De repente, Sono nos envía un aviso, una nota que dice “Hey, no me he ido aún”. Puede que decidirse a dirigir un guión que escribió hace diecisiete años sea una vía de escape, un respiro, pero aun así, está claro que esa fuerza y energía que le llevó a hacer su filme anterior no ha desaparecido. Ni está envejeciendo ni Love Exposure fue cosa del pasado: Sion Sono sigue aquí.

Why don't you play in hell

Está claro que no hay obra en su filmografía comparable a “Love Exposure” pero esta nueva película es una candidata más que cualificada para desbancarla. El resultado de ese viejo guión es un festín maravilloso, un espectáculo colosal de dos horas fugaces. Es inevitable encontrar ciertas similitudes entre “Love Exposure” y esta película, tanto en la forma de narrar -aquí volvemos a ver saltos en el tiempo- como en los personajes. En la primera teníamos a Yu, con el mismo optimismo y obsesionado en encontrar a su María. En “Why Don’t You Play in Hell?” se presenta a un personaje cinéfilo obsesionado con hacer una masterpiece, con tanto optimismo que raya la ceguera.

Dos personajes que son mezcla de inocencia y valentía, y a los que se les permite conseguir sus metas de cualquier forma. Otra similitud está en los personajes femeninos: en ambos largometrajes el personaje femenino principal -y los secundarios también- son personajes activos llenos de carácter, siempre más fuertes y potentes que los masculinos. Incluso, en “Why Don’t You Play in Hell?” el personaje femenino es el motor, la razón por la que el resto de personajes se mueve (menos el cinéfilo cuyo único motor es el amor por el cine).

Why don't you play in hell?

Como en “Love Exposure”, las vidas y objetivos de los personajes convergen en un objetivo común. En el caso de “Why Don’t You Play in Hell?” el objetivo de todos es hacer una película sobre la batalla final entre dos bandas de yakuzas. Así, Sono parodia el cine yakuza, convirtiendo a los miembros de sus bandas en sonidistas, cámaras y actores. Nos muestra a los legendarios mafiosos japoneses como miembros del equipo técnico de un filme, dentro de un filme. No solo eso: todos los personajes están convencidos y decididos a hacer una película que implica la muerte de todos ellos. Es en lo absurdo, incluso naif, de esta situación en lo que reside lo hilarante y brillante de la escena de la batalla final. La violencia se justifica porque es una historia de yakuzas, pero es una violencia divertida. Es imposible ver esa escena sin reírse. No hay drama. Incluso cuando hay posibilidad de ponerse cursi, Sono le da la vuelta y nos hace reír. Es inevitable relacionar esta deliciosa exposición de violencia cómica con Kill Bill (Tarantino, 2003-2004), aunque me atrevería a decir que Sono resulta mucho más divertido que Tarantino.

A fin de cuentas, “Why Don’t You Play in Hell?” es una película dentro de una película y, de esta manera, Sono hace un homenaje al cine. La pasión por el cine puede mantener a un grupo de adolescentes esperando realizar una masterpiece durante diez años. La ilusión por rodar puede conseguir que dos bandas de yakuzas lleguen a un acuerdo mutuo para filmar sus propias muertes. La última escena muestra al cinéfilo corriendo con películas bajo los brazos, victorioso y feliz. Se oye un “corte” que es el real, el de la película que estamos viendo y el personaje deja de correr.

Sono se ríe de todos, pero no se ríe del cine porque, al final de la película, el cine se salva. El cine es el único superviviente.

Rocío Quillahuaman – @rocionoseque



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