Balance 2013, según Fernando Vílchez

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“El cine que me gusta es el que es inmune al spoiler”
@workroomfilms

Las luces de la sala se encienden y arrancan los aplausos. El presentador invita a salir al director de la obra que acabamos de ver. Me espero un artista conceptual consciente de sus méritos, un señor de aires profundos, grave discurso y barbas descuidadas. En su lugar aparece un muchacho tímido y sonriente, un adolescente al que imagino jugando todo el día con la play en lugar de estar grabando, de manera meticulosa, cuadro por cuadro, cada día durante más de un año, la destrucción de los minerales. Su cortometraje es, desde luego, una maravilla y no pasó desapercibida en Rotterdam. Pero me quedo con su actitud.

Caminando en medio de los matorrales de Cusco, Apichatpong se transforma en
un personaje de sus películas.

Meses después, algunos amigos caminamos despacio frente al brumoso mar de La Punta. Charlamos sobre el cielo, los amores, nuestros padres, la infancia. Apichatpong Weerasethakul camina con nosotros y es quien más se sorprende al oír ciertas historias. La suya es una curiosidad tierna y natural. Su trato, gentil y generoso, totalmente opuesto a la colectiva hostilidad limeña. Llega al final su viaje por el Perú y la humildad que lleva encima ha cultivado amigos en Cusco, Chiclayo y Lima. Lejos de las actitudes y poses que uno esperaría de un cineasta tan consagrado, la humildad del tailandés es honesta e infranqueable. Apichatpong es una persona que da luz.

Estos dos momentos, estas dos sensaciones son las que me persiguen a lo largo de 2013. No tanto las películas, sino la actitud. No tanto los autores, sino los gestos. Este año ha sido lleno de viajes, festivales, celebraciones y proyecciones, sin embargo por momentos he sentido que el cine estaba cada vez más lejos de todo ello. El cine perdiendo terreno frente a esa otra actividad llena personas que solo viven para hablar de ellos, de sus éxitos y sus guerras. Triste panorama donde cada vez se habla más de las personas y menos de las películas, donde se balbucea más y se reflexiona menos. Una cosa es, pues, el cine y otra, muy distinta, el mundo del cine.

Y, sin embargo, frente a estas posturas, existe aún la humildad y el trabajo. Grandes artistas dedicados a su labor como Takashi Makino, Jodie Mack o Alberto Cabrera Bernal. Estupendos críticos que viven para disfrutar, defender y difundir el cine que los cautiva por encima de ellos mismos, como Bee Thiam, Aaron Cutler, Wai Ho o Javier H. Estrada. Cineastas con méritos que pocos alcanzarán pero que ellos ya olvidaron, pues lo importante es el cine como arte y no como carrera, cineastas como Nathaniel Dorsky, Sylvain George, Eduardo Coutinho, Thomas Heise o el ya mencionado Apichatpong. En todos estos nombres (y varios más que ahora, por las urgencias, olvido) he encontrado la devoción y el compromiso que exige este arte que, desde hace años, a todos nos cambió la vida para siempre. Al final, gracias a personas como estas, ha sido un gran año. Si cada vez sonrío más es culpa de los amigos.

*

Para el cine peruano, en cambio, el 2013 no ha sido un gran año. Tampoco fue malo, pero está lejos de ser el boom que no pocos ven. Puesto en perspectiva, es un año, sí, alentador dentro de todo. El año cuando una película peruana, Asu Mare!, batió todos los récords de taquilla en la historia de nuestro cine. El año cuando un cine–diario como El espacio entre las cosas llegó a la cartelera, convirtiéndose en el estreno más inusual en décadas. El año en que el documental peruano y las salas comerciales se reencontraron, y con éxito, generando salas llenas y mucho entusiasmo con Sigo siendo y, debo decirlo, La espera.

El espacio entre las cosas, de Raúl Del Busto

Pero hablar de esto no es más que hablar de taquilla, cifras y espectadores. Es una norma de la industria desde que nació, una norma que casi todo el mundo parece asumir: cuando una película tiene baches inocultables no se habla de ella sino de sus cifras, número de salas, ventas, nuevas cámaras, técnicas anti–gravedad, 3D, de lo que sea, menos de la película. Los recientes taquillazos del cine peruano ayudan a evaluar el panorama desde esta perspectiva única (y pobre), a tal punto que la propia Ministra de Cultura haya afirmado, hace pocos días, que el cine peruano ha mejorado sin necesidad de cuota de pantalla.

¿El cine peruano ha mejorado? La ministra habla desde las cifras y sigue la línea de este infame editorial de El Comercio donde se insiste que no hace falta proteccionismo en nuestro cine. El 2013 será el año en que Asu Mare! consiguió no sólo una gran taquilla sino también que un grupito de pseudoliberales saliera de su caverna y saltara en un pie: ¿ya ven?, el cine peruano que es atractivo, que es bueno, que sí vale la pena, ese cine sí tiene público; las películas culturosas e intelectualoides fracasan porque no llegan a la gente; por ello el Estado no tiene que subvencionar de manera alguna al cine.

Copio aquí las palabras que mi amigo Robinson Díaz escribió entonces en su Facebook, palabras llenas de valor y sensatez:

Ahora la palabra cultura es una mala palabra. ¿Desde cuándo cualquier intento de hacer algo profundo, inteligente y perdurable es malo, “culturoso” e “intelectualoide”? No estoy en contra de las películas ligeras, pero pretender que el cine sólo es entretenimiento es de una ignorancia extrema. ¿Alguien en su sano juicio piensa que los libros sólo deben ser de autoayuda o similares a la saga Crepúsculo? Me escandaliza algunos comentarios que sugieren que el cine sólo debe entretener a la gente, ¡incluso sin hacerlos pensar!

Ahora, ¿el Estado debe preocuparse por la formación cultural e intelectual de sus ciudadanos? ¡Desde luego que sí! ¡Es una tarea fundamental! El editorial de El Comercio revela una espeluznante pobreza de raciocinio en pos de una defensa del modelo liberal de economía. Asu Mare! será la película más exitosa de los últimos años, pero ¿desde cuándo la calidad de una cinta se mide por su taquilla? ¿Cuántos filmes que son patrimonios culturales de la humanidad han tenido una magra recaudación y sólo se han podido realizar bajo protección del Estado? Ya he leído a “analistas” cuestionar a los críticos cinematográficos y estudiosos de cine por sus “elitistas” preferencias en materia cinematográfica, para luego reivindicar los “gustos populares”. Si pudieran, ellos derrumbarían toda la obra de Orson Welles y Tarkovski e impondrían a Los Vengadores como la obra maestra del cine mundial de todos los tiempos.

Que se entienda bien: una gran película tiene el mismo valor que un gran libro. Es fuente de conocimiento, remueve conciencias, ayuda a modelar la sensibilidad y estimula el raciocinio y la inteligencia. Si se espera que todas las películas sean taquillazos que sólo buscan entretener y adormecer al público, pues será el fin de un arte y eso sólo traerá pobreza espiritual a la humanidad.

Se debe fomentar todo tipo de actividad cultural que sea provechosa para los ciudadanos, entre ellas el cine. Y con eso no se obliga a nadie que vea una película.

No sólo especialistas, también lectores del diario se mostraron en contra de tal editorial.

Desde luego, esta es una batalla de largo aliento y habrá nuevos capítulos el 2014. Pero, más allá del debate de cifras y cuotas de pantalla, hace falta discutir sobre el nivel expresivo de las obras. En ese aspecto, aún tenemos camino por recorrer juntos. Todavía estamos en una etapa de pubertad. La actividad crece, cada vez hay más películas, pero estamos haciéndolas con cierta ingenuidad aún. Realizar un taquillazo no significa llevar la televisión a la pantalla grande. Hacer una película sobre los años 80 no significa hacer cine ochentero. Desear hacer una película coral no significa tener que mostrar a todos y cada uno de los personajes existentes de una ciudad. Hacer terror para adolescentes no significa asustar de manera naif. Intentar hacer cine indie–libre–de–bajo–presupuesto no implica ni amateurismo ni falta de rigurosidad. Hacer un documental oenegero no significa quedar atrapado en las normas del especial televisivo… Sea la película más comercial, sea la película semi–experimental, estamos aún en crecimiento, en ciernes de lo que podría ser, dentro de pocos años, una maduración de la obra de no pocos valiosos cineastas de nuestro medio.

Porque hay tropiezos pero, sobre todo, hallazgos. Y estamos frente a nombres que están llamados a continuar su actividad y seguir haciendo películas: Omar Forero, Raúl Del Busto, Adrián Saba, Dorian Fernández–Moris, Karina Cáceres, Farid Rodríguez, Sofía Velásquez, Carlos Sánchez, Mauricio Godoy, Rossana Díaz, Gonzalo Benavente, nombres que buscan y, por lo tanto, encuentran. Es, repito, un año alentador, pero no por las cifras sino por las intenciones. Son nombres a seguir. Y, desde luego, a proteger: tanto de la crítica vacua como de los elogios excesivos. Los mejores trabajos están por venir y esas son buenas noticias.

*

Las cintas favoritas del año: Elijo desde la emoción, las que me hicieron descubrir o repensar nuevos aspectos del cine, las que no importa si son grandes obras o películas imperfectas, me recordaron que hacer una película es un acto de amor.

(Retiro de esta lista las que fueron seleccionadas para Lima Independiente, pues está claro que no sólo son fascinantes sino que en el festival vivimos por y para esas películas durante buena parte del año)

Tabú, de Miguel Gomes y August and After, de Nathaniel Dorsky.

1. Tabú + Redemption, de Miguel Gomes.
2. August and After + April, de Nathaniel Dorsky.
3. Norte, The End of history, de Lav Díaz.
4. E Agora? Lembra–me, de Joaquim Pinto.
5. El futuro, de Luis López Carrasco.
6. Computer Chess, de Andrew Bujalski.
7. Gebo e a sombra, de Manoel de Oliveira.
8. Fantasmas de la ruta, de José Campusano.
9. A touch of sin, de Jia Zhangke.
10. Passion, de Brian De Palma.

Otros títulos que podrían estar, según otros criterios: Història de la meva mort, de Albert Serra / Museum Hours, de Jem Cohen / The Unspeakable Act, de Dan Sallitt / Viola, de Matías Piñeyro / Dos metros de esta tierra, de Ahmad Natche / La grande bellezza, de Paolo Sorrentino.

Además, otras selecciones personales:

Favoritas de la cartelera peruana
1. The Master, de Paul Thomas Anderson.
2. Las hierbas salvajes, de Alain Resnais.
3. Killing Them Softly, de Andrew Dominik.
4. Le Havre, de Aki Kaurismäki.
5. El conjuro, de James Wan.

Películas peruanas
1. El espacio entre las cosas, de Raúl Del Busto.
2. El limpiador, de Adrián Saba.
3. Chicama, de Omar Forero.
4. Una semana con pocas muertes, de Farid Rodríguez.
5. Zoom, de Mauricio Godoy.

Descubrimientos del año
1. Getting to Know the Big Wide World, de Kira Muratova (y el resto de su cine).
2. Material, de Thomas Heise.
3. Hours for Jerome Part I y Part II, de Nathaniel Dorsky.
4. L’ordre y Méditerranée, de Jean–Daniel Pollet.
5. Lejos de los árboles, de Jacinto Esteva.

Ahora, un revolcón (ya incluyo las queridas películas de Lima Independiente):

Gloria, de Sebastián Lelio; La grande belleza, de Paolo Sorrentino; Avanti Popolo, de Michael Wahrmann y El mudo, de Diego y Daniel Vega.

El director del año: Raúl Perrone.
Un amor a primera vista: Avanti Popolo, de Michael Wahrmann (también, el mejor intro del año).
Mi película punk: O quinto evanxeo de Gaspar Hauser, de Alberto Gracia.
La joya: Montaña en sombra, de Lois Patiño.
Mi película activista: Public Hearing, de James N. Kienitz.
Una actriz: Paulina García (Gloria, de Sebastián Lelio).
Un actor: Toni Servillo (La grande bellezza, de Paolo Sorrentino).
Un cortometraje peruano: El acompañante, de Álvaro Delgado–Aparicio.
Un cortometraje español: Buenos días resistencia, de Adrián Orr.
El libro que he subrayado más, y a placer: Un mirlo dorado, un ramo de flores y una cuchara de plata. Entrevista a Pedro Costa.
El libro que aún no me atrevo a subrayar, no sé por qué: El cine de la devoción, de Nathaniel Dorsky.
El pack de DVD: Jonas Mekas. Diarios (Intermedio).
El premio para el cine peruano: Fernando Bacilio, Mejor Actor en Locarno 2013 por El mudo, de Diego y Daniel Vega.
Cuatro títulos peruanos para el 2014: El mudo / NN / Regreso al templo del sol / Lima 2020.
El fraude: La inacabable trilogía de Peter Jackson. Cada vez se nota más el descaro.
Un hype: el de La vie de Adèle en Cannes o por donde sea que vaya.
La empresa productora: Zeitun Films. Si aquello del “nuevo cine gallego” se ha convertido en algo grande es gracias a esta arriesgada productora.
Un festival bonito: El Images Festival, de Canadá.
Un blog: Desistfilm.
Una masterclass: Ecos del Silencio/Furia de la Inmanencia, clase magistral de Sylvain George en Lima Independiente.
La foto cinéfila: Apichatpong autografiando sus obras pirateadas en Polvos Azules.
Una frase: El cine independiente no puede permitirse ser falso, no tiene ese derecho, porque ya existe otro cine que es falso. José Campusano, inauguración de Lima Independiente.
Lo lamentable: Las declaraciones del director del Festival de Cine de Lima en contra de Lima Independiente.
Un soundtrack: el de Spring Breakers, de Korine.
Un póster: el de The Wind Rises, de Miyazaki.
El mal: La endogamia (camaradas de España, Perú y otros países: no todas las películas de sus amigos merecen siempre el cartel de “obra maestra”, esto sólo causará un gran daño a largo plazo).
Un canal de Vimeo: Cameraless Film Art.
Cuatro cuentas de twitter: @kinodelirio, @rpedraz, @periferias y @migblah.
Quisiera visitar un día: El Sensory Etnography Lab de Harvard, dirigido por Lucien Castaing–Taylor.
El país: A pesar de sus problemas, Portugal, Portugal y, otra vez, Portugal.
La libertad: el cine que hacen John Torres, Shireen Seno y Xurxo Chirro.

Un 2014 de cine para todos.

The Wind Rises, de Hayao Miyazaki.



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3 comentarios

  1. Eduardo dice:

    ¿”La vida de Adele” el hype del año? Que gracioso, justo la palma de oro más sobrevalorada que recuerdo es “El tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas”. No he visto varias de las mencionadas, pero la pela de Abdellatif Kechiche supera con roche a las que sí he visto y definitivamente es la mejor del año.

  2. Carlos dice:

    Desde que considera a la EXTRAORDINARIA “El Hobbit” como “fraude” su análisis (¿?) pierde toda credibilidad.

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