Cannes 2014: “Still the Water”, en detrimento del incienso

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Entregarse a una masa acuosa donde habita la vida, la muerte, la sensación del orgasmo, el tiempo, la trascendencia de la existencia, la descorporización del espíritu, es un tema recurrente en compatriotas de Naomi Kawase, que ha presentado en Cannes Still The Water; es bastante conocido por varias publicaciones bestsellers, de donde podríamos encontrar citas literales de estos accesos físicos hacia lo intangible como en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o 1Q84. No hablo de un plagio, sino un relato común.

'Still the Water', de Naomi Kawase.

También podríamos encontrar una perspectiva común, la del chamán, al que ella misma ha llevado a su película, y daríamos con otros bestsellers como El tao de la física o los de Leonard Susskind. El valor de la autoría es llevar a cabo la puesta en escena de una voz, que por default impregna una cosmovisión, por lo que poco importa si los temas se hayan archivisto, aun cuando se esté o no de acuerdo con ellos. Habría que poner el ojo en los mecanismos. Y ahí no hay mucho.

El inicio de la película es la degollación de un carnero. Luego la celebración de un rito donde se comerá su carne. Después el mar. Está siempre el intento del montaje de atracción por corte directo, en función a llegar a una latencia de la convivencia de todos los elementos en un gran ALGO, que es representado alegóricamente acá por el mar. Puede funcionar, sería buenísimo saber qué diría Kuleshov. Luego está el hecho que Kawase desprecia elementos de la construcción narrativa, a la que tal vez ella vea como sesgadamente clásica, para centrarse en el ejercicio de unir estas cuerdas (¿alguien dijo teoría de cuerdas?), entonces poco le importa la continuidad, el ruido que genera sus cámaras de video, la pomposidad de los diálogos o el nivel de las actuaciones.

Pero primero, ya ha decidido tener un guión, luego ha hecho que éste se haga de personajes todos al borde: una madre que se muere, un padre que se queda solo, dos niños en ebullición sexual, y atrás un asesinato y hasta un tifón, ¿y todo para decir luego que le importa poco cómo dicen lo que dicen sus personajes? Se adivina la comodidad retórica con tufo a pachuli: tú ves lo que no debes ver porque no llegas a entender que aquí está la vida misma. Aún con la importancia que se crea tener de cierta información que se devela, la película dura el total de su tiempo y la componen el total de sus elementos.

No hay tal cosa como grandes momentos, o ideas, que salven a una película, como tampoco hay películas con grandes construcciones que salven un discurso miserable como las más conocidas de Leni Riefenstahl. Y digo información porque es lo que otorga esta película cuando se tienen estos descuidos, a propósito o no, dado que Kawase no estaría intentando crear un nuevo nivel de significación, y por ende apuntando a alguna brecha para el lenguaje, sino que simplemente estaría garabateando sus adicciones. Un carnero puede morir para una ficción, mueren millones para alimentar sabrosas mesas, pero no ayuda a mi digestión el que algunos lo hagan por pura propaganda.



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