“Caminando entre tumbas”, Liam Neeson sigue disparando

Inolvidable en La lista de Schindler de Steven Spielberg, cinta que le hizo ganar el Oscar en 1993, el norirlandés Liam Neeson ha priorizado desde hace varios años, en filmes como Desconocido, Non–Stop y la saga Taken, la acción acompañada de melancolía, traumas irresueltos y grandes aptitudes para afrontar, como agente policial o de los servicios secretos retirado o en actividad, secuestros, balaceras y conspiraciones, a menudo en metrópolis europeas.

Caminando entre tumbas (2014), la segunda dirección de Scott Frank, quien debutara en 2007 con el thriller The Lookout, ocurre en New York en los años 90. Matt Scudder, un detective privado que actúa sin licencia y arrastra las huellas de su alcoholismo y el triste desenlace de su carrera policial, de pronto es buscado para que persiga a los asesinos de la esposa de un traficante de drogas que había cumplido con pagar por su rescate.

El autor tiene experiencia amplia como guionista, al lado de Jodie Foster (Little Man Tate), Steve Soderbergh (Un romance muy peligroso), Kenneth Branagh (Dead Again) y Steven Spielberg (Minority Report), entre otros.

Sin embargo, su historia, a partir de la novela homónima de Lawrence Block, A Walk Among the Tombstones, no tiene fluidez en el enganche de Matt con el caso que le encargan, enredado entre preámbulos y escalas. Tampoco en la vinculación que desarrolla luego con el adolescente TJ, personaje innecesario que se pretende usar como pareja “policial” y parte del taciturno paisaje neoyorquino, que el rumano Mihai Mălaimare, Jr., director de fotografía de The Master y Tetro, y el director de arte Jonathan Arkin, registran decadente, penumbroso, seco y sin brillo alguno. Ese cuidado en áreas técnicas y diseño de producción en general son apreciables méritos de la apuesta de Scott Frank.

Lo mejor de la narración llega cuando la trama finalmente se desenreda y lleva a las contrapartes al enfrentamiento. Neeson, con su presencia adusta, y aún ágil y contundente a los 62 años, llena el encuadre, ya sea en escenas de tiroteos o negociaciones telefónicas, y carga el peso dramático del relato, más aún si sus compañeros de reparto son intérpretes de perfil bajo y no dejan precisamente una marca memorable en esta película de regular nivel.

(Nota: Esta es una versión ligeramente modificada del texto publicado en la edición del 23 de noviembre del Diario El Peruano.)

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