“Fantasmas de la ruta”, de José Campusano

Fantasmas de la ruta, del argentino José Campusano, fue presentada en la Sección Internacional del reciente Festival de Lima Independiente, donde obtuvo un premio especial por el jurado joven. En principio, tras sus otros largometrajes Vil romance, Vikingo y Fango, nos muestra ahora esta obra visual de estética auténtica y suburbana, proyecto que fue creado originalmente para unas miniseries, ganadora de un concurso de contenidos audiovisuales digitales organizados por el INCAA y SATVDT (un estado argentino con una ley de cine real que sí apoya a diversos cineastas de periferia).

'Fantasmas de la ruta', de José Campusano.

El trabajo final fueron 13 episodios, basados en la trata de personas como tema principal. Finalmente se pudo montar una película extensa de 210 minutos, que al verla no se siente en absoluto la larga duración. El director Campusano nos narra de una forma casi real una de las periferias bonaerenses con valentía, sinceridad y absoluta sensibilidad. Basado en hechos reales, con un sólido guión, el realizador construye un universo de pequeñas historias, con problemáticas sociales verídicas de la trata de personas para someterlas a la prostitución y al tráfico de drogas clandestino.

Fantasmas de la ruta es una puesta ambiciosa en cantidad de historias, personajes y dimensión de producción. Si pudiera criticarse algo a las películas de Campusano sería el pobre nivel interpretativo, ya que es parte de su estilo trabajar con no actores, aunque ya viendo sus filmes anteriores ésta sería una marca de autor, ya que esa carencia interpretativa, es cubierta con la importancia que se da en la potencia, contundencia, convicción y credibilidad global del arte visual narrativo, siendo un resultado fenomenal, la historia mixta de los motociclista de Legión y Vikingo, a la par de la historia de una joven de 19 años que es secuestrada y obligada a prostituirse por una red en todo el país dedicada a la explotación sexual con contactos directos con la policía. Una película de visión obligatoria, que propone una narrativa creativa y audaz con convicciones muy profundas del director.

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