[Crítica] “Puente de Espías”, una buena película que no está a la altura del mejor Spielberg

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Puente de Espías es un sólido thriller situado en la época de la Guerra Fría, una película madura, bien dirigida e impecablemente actuada. Sin embargo, y a pesar de contener un par de momentos brillantes, el filme no llega a igualar a las mejores producciones de Steven Spielberg, como Munich o La Lista de Schindler. Quizás se deba al excesivo primer tercio del metraje; a una visión un poco simplista de la historia, o a una banda sonora decepcionante y cursi.

El guion de Puente de Espías fue escrito por Matt Charman y los Coen (Ethan y Joel). Considerando las producciones anteriores de los talentosos hermanos, uno esperaría ver un poco más de su característico humor negro y diálogo inteligente en este filme, pero lamentablemente ese no es el caso. Poco se ha revelado sobre el proceso creativo de la cinta, pero no es difícil darse cuenta que el guion probablemente sea más obra de Charman que de los Coen.

El problema está en como comienza la película. Se supone que el foco de “Puente de Espías” está en un intercambio de rehenes durante la Guerra Fría en Berlín. Sin embargo, la mayor parte del primer tercio de la película desarrolla el juicio impuesto en Rudolf Abel (Mark Rylance), un supuesto espía soviético que ha sido descubierto en tierras estadounidenses. Entiendo la importancia de saber cómo fue descubierto Abel y cómo fue percibido por el pueblo norteamericano, pero no considero que sea necesario ver todo el proceso de juicio. Estas primeras escenas no son aburridas, necesariamente, pero en retrospectiva no son todas relevantes.

El filme empieza en Brooklyn durante la década de 1950. Las autoridades americanas arrestan a Abel, quien recibe como abogado defensor a James Donovan (Tom Hanks). Inicialmente, Donovan no quiere tomar el caso, pero después de conocer a su cliente, termina por darle toda su atención al juicio, lo cual resulta en que el espía soviético no llega a ser condenado a muerte. Lamentablemente, a pesar de que el acusado fue declarado culpable, Donovan es considerado como un traidor por los ciudadanos de Nueva York.

A la vez, tenemos la historia del piloto del a CIA Gary Powers (Austin Stowell), quien vuela una nave estadounidense sobre territorio soviético. Cuando es derribado, en vez de suicidarse o quedarse en la nave en llamas, Powers es capturado por el enemigo, y la CIA, con miedo de que divulgue sus secretos, le encarga a Donovan realizar un intercambio de rehenes: Powell por Abel. Es por ello que el abogado termina viajando a Berlín para encontrarse con oficiales de la KGB y de Alemania del Este, una situación peligrosa e incómoda.

Como mencioné antes, el primer tercio de “Puente de Espías” es demasiado largo y poco interesante, pero esto es compensado por el resto del filme. Los últimos dos tercios del filme se sienten más como una película de espías, casi como una historia de John Le Carré, en la que vemos a Donovan negociando con dos enemigos a la vez, tratando de pasar desapercibido para que no lo maten. Su estadía en Europa es emocionante, y aunque la tensión nunca llega a niveles inaguantables, el filme contiene un par de momentos de verdadero suspenso.

Tal y como uno esperaría de una producción del gran Steven Spielberg, la recreación de la década de 1950 es perfecta. Todo, desde el vestuario hasta los sets y los efectos especiales minimalistas funcionan a la perfección para que uno sienta que está viviendo la época. Ayuda el hecho de que muchas escenas hayan sido filmadas en los lugares en los que los eventos de la película sucedieron de verdad — el puente del título, por ejemplo, hace una notable aparición durante el clímax, y la cinta en general exhibe una genial sensación de verosimilitud.

La dirección de fotografía de Janusz Kaminski me llamó la atención incluso más que en películas como Lincoln o El Juez. Los exteriores se ven realmente impresionantes, y el experimentado director de fotografía hace un buen uso de los colores desaturados para crear un palpable ambiente de peligro y depresión en Berlín, pero es en las escenas de interiores que yo creo se pasó de la raya. Como en las dos películas anteriormente mencionadas, sobreexpone la luz que entra por las ventanas, lo cual resulta en interiores oscuros con ventanas por las que pasa luz blanca muy intensa. No es una técnica que se vea mal, pero definitivamente abusa de ella, tanto así que un par de personas no-cinéfilas me preguntaron, luego de ver la película, qué diantres estaba pasando con las ventanas en “Puente de Espías”.

Por otra parte, el estilo visual de Spielberg se hace muy evidente en este filme. Varias de las transiciones son inventivas y muy efectivas (el primer plano de una escena se siente como la reacción del último plano de la anterior, por ejemplo), hace un excelente uso de planos largos y travellings, y en general trata el material con elegancia, haciendo uso de interesantes movimientos de cámara cuidando de que no se vuelvan muy evidentes. Spielberg le da algo de estilo a “Puente de Espías”, pero su cámara nunca eclipsa a sus actores.

Y eso es porque lo más destacable de “Puente de Espías” son las actuaciones. Tom Hanks es muy bueno como Donovan, otorgándole una cualidad sencilla al personaje y haciendo que nos identifiquemos con él a pesar de no ser particularmente tridimensional. Donovan es interesante porque Hanks le da una personalidad agradable, pero en papel el personaje es bastante plano — una persona moral que cree en el bien y que carece de una motivación evidente para obsesionarse con el caso de Abel. Como Mary, la esposa de Donovan, Amy Ryan da una actuación creíble, y Sebastian Koch resalta como Vogel.

Pero si hay alguien que se roba la película, es Mark Rylance. El experimentado dramaturgo, director de teatro y actor de teatro británico interpreta al espía soviético con una tranquilidad impresionante, alejándose de todo cliché posible para desarrollarlo de manera creíble y emotiva. Rylance tiene las mejores líneas de diálogo (a pesar de que no habla mucho), y aunque nunca nos llegamos a enterar si era sincero en todo lo que le decía a Donovan, nos encariñamos con él. La actuación de Rylance es magnífica porque justifica la amistad que llega a entablar con el personaje de Hanks, a pesar de estar interpretando a un espía soviético.

Lamentablemente, si hay algo que no me terminó de convencer fue la banda sonora de Thomas Newman. El frecuente colaborador de Spielberg, el gran John Williams, no pudo componer la música de “Puente de Espías” debido a un problema de salud (y porque estaba ocupado con Star Wars: El Despertar de la Fuerza), y su ausencia es notable. La música de Newman no es mala, necesariamente, pero desgraciadamente no complementa bien las imágenes de Spielberg. Es cursi, es exagerada, y llama demasiado la atención en escenas que deberían ser más bien sutiles. Es un aspecto del filme que le quita bastante poder, y que estoy seguro no hubiese decepcionado si es que Williams hubiese estado a cargo.

“Puente de Espías” es una película interesante — impecablemente actuada, impresionante a nivel técnico, y entretenida. El guion, lamentablemente, no es del todo perfecto; el primer tercio de la historia es innecesariamente largo, y la visión que tiene de la historia es muy “blanco y negro”. Es muy probable que la película sea nominada a incontables premios (los de actuación serían los más merecidos), pero considerando la filmografía de Spielberg, dudo que vaya a pasar a la historia como uno de sus mejores esfuerzos.



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  1. […] llega a igualar al prólogo. La música de Thomas Newman (quien hizo un decepcionante trabajo en Puente de espías) es superior a la de David Arnold, presentándonos temas más parecidos a los que hubiese compuesto […]



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