[Crítica] “Creed”, una secuela inesperadamente conmovedora

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Creed es una secuela que pocos se esperaban. Considerando el éxito que tuvo “Rocky Balboa”, estrenada hace ya diez años, pocos pensaban que una cinta como “Creed” fuese necesaria. Es por ello que hay que felicitar al director-guionista Ryan Coogler (responsable de “Fruitvale Station”, y “Pantera Negra”, próxima a estrenarse) por hacerle sentir a su público que Creed, era, precisamente, necesaria. Incluso inevitable. Pocas secuelas (y menos las séptimas partes!) logran ser tan conmovedoras y emocionantes como esta película.

creed 1Nuestro protagonista es Adonis Creed (Michael B. Jordan), un hijo no reconocido del gran boxeador -y uno de los oponentes más memorables de Rocky Balboa- Apollo Creed. Inicialmente vemos a Adonis de pequeño, viviendo en un orfanato, pero para su suerte es encontrado por la viuda de Apollo, Mary Anne Creed (Phylicia Rashad), quien se lo lleva a vivir con ella. Pasan los años, y ya de adulto, a pesar de tener un trabajo estable, el buen Donnie no puede dejar de boxear. Es así que decide irse de casa, mudarse a Filadelfia, y encontrar al veterano Rocky Balboa (Sylvester Stallone) para que lo entrene. Su identidad es revelada al público poco tiempo después, y el famoso boxeador Ricky Conlan (Tonny Bellew), de Liverpool, lo reta a un combate que promete convertirse en el evento de la década.

Comencemos hablando sobre el elefante en la habitación: sí, Stallone da una actuación realmente excelente, merecedora de todos los premios que ha ganado (como el Globo de Oro) y que probablemente vaya a ganar el Oscar a Mejor Actor de Reparto. Ciertamente se trata de su mejor trabajo en años, entregándonos a un Rocky viejo, cansado, un hombre que lo ha perdido todo (su esposa, sus amigos, su carrera) y que ahora solo vive para mantener su restaurante. La llegada de Adonis es como un mensaje divino, una oportunidad para hacer algo con su vida antes de morir; dicho objetivo enriquece al personaje de Rocky, y Stallone logra enfatizar las emociones correctas y hacer que el público sienta por él. Se trata de una actuación conmovedora y realista, perfecta para despedir (posiblemente) al personaje.

Sin embargo, y a pesar de haber recibido menos atención, el trabajo de Michael B. Jordan es igual de bueno. Terriblemente desperdiciado en la nefasta Los Cuatro Fantásticos, Jordan logra demostrar, al participar en esta otra franquicia, que tiene suficiente talento como para desarrollar a un personaje interesante y complejo. Adonis es un chico lleno de conflictos; no sabe si ser como su padre o no (tanto así que se rehusa a llevar su apellido), no sabe si boxear es lo que quiere hacer con su vida, e incluso le guarda secretos a su novia, Bianca (Tessa Thompson) por miedo al rechazo. Jordan logra transmitir todo esto, y al mismo tiempo también enfatiza el carácter físico del personaje, luciéndose en las escenas de pelea.

Como Bianca, Tessa Thompson (“Querida Gente Blanca”) completa el trío de personajes importantes con estilo. El romance entre ella y Creed está bien desarrollado y resulta verosímil. Coogler le da pasado y dificultades propias al personaje —ella es cantante pero tiene problemas de oído— y aunque por momentos queda relegada al banquillo —después de todo, la relación más importante es entre Creed y Rocky—, Thompson logra dar una actuación sobresaliente. Si toma las decisiones correctas, es posible que la joven actriz vaya a despegar en los próximos años. Al menos tiene el talento necesario.

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A nivel técnico, la cinta es espectacular. Alejándose de las exageraciones de las secuelas anteriores (especialmente la cuarta y quinta parte), “Creed” maneja una estética mucho más realista, casi de documental, haciéndole sentir al espectador que está siguiendo la vida de una persona real. El primer combate importante en la cinta es presentado de manera increíble, todo en un plano secuencia, con la cámara dentro del ring, lo cual aumenta la tensión y el suspenso. La pelea final, por otra parte, es mostrada como parte de una transmisión televisiva, pero los momentos más brutales mantienen la cercanía vista en escenas anteriores. Se nota que Coogler no carece de ambición; cada golpe se siente, y cada momento es escenificado con cuidado y dedicación.

Algo interesante en Creed es que, a pesar de seguir la típica fórmula de película de deportes (al menos en lo que se refiere a la estructura del guión), contiene suficientes elementos originales (o hasta raros) como para que no se sienta genérica. Tenemos, por ejemplo, una escena de amor que termina con un plano de una tortuga, o una secuencia en la que un grupo de motociclistas siguen por la calle a Creed para ir a saludar a Rocky en su ventana, una suerte de equivalente a la famosa “escena de las escaleras”, pero bastante más extraña.

“Creed” es una cinta que vale la pena ver en el cine; más de un miembro del público terminará llorando, ya sea por la intensidad de las escenas de combate, o por los momentos más emotivos, en donde vemos a un Rocky Balboa más frágil, más vulnerable. Coogler ha logrado tomar un tipo de película formulista y darle un giro interesante, extrayéndole excelentes actuaciones a sus protagonistas y continuando una saga que, para muchos, había muerto hace ya diez años. No puedo esperar a ver qué hará con “Pantera Negra”.



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