“Las niñas Quispe”, de Sebastián Sepúlveda

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Las niñas Quispe es el segundo largometraje de Sebastián Sepúlveda, que narra una historia real, ocurrida en el norte de Chile, a pocos meses después del golpe militar de 1973, que fue filmada a 3800 metros de altura, con imágenes cargadas de belleza visual de la mano del director de fotografía Inti Briones, que recibió un premio como mejor fotografía en el reciente Festival de Lima.

La propuesta de emplear luz real y un sonido hipnotizador llegado del viento, del silencio de las montañas, genera sentimientos de absoluta tristeza y desencanto, de renuncia, de abandono. Las niñas Quispe es una cinta cargada de sutileza que nos cuenta la dura y pobre vida en el altiplano de las 3 hermanas Quispe, las cuales sobreviven gracias a un rebaño de cabras y ovejas que atienden en un rincón perdido de su país. Ellas al sentirse que pueden quedarse sin su rebaño, sin su único sentido de vida, toman una trágica decisión.

El filme, protagonizado por Catalina Saavedra (La nana, Old Cats) y Francisca Gavilán (Ulises, Violeta se fue a los cielos), muestra mujeres íntegras, que no permiten injusticias, alejadas de los hombres, y viven en su monte con absoluta dignidad, algo que ya no vivía su país que estaba en plena dictadura llena de incertidumbre. Muchos se exiliaban como lo hizo el propio director en esa época. “Mi familia se exilió con la dictadura cuando yo tenía apenas un año y vivimos en Europa hasta que nos dejaron volver en 1981. Chile me parecía un país feo, triste y terrible. Un ambiente enrarecido y opresivo en el que nadie estaba seguro si la persona que teníamos enfrente avalaba o rechazaba el terror”, son frases de Sepúlveda.

Se trata de una narración abstracta, entre claroscuros y vientos que recorren a las Quispe, campesinas acostumbradas a su hábitat, diálogos austeros, muy minimalistas en su búsqueda, sobre todo con una dignidad que devoran el miedo a la muerte. Quizás la poca claridad en sus textos distrae al espectador por el proceso de entendimiento, pero ese no es impedimento para disfrutar la obra. Ese primer plano de cada una de las cédulas de identidad de las Quispe, nos lleva a un inesperado triste final. Las niñas Quispe te apenan por la fatalidad de sus vidas, la pobreza y la desolación, son como fantasmas que quedaron en las montañas de ese tiempo.



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