[Crítica] “Calichín”, con Aldo Miyashiro: Una comedia que termina empalagando

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El director Ricardo Maldonado saboreó el éxito comercial con Asu Mare y su secuela, que se convirtieron en las dos películas más taquilleras en la historia del cine peruano. Para su tercera cinta, “Calichín”, Maldonado se mantiene en el terreno de la comedia pero ahora coquetea además con el melodrama. También vuelve a contar una historia de superación personal, pero ahora la enmarca en el contexto del fútbol de segunda división.

‘Calichín’ Delgado (Aldo Miyashiro) es un futbolista venido a menos que repentinamente es contratado para jugar en un equipo de provincia, donde tiene la oportunidad de reivindicarse para alcanzar el éxito. Sin embargo, sus viejos vicios amenazan con sabotear su posible retorno a la gloria.

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El primer tercio de la película es prometedor, pues introduce una galería de pintorescos personajes que rodean a ‘Calichín’ en “El Dolor”, el pueblo donde es convocado a jugar: desde el egocéntrico alcalde (Tulio Loza) hasta el apático director técnico del equipo (Miguel Iza), pasando por su ingenuo asistente (Guillermo Castañeda). Allí es donde la comedia deja relucir sus mejores jugadas y consigue generar cierto interés.

Sin embargo, a partir del segundo acto el guionista César De María se arriesga y tira la comedia por la borda para abrazar un melodrama lacrimógeno. Cuando ‘Calichín’ recibe la inesperada visita de una hija a la que nunca conoció, pero que se quedará a vivir con él por tres meses, la película adopta el cliché desgastado del papá que inicialmente se rehúsa a vivir con una hija que le quiere cambiar los esquemas, hasta que llega el inevitable cambio de actitud. Podemos recordar los casos de la mexicana No se aceptan devoluciones o la peruana Margarita como referentes más inmediatos.

En cuanto al elenco, Aldo Miyashiro luce más cómodo en las escenas de comedia que en las de melodrama. Su personaje se parece a muchos futbolistas en declive, pero Miyashiro logra inyectarle espontaneidad y hacerlo creíble.

calichinDe los personajes secundarios, el más destacado es Tulio Loza, quien personifica a un político corrupto y populista dispuesto a todo con tal de satisfacer su ego. Es el personaje mejor logrado de la película y Loza sabe lucirse cada vez que aparece en pantalla.

En cambio, resulta desafortunado que actores como Irma Maury y Ubaldo Huamán sean desaprovechados como dos clichés de pobladores andinos, cuyo modo de hablar está peligrosamente cerca de la caricatura que nos venden los programas cómicos de TV.
A nivel técnico, “Calichín” tiene mucho cuidado en el acabado visual, lo que evidencia la experiencia del director Ricardo Maldonado en el campo de la publicidad. Resultan especialmente atractivos varios encuadres aéreos filmados con drones y una toma del Estado Nacional en un lleno total, que ha sido recreado digitalmente, pero que luce convincente.

Al igual que su protagonista, la película “Calichín” es una promesa que no llega a desarrollar todo su potencial. Probablemente si se hubiese concentrado en ser una comedia pura y dura, el resultado sería más redondo. No siempre la combinación de comedia y drama funciona, porque si uno se excede en el azúcar, como en este caso, el producto termina empalagando.



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