Cannes 2014: “Dos días, una noche”, el problema (es) de la clase media

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La distancia del sujeto observado, el tiempo de los planos, el corte directo del sonido y la general poca profundidad de campo, conformaban el viejo y preciso mecanismo con el que los hermanos Jean–Pierre y Luc Dardenne solían observar a sus héroes de las clases bajas francesas para poner en discusión el ethos europeo. A Dos días, una noche, le han dado más aire de plano, paneos que preceden al movimiento del personaje, unos cortes menos abruptos, e incluso alguna que otra secuencia donde se puede hablar de música empática que no termina de disfrazar bien su diegetización.

Marion Cotillard en 'Deux jours une nuit', de los hermanos Dardenne.

También es cierto que la exploración es sobre la clase media y la heroína, interpretada por Marion Cotillard, es la de la tan reverenciada clase trabajadora. Entonces podría establecerse alguna lógica de los aspectos formales de esta nueva puesta en escena entre el aire que da y el espacio menos asfixiante y más lleno de cosas en el que habitan estos personajes frente a los protagonistas de El niño o Rosetta, o acuñarle esta bienvenida de recursos a una consecuente vida menos urgida, más laxa.

Pero, si bien a Cotillard no le creo absolutamente nada cuando dice parlamentos sola como pésimos monólogos de un desbordado estado mental, y descreo de que una actriz ultra conocida pueda llevar a cabo a una suerte de Evita de la clase media, los Dardenne dan en el clavo en un tema poco explorado: el dolor en el trabajador post moderno de la clase media. En tiempos del debate sobre cuál filosofía debería imperar en tal o cual sociedad el dolor se hacía físico, las medicinas eran para cortar el sangrado, evitar la infección. De un tiempo a esta parte, asentado determinado sistema político–económico–social, el dolor está en el espíritu, los oficinistas toman aspirinas y antidepresivos, los gerentes pastillas para dormir, ansiolíticos, y luego todos atienden a las conductas sociales por encima de las del desempeño dado que la única constancia de la sociedad de clases es la necesidad de la diferenciación crónica. Lejos el tiempo del conflicto beligerante del entramado social, más lejos en la Europa actual que revisa ahora sus beneficios sociales, sus migrantes, sus zapatos en tiempo de crisis.

El personaje de Cotillard viene de una depresión y a punto de perder su trabajo busca hacer una votación por sus compañeros: si gana se queda y el resto se queda sin un bono de 1000 euros, si pierde se va y hay bono. Pero los Dardenne saben de lo que hablan: perder el trabajo no es perder las manos, ser expulsado del país, morir. Su personaje se vuelve ridículo tratando de suicidarse por perder un empleo, igual que agredir a una esposa por no poderse pagar la expansión del jardín, traicionar a alguien por tener un empleo, o ser una mierda en general por hacerse de un poco más de dinero a alguien que no se ve contra las cuerdas. Y solo ahí es cuando no parece precisa la propuesta para estos temas, y quizá porque es un tanto difícil imaginar mejores recursos para banalizar los problemas de una clase tan distante, plana, muy revisada, e insípida.



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2 comentarios

  1. antoinelegrand dice:

    A veces siento que la principal variante entre que a alguien le guste una obra de arte o no, es en qué medida se ve reflejado en ella, y eso tendrá que ver con su propia historia de vida, experiencias, opiniones, etc y todo lo demás que uno va llenando en silencio mientras dura la ficción. A algunos les paracerá insípida, monótona, insuficiente, el paso a la adultez del niño clase media de Boyhood. Mientras con Deux Jours… se sienta comprometido, dolido enternecido, por la odisea en búsqueda de la salvación personal en medio de distintas posturas razonablemente crueles , que cuenta esta historia, cosas que pasan…

    • Carlos dice:

      Gracias por leer Antoine,
      me parece que medir una obra de arte necesita siempre un proceso de contextualización y de análisis antes de una valoración por asociaciones ideológicas. Dicho esto sí puede ocurrir que algunas obras merezcan la atención o no según lo que en ella ocurra, razón por ejemplo para que escriba este artículo antes que uno de Boyhood dónde no he encontrado nada que valorar o desmerecer y ciertamente escribir desde la indiferencia es algo que felizmente no me ha tocado hacer.
      Finalmente déjeme decirle que estoy interesado en los mecánismos que hacen funcionar a una película antes que en los temas, y ya que menciona Boyhood, me parece que su reto de puesta en escena se vuelve formalista y conservador al atarse tanto en la evidencia del paso del tiempo y que creo que ha descuidado mucho el drama y lo hace predecible y aburrido al llenarlo de antecentes e indicios, y otorgar una historia que se movliza siempre a partir de grandes momentos y puntos obvios de la vida del protagonista. Puede ser también, cómo dice usted, que sea mi naturaleza valorar más lo sutil.
      Saludos.

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