Crítica: “Esta chica es un desastre”, desafiando los clichés del género

La mayoría de comedias románticas siguen la misma estructura: chico conoce a chica, chico se enamora de chica, chico se pelea con chica, chico se amista (a última hora) con chica, final feliz. Es un modelo que ha funcionado por décadas, y que cuando está hecho con cuidado y mucho humor, puede resultar en películas verdaderamente divertidas. Pero eso no quiere decir que un cambio no sea necesario, y es precisamente eso lo que nos brinda Esta chica es un desastre (Trainwreck).

Amy Schumer es una comediante muy graciosa. Vulgar, directa e irreverente, solo basta con ver sus apariciones en Inside Amy Schumer, sus shows de stand-up, o incluso sus fotos vestida como diversos personajes de la saga de Star Wars, para que uno se de cuenta de lo original que es. Y es exactamente eso lo que hace que “Trainwreck” funcione tan bien: Schumer inyecta su película con un humor excelente, vulgar pero increíblemente divertido, pero también logra darle un giro al tipo de historias que nos brinda usualmente este subgénero, para crear algo no necesariamente revolucionario, pero sí original.

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Usualmente los hombres son los playboys en este tipo de películas, pero aquí la historia es otra. Amy (Amy Schumer), habiendo sido influenciada enormemente por su peculiar padre (Colin Quinn) no cree en la monogamia, por lo que se dedica a conquistar y dormir con la mayor cantidad de hombres que pueda sin pensar en tener una relación seria. A la vez, trabaja para un revista cuyo público objetivo aparentemente incluye a toda la población del planeta, y recibe órdenes de su excéntrica jefa, Dianna (Tilda Swinton.)

Su vida parece ir bien, a pesar de las protestas de su más conservadora hermana Kim (Brie Larson), hasta que Dianna le da un nuevo trabajo: escribir un reportaje sobre el doctor de atletas Aaron (Bill Hader.) Aaron es lo que uno esperaría de la estereotípica protagonista femenina de una comedia romántica: cree en el amor, en las relaciones y en la monogamia. E inesperadamente, Amy se enamora de él. ¿Podrá esta romance cambiar la perspectiva de Amy hacia las relaciones y el sexo? ¿Podrá rescatar la relación que tiene con su hermana y con su padre, quien se ha tenido que mudar a un asilo? ¿Y podrá LeBron James (interpretado por él mismo) demostrar que no todos los “mejores amigos afroamericanos” tienen que ser clichés andantes?

Trainwreck es una película muy graciosa. Debo admitir que había pasado mucho tiempo desde la última vez que una cinta me había hecho reír tanto. Ahora, este es un tipo muy particular de humor,irreverente, autorreferencial, sarcástico, explícito y vulgar. Si son más bien conservadores y no les gusta que sus películas tengan escenas de desnudo (aunque, siendo justos, todo lo que vemos aquí son traseros masculinos), estén llenas de malas palabras, y sean totalmente francas a la hora de discutir el sexo, no les recomiendo “Trainwreck”. Pero si, como yo, no les importa nada de esto con tal de que el filme les haga reír, tienen que ir a verla al cine.

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Ahora bien, “Trainwreck” no sería más que una película del montón si solo se dedicara a hacernos reír. Felizmente, al igual que otras producciones dirigidas por Judd Apatow (Virgen a los 40, Knocked Up), la cinta contiene un elemento de dulzura y humanidad que la hace mucho más efectiva. Las escenas dramáticas, por lo tanto, a pesar de no ser muchas, funcionan a la perfección, porque el guión de Schumer logra construir a estos personajes de manera totalmente verosímil, volviéndolos creíbles y humanos a pesar de habitar un mundo hilarante y exagerado. Realmente nos podemos poner en los zapatos de estos personajes —especialmente los de Amy, quien a pesar de ser sarcástica y poco agradable por momentos, se muestra también vulnerable y dañada.

Amy Schumer es perfecta como la protagonista del filme, jamás convierte a Amy en una caricatura, y es más bien carismática y entrañable. Bill Hader, al dar una actuación sutil como el Dr. Aaron, sigue probando que es capaz de interpretar roles dramáticos y serios y que no merece quedarse atrapado en los roles que programas como “Saturday Night Live” le ofrecían. LeBron interpreta una versión exagerada de sí mismo, sensible, inteligente y refinado. No se trata de una gran actuación, pero es suficientemente creíble. Tilda Swinton es sublime como la gélida Dianna, Daniel Radcliffe y Marisa Tomei tienen unos cameos excelentes, y el musculoso John Cena (de la WWE) da una actuación sorprendentemente buena, desafiando los estereotipos de alguien como él y mostrándonos a un hombre inesperadamente dulce.

Trainwreck es una de las mejores comedias que he visto en lo que va del año, y esto se debe a varias razones: la química entre Amy Schumer y Bill Hader es palpable, los diálogos son inteligentes y graciosísimos, las actuaciones son sólidas, los personajes desafían los clichés de la mayoría de comedias románticas que Hollywood produce, la estructura de la trama es diferente (a pesar de tener una conclusión algo floja), y el filme en general maneja temas de feminismo e igualdad sin llegar a niveles extremos, más bien presentándolos de manera inteligente y lógica.

Esta es una película que nos trae de vuelta a un Judd Apatow energético y confiado, y que nos presenta en la gran pantalla a una Amy Schumer hilarante y muy profesional. Estaré esperando con ansias el siguiente guión (y porqué no, la siguiente actuación) de esta muy talentosa comediante.

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