“Philomena”, rescate de justicia y memoria

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El eje de Philomena, filme de Stephen Frears, tiene similitudes con recientes obras del realizador británico, como The Queen y Sra. Henderson presenta, donde las duplas Helen Mirren / Michael Sheen y Judi Dench / Bob Hoskins encarnan a la Reina Isabel y Tony Blair, y a dos emblemáticos promotores del teatro londinense, Laura Henderson y Vivian Van Damm, respectivamente. Esta vez, Steve Coogan y nuevamente Dench asumen los roles de Martin Sixsmith y Philomena Lee en esta coproducción franco–anglo–norteamericana.

Philomena, Judi Dench volviendo a mirar el pasado.

Son recreaciones de hechos reales –en esta ocasión adaptando The Lost Child of Philomena Lee, el libro del periodista Sixsmith–, que propician relatos de alta dramatización, con estrategia narrativa muy clara desde el principio, énfasis en la composición de personajes, centrados en un hombre maduro y una mujer de avanzada edad que desarrollan tensas relaciones de poder y, hasta cierto punto, de colaboración mutua.

La Philomena del título es una anciana irlandesa, ferviente católica ortodoxa, que de pronto decide profundizar la búsqueda de su hijo, que ya tendría 50 años de edad, quien aún infante le fuera arrebatado en sus años juveniles por un convento con el pretexto de no estar casada. Sixsmith es el profesional de la pesquisa que, en momentos de paréntesis laboral, toma contacto con ella y, luego de dudarlo inicialmente, se zambulle en su conmovedor testimonio.

El proyecto tiene una pronunciada participación de Steve Coogan. No sólo actúa, y se aleja de sus papeles habituales, que mayormente han sido de comedias y a veces secundarios (Alan Partridge: Alpha Papa, Noche en el museo, La vuelta al mundo en 80 días, Tropic Thunder, etc.), es además uno de los productores y guionistas, esta última función al lado de Jeff Pope (The Last Hangman, Essex Boys), y fue quien compró los derechos a Sixsmith para llevar la historia al cine.

Haciendo lo posible por no revelar datos claves, podemos decir que la narración tiene tres tiempos notoriamente delimitados: el descubrimiento de Sixsmith del caso, tratando de encontrar un ángulo “comercial” y adecuándose a la conducta de Philomena, mostrando los escrúpulos que el mismo Frears hace suyos; un primer hallazgo importante en Estados Unidos sobre el vástago perdido y sus efectos, armando una cronología y un mapa de su vida en ese país; y el tratamiento que ambos le dan a la serie de detalles que van obteniendo en la investigación. Esos retazos vivenciales configuran el tercer gran personaje de la cinta, el hombre en off (Sean Mahon) cuya existencia es perseguida primero por el fanatismo religioso y luego por el oscurantismo político, formando parte sintomáticamente del gobierno republicano de Ronald Reagan.

Frears conduce con preciso pulso a sus intérpretes, graduando emociones y dosificando energías, y por supuesto dando a Judi Dench la oportunidad de un lucimiento natural, entre maternidad doliente, incertidumbre, desubicación por salir de su pequeño espacio, discreción, fragilidad, fe religiosa y confianza ciega en determinadas personas. Aquello contrasta con el perfil de Sixsmith: pragmático, cosmopolita, ateo, temperamental y ávido de información impactante. Así el autor sutilmente traza una trayectoria física, ideológica y emotiva, acercando los puntos de vista de sus protagonistas y fusionándolos alrededor del desprejuicio, la tolerancia y el respeto a la dignidad humana.

A pesar de mostrar situaciones límite, Frears no carga demasiado el tono y lo mantiene seco. No llega a haber explosión y se hace más desgarrador el tormento, en la ambivalencia de locaciones amplias, tan abiertas en el campo irlandés y la urbe estadounidense, y tan rígidas y constreñidas, como el auto en que Philomena y Martin viajan, el hotel estadounidense donde se hospedan –incluso con maniobra “filial” de emergencia–, el confesionario en el que la señora ya se siente vacía y, esencialmente, la sede católica en la que hurgan en medio de pasadizos y patios entrecortados por puertas, habitaciones y barrotes que esconden los peores secretos y pecados.

Steve Coogan, Judi Dench y Sara Stewart en Philomena.

Philomena es, pues, finalmente, un canto a la libertad de notable factura, un lamento, una expresión universal de apego por los sentimientos más nobles y primarios, y un grito contra la injusticia más primitiva también, caverna incluida.



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