Festival de Venecia 2015: Crítica de “Why hast thou forsaken me?” de Hadar Morag (Israel)

Luego de realizar un primer cortometraje, Silence (“Shitka”), proyectado en la sección Cinéfondation de Cannes del 2008, la directora israelí Hadar Morag nos retrata en su ópera prima Why hast thou forsaken me? (“Lama Azavtani”) el mundo solitario de Muhammad, un ser agobiado por la mirada ajena que juzga y que no le permite explorar los cambios físicos y psicológicos que trae consigo la adolescencia. Muhammad no habla lengua hebrea y es hijo de un palestino encerrado en prisión, por consecuencia, es un personaje marginado y vulnerable.

Su único compañero parece ser Gurevich de quién comienza a tomar ciertos modos de comportarse, lo que en un inicio parece ser una relación forjada a partir de la carencia de afecto, se torna en una crítica soterrada contra las ideas fundamentalistas que derivan hacia una violencia en contra del propio cuerpo.

Este cine de denuncia, socialmente comprometido por una causa justa, y que desaprueba en gran medida los parámetros en los que se mueven estas sociedades, protesta a partir del carácter humano de sus personajes. A partir de Muhammad conocemos a un grupo de personas, en su mayoría hombres, que carecen de amor por el prójimo en una sociedad tan marcada por el carácter religioso, personas cuya carencia espiritual ha afectado también su cuerpo. En este aspecto recuerdo al hombre enfermo que es visitado por Muhammad, un ser grotesco, totalmente deplorable.

Con pocos diálogos, escenas intimistas y un momento especialmente fuerte hacia el final de la historia, Hadar Morag nos permite seguir el film desde el punto de vista de un joven juzgado por el adulto, a pesar de que este cometa los mismos actos que él. El mismo director es consciente que la cultura en el Medio Oriente enseña a las mujeres que tienen que tener cuidado para cuidarse, para cubrirse, para evitar llamar la atención, pero nunca se les enseña a los hombres a no utilizar violencia. Es por ello que, a pesar de que Muhammad intenta escapar, termina siendo arrastrado hacia ella.

Desde el inicio Hadar Morag nos muestra un retrato de detalles, de las manos que trabajan, que cometen actos “impuros”, y se ciernen sobre otras para aprender, pero también es un relato de atmósfera, del sudor que cae por el rostro de los hombres que sufren y trabajan diariamente, mientras el sol impone su presencia cuando el joven maneja bicicleta por las calles de Tel Aviv, o aquella constante presencia del ventilador que genera halos de luz envueltos por el polvo de aquellos decrépitos lugares.

Why hast thou forsaken me? me hace recordar mucho a Madame Courage, otra película seleccionada en la Competición Orizzonti. Mientras que en “Madame Courage” había una mirada reflexiva hacia la exclusión social enmarcada en el abandono familiar y la violencia de género, la película de Hadar Morag nos retrata también el rechazo hacia la violencia y las consecuencias que trae consigo, sobretodo, en los más vulnerables.

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