“E.T.”, el tipo de película que apela más al corazón que a la cabeza

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E.T., el extraterrestre es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, por lo que agradezco infinitamente el que haya podido ir a verla, nuevamente, en pantalla grande. Especialmente porque la última vez que lo hice fue hace 13 años, durante el 20 aniversario de la película, cuando proyectaban únicamente la edición “especial” con todos los cambios de los que Spielberg eventualmente se arrepintió: secuencias nuevas que no aportaban nada, pistolas reemplazadas por walkie-talkies, e incluso escenas con un E.T. digital que, a pesar de no verse mal, contrastaba demasiado con el muñeco original.

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Pero me estoy adelantando un poco. Hay varias razones por las cuales E.T. es una de mis películas favoritas, y mucho tiene que ver con lo que me hace sentir, más que con lo que me hace pensar (lo cual no quiere decir que no me haga pensar, pero como muchos saben ya, este es el tipo de cinta que va más por el corazón que por el cerebro. Y eso no tiene nada de malo). Pero creo que tiene que ver también con lo bien que ha envejecido la película. E.T. es el tipo de filme que no necesita de efectos especiales modernos o acción sin parar para entretener, cosa que Spielberg felizmente llegó a entender a la hora de lanzar el blu-ray del 30 aniversario (como deben imaginarse, la edición especial no fue incluida).

Ver la edición original, sin alteraciones, de E.T. en el cine es una experiencia sublime.

La historia de la cinta la sabemos muchos. Trata sobre la conexión que se da entre Elliot (Henry Thomas) con E.T., una criatura del espacio exterior que se ha perdido en nuestro planeta. Todo lo que el pequeño alienígena quiere hacer es regresar a casa por lo que, con la ayuda de sus hermanos, la pequeña Gertie (Drew Barrymore) y el mayor Michael (Robert MacNaughton), Elliot hará todo lo posible para que se contacte con su familia alienígena y lo vengan a recoger. Lamentablemente, unos agentes del gobierno, dirigidos por Keys (Peter Coyote), saben de la presencia de E.T. en la Tierra, por lo que estarán detrás de él y de los niños.

Si hay algo que me llama mucho la atención de la película, es el tono sombrío que maneja, tanto a nivel fotográfico, como de guión. Mucho del principio del filme está estructurado y fotografiado como una película de terror. Tenemos, por ejemplo, a Elliot reaccionando a una presencia desconocida que lo observa desde las sombras (la cual, felizmente, resultó ser benevolente) y que es revelada poco a poco, de manera similar a lo que hizo el mismo Spielberg con el tiburón de Jaws.

Adicionalmente, el famoso director juega mucho con las sombras, haciendo que los personajes se muevan desde la oscuridad hacia la luz en pleno diálogo para hacer que ciertas revelaciones tengan mayor impacto; haciendo que las siluetas de muchos de los personajes tengan presencia dentro de varios momentos importantes, e incluso escenificando un par de escenas a contraluz. Mucho hace Spielberg con lo que no se revela en la película; consideren, por ejemplo, que durante la mayoría de metraje, no vemos a ningún adulto (aparte de la mamá de Elliot, interpretada con energía por Dee Wallace) en encuadre. La idea era presentarnos una cinta desde el punto de vista de los niños, tanto a nivel emocional como a nivel visual. No hace falta decir que esto funciona a la perfección.

También podemos hablar de la música de John Williams, la cual contribuye a la relativa “oscuridad” de E.T. Todo el mundo conoce la famosa pieza principal (la cual, dicho sea de paso, hace que se me erice la piel cada vez que la escucho), pero poco se ha dicho (o escrito) sobre el resto del soundtrack, el cual le otorga una cualidad misteriosa y cautivadora a la película. Me gusta, en especial, la pieza que Williams compuso para los agentes del gobierno. Si hay una película que puede hacer que los niños le teman a los “hombres en traje” (o al menos a los hombres que tengan llaves colgadas de la cintura), es E.T., y probablemente se deba en su mayoría a la música de Williams.

E.T., como pocas otras películas, hace que añore una época (y probablemente una sociedad) en la que jamás viví. Me hace añorar los suburbios, en donde todos conocen a todos y en donde vives a un paso de un bosque misterioso y lleno de lugares para explorar. Me hace añorar una época sin smartphones ni computadoras, en la que los niños podían pasear por la calle en bicicleta, en donde se reunían con sus amigos los viernes en la noche para jugar “Calabozos y dragones” y comer pizza, y en donde Halloween era un gran evento, lleno de gente disfrazada caminando por las calles durante el atardecer. Ninguna escena plantea esta sensación de nostalgia mejor que la del garaje, en donde Elliot y Michael encuentran la vieja camisa de su padre (quien se ha ido a vivir a México con su nueva pareja) y comienzan a recordar sus paseos al cine; los buenos tiempos. El olor a Old Spice en la camisa (la colonia favorita del viejo) de hecho ayuda.

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E.T. es curiosamente nostálgica, oscura pero jamás deprimente, capaz de hacer sentir alegría y esperanza pero también de hacer llorar a su público como su tuviesen cinco años. Es una cinta que no subestima a los niños, y por lo tanto no incluye personajes “locos” ni chistes de baño ni gritos innecesarios. E.T. no está diseñado para vender figuras de acción; es “feo” pero a la vez adorable; adorable no porque se vea tierno como un cachorrito, si no porque uno se encariña con él debido a la conexión que hace con Elliot. E.T. es un personaje de verdad (a pesar de ser, evidentemente, un muñeco) y es por ello que resulta memorable y atractivo.

Es difícil imaginarse a un Elliot que no sea interpretado por Henry Thomas. Thomas fue uno de esos niños capaces de dar una actuación realista y carismática sin ser desesperante, logrando hacer que uno simpatice con el personaje y se ponga verdaderamente triste cuando las cosas salen mal. Como los hermanos, una muy joven Drew Barrymore es encantadora, y Robert MacNaughton mezcla carisma con sarcasmo, haciendo que su personaje salga del estereotipo del “hermano mayor pesado” y sea algo un poquito más interesante. De los adultos no hay mucho qué decir (Dee Wallace es creíble, y Peter Coyote le da algo de humanidad a los adultos que inicialmente se veían simplemente como los “malos”); las verdaderas estrellas de la película son, predeciblemente, Elliot e E.T.

Es en el clímax de la película cuando la mayor parte de la gente llora, y no es difícil darse cuenta por qué. Algunos dirían que dicha secuencia demuestra lo manipulador que es Spielberg… y hasta cierto punto estarían en lo cierto, pero no considero que esto sea algo negativo. Spielberg siempre ha sido un maestro a la hora de manipular los sentimientos de su público, haciendo que lloren o sonrían o se molesten, y el hecho de que la escena final de E.T. sea tan efectiva tiene mucho que ver con esto, de ello no hay duda.

Pero también creo que tiene que ver con lo efectivos que son el guión y la dirección de actores. El hecho de que hayamos podido desarrollar un nexo con los personajes, que nos importe la relación entre Elliot e E.T., hace que a final de cuentas, nos de pena que terminen separándose, por muy feliz que sea el final para E.T. como personaje. Después de todo, está regresando a casa, cosa que ha estado tratando de hacer a lo largo de la película, pero también está abandonando a un amigo, a un niño que evidentemente va a ser afectado por dicha despedida, especialmente sabiendo que sus padres se acaban de separar. La conclusión, por tanto, es una mezcla increíble de emociones (la nostalgia, la tristeza, la felicidad, la satisfacción), una culminación casi-perfecta de todo lo que Spielberg nos ha hecho sentir a la lo largo de la película.

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E.T. es una de las pocas películas que me hace llorar, sin importar cuántas veces la vea. Me encanta la manera en que cuenta una historia relativamente simple: una historia sobre un niño y un extraterrestre que se vuelven casi inseparables, pero que eventualmente tendrán que separarse por el bien de ambos. Me encanta cómo Spielberg la cuenta desde el punto de vista de los menores (los adultos, como deben imaginarse, no entienden nada sobre ellos hasta que es muy tarde) y cómo, a pesar de ser un filme relativamente inocente, le inyecta nostalgia y temas maduros, fotografiándola en sombras y llenándola de escenas que, potencialmente, podrían asustar a una gran parte de su público objetivo. (E.T. escapándose de los agentes del gobierno; los agentes espiando a Elliot y su familia desde una van; E.T. muriéndose al costado de un río; agentes vestidos de astronautas invadiendo la casa de Elliot, etc.)

E.T. es, en pocas palabras, una película que me inspira a nivel profesional (todo a nivel técnico, desde la fotografía hasta los movimientos de cámara de Spielberg, con los que logra resolver escenas enteras en pocos planos, me parece excelente) pero que también me hace sentir como un niño. Muy pocas cintas son capaces de lograr algo así, por lo que no dudaría en calificarla como una obra maestra. Si tienen la oportunidad de verla en pantalla grande (si es posible, con sus hijos o sobrinos o cualquier niño que no la haya visto antes), sin cambios y en toda su gloria ochentera, háganlo. Y si no, cómprense el blu-ray (en original, por favor… ¡para eso está Amazon!) No se arrepentirán.



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