Crítica: “Everest” es una intensa historia de supervivencia

Everest, basada en los eventos reales del desastre de 1996 ocurridos en el Monte del mismo nombre, es una arquetípica historia de supervivencia y valor. Impecablemente actuada, visualmente espectacular, y emocionante, se trata de una película que cumple su cometido: desarrollar tensión en el espectador, y respetar a las personas reales en las que los personajes están basados. Es un filme cumplidor y entretenido.

Rob Hall (Jason Clarke, a quien vimos recientemente en Terminator Génesis) interpreta a Rob Hall, el líder neozelandés de un grupo de expedición en el Everest. Su esposa, Jan (Keira Knightley) está a punto de dar a luz a su primera hija, lo cual no impide que viaje a Nepal para escalar la famosa montaña junto a un grupo ecléctico de personajes (no se preocupen, tiene planeado regresar antes del nacimiento de la bebé): tenemos a Doug Hansen (el talentoso John Hawkes), un cartero bondadoso; Beck Heathers (Josh Brolin) un doctor sureño que tiene una esposa, Peach (Robin Wright) esperándolo en casa; Jon Krauker (Michael Kelly, de House of Cards) un periodista; y Yasuko Namba (Naoko Mori), una escaladora japonesa que ya ha logrado llegar a la cima de otras seis montañas.

Adicionalmente, mientras este grupo de intrépidas personas trata de llegar a la punta del Everest, reciben el apoyo de gente en el campamento principal, más cerca a la base de la montaña. Ahí están Helen Wilton (Emily Watson), la lideresa; la doctora Caroline Mackenzie (Elizabeth Debicki, la villana de El Agente de C.I.P.O.L.) y Guy Cotter (Sam Worthington), un amigo de Rob. Es precisamente Helen quien advierte a Rob que una tormenta se acerca a la montaña, razón por la cual el grupo de escaladores se verá en problemas. Esto resultará en secuencias vertiginosas de tensión, y en una lucha por la supervivencia de estas personas, que se encuentran en un lugar peligroso con poco oxígeno y menos recursos.

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Everest es una película que se toma su tiempo para presentarnos a sus personajes, desarrollar sus motivaciones y conflictos internos, y colocarlos en una situación peligrosa e interesante. El director, Baltasar Kormákur (“2 Guns”) no se apresura en mostrarnos la llegada de la terrible tormenta. Más bien, prefiere entregarnos pequeños momentos de riesgo de cuando en cuando, como para ir preparándonos para el clímax del filme. Es un acercamiento interesante al material, lo cual resulta en que realmente nos preocupemos por los personajes (comparten suficientes momentos callados de introspección) y estemos a la espera del eventual desastre en la montaña.

Ayuda también el que las actuaciones sean todas sólidas. Como Rob, Jason Clarke le otorga humanidad y calidez a su personaje. Se trata de alguien en quien cualquiera confiaría como su líder, un hombre que se preocupa por su equipo y que prefiere retirar a cualquier persona que pueda tener dificultades en la montaña en vez de obligarlos a continuar sí o sí. Como Beck, Josh Brolin evita caer en los clichés de un personaje de ese tipo (un hombre del sur de Estados Unidos, potencialmente antipático) y más bien nos da una actuación carismática. El hecho de que el personaje realmente ame a su esposa y a sus hijos, muy a pesar de que se haya olvidado de mencionarles que se iba a escalar el Everest, le da algo de dimensión.

Da gusto ver a la talentosa Emily Watson en un papel importante, al igual que Sam Worthington, quien a pesar de haber dejado de interpretar roles protagónicos (al menos por el momento), hace un buen trabajo como el único escalador en no ir en la expedición. Como Jan Arnold, Keira Knightley da una actuación sutil y realista. Se trata de un papel poco glamoroso, en donde aparece con un peinado terrible y llorando la mayor parte del tiempo; quizás fue precisamente eso lo que la atrajo al rol. Robin Wright es excelente, como siempre, y Jake Gyllenhaal, interpretando al líder de otra expedición, tiene un rol inconsecuente. No hace un mal trabajo—simplemente sentí que su personaje no aportaba nada a la historia.

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Visualmente, Everest es espectacular. Haciendo uso de una variedad de técnicas – desde efectos digitales hasta escenas grabadas en locaciones reales -, la cinta realmente nos transporta a la montaña, presentándola como un lugar peligroso e implacable. Las tormentas son terribles, la nieve se mete en todas partes, y las consecuencias de quedarse varado en medio del hielo pueden ser mortales. Baltasar Kormákur logra escenificar secuencias verdaderamente impresionantes, desde un resbalo por parte de Beck en un puente (o mejor dicho, una escalera), hasta la llegada de la tormenta. Hay varias tomas que me hubiese gustado ver más detenidamente— Kormákur realmente logra que la película se siente épica por donde se le mire.

Si hay algo que diferencia a Everest de otras cintas de supervivencia o desastres, es la naturaleza de sus personajes. Estos son individuos que se encuentran en esta situación tan desesperante porque ellos quisieron estar ahí. Beck pagó 65,000 dólares para que lo llevaran al Everest, cosa que no cualquiera se animaría a hacer. Se adentran en el peligro sin pensarlo dos veces, a diferencia de otros personajes que se ven involucrados en situaciones de riesgo sin haberlo deseado. Esto puede hacer que a algunos espectadores les cueste identificarse con ellos —para mi, sin embargo, no fue un problema, ya que la película logra desarrollarlos de manera efectiva, dándoles motivaciones (familia, hijos) y personalidades variadas.

“Everest” está llena de momentos emocionantes, efectos visuales impresionantes, y un par de escenas dramáticas efectivas. Me gustó que no fuese demasiado manipuladora -las muertes son presentadas de manera casual y rápida, sin dramatizarlas demasiado-, y me gustó que los personajes, a pesar de no ser muy profundos, no caigan en estereotipos. “Everest” no es un drama particularmente emotivo, pero si quieren ver una historia de supervivencia intensa y vertiginosa, vale la pena pagar el precio de la entrada al cine.

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