[Crítica] “Animales fantásticos y dónde encontrarlos” expande en gran forma el universo Harry Potter

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Si para fin de año tuviera que redactar una lista de mis mayores sorpresas cinematográficas, definitivamente incluiría en ella a “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”. Es increíble como Warner Bros. puede editar trailers tan mediocres y aburridos a partir de una película tan emotiva y emocionante. Me demoré en ver “Animales Fantásticos” porque el material promocional lanzado por la Warner no había logrado emocionarme. Pero habiendo visto ya el producto final, debo admitir que fui sorprendido gratamente —este es de los blockbusters más encantadores que he visto en lo que va del año.

Considerando el tremendo éxito que ha tenido la saga de Harry Potter, tanto en forma literaria como en el cine, hubiese sido muy fácil comenzar a producir películas a lo loco, pensando únicamente en las ganancias y no tanto en elementos que, sorprendentemente, muchas veces las productoras toman por sentado, como la historia, el guion, los personajes o la dirección. Felizmente, J.K. Rowling y compañía se tomaron su tiempo, esperaron unos años después del estreno de la última cinta de Potter (Las Reliquias de la Muerte, Parte 2) y finalmente nos trajeron un producto que, para sorpresa de muchos, logra justificar su existencia.

Porque, siendo francos, cuando se anunció que el primer spin-off del mundo de Potter estaría basado en “Animales Fantásticos y dónde encontrarlos”, libro escrito, en la ficción, por el magizoólogo Newt Scamander, resultó my fácil ponerse escéptico. No solo porque el libro no cuenta una historia —es más como una enciclopedia—, si no también porque sonaba a que Rowling y Warner Bros. estaban dispuestos a adaptar cualquier material vagamente familiar con tal de ganar algo más de dinero.

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Pero nos equivocamos. Lo genial de “Animales Fantásticos” es que, a pesar de tener algunas conexiones con las cintas de Potter, y suceder setenta años antes del primer filme (y por ende, la primera novela), no se trata de una precuela común y corriente. Tampoco es una secuela o remake o reboot. Es como una expansión del mundo creado por Rowling, una historia que poco tiene que ver con lo que hemos visto y leído antes, y que no depende de la nostalgia que los fanáticos puedan tener por las aventuras anteriores para funcionar. Es una historia independiente que se justifica a sí misma, interesante, bien desarrollada y madura.

El talentoso Eddie Redmayne interpreta a Scamander, quien en la década del 20 viaja de Europa a Nueva York con un maletín lleno de criaturas fantásticas, con el objetivo de dejar a una de ellas en su hábitat natural. Sin embargo, las cosas se salen de control rápidamente, cuando se encuentra con un No-maj (el equivalente americano de un muggle, es decir, alguien que no es un mago) llamado Kowalski (Dan Fogler) y, después de una serie de eventos algo enredados, algunas de sus bestias se liberan.

Las actividades algo llamativas de nuestro protagonista son observadas de cerca por Tina Goldstein (Katherine Waterson), quien trabaja para el Congreso Mágico de los Estados Unidos. Eventualmente ella decide arrestar a Newt por todos los problemas que causa, llamando la atención de Percival Graves (Collin Farrell), el director de seguridad, quien se interesa rápidamente en su caso. Pero a la vez, sucesos extraños se van desarrollando a lo largo de la ciudad, los cuales están relacionados a la radical líder de un grupo anti magos y brujas (Samantha Morton) y a su reprimido hijo, Credence (Ezra Miller).

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El tono de “Animales Fantásticos” se parece más a lo que realizó su director, David Yates, con el último par de películas de Harry Potter. Sí, el filme contiene momentos verdaderamente mágicos, como la escena en la que vemos por primera vez el interior del maletín de Scamander, el cual es más grande por dentro de lo que parece por fuera, pero también está lleno de secuencias más oscuras y serias. A diferencia de muchos otros blockbusters contemporáneos, uno realmente siente que este mundo trae consigo consecuencias —la muerte, el arrepentimiento, el amor y el desamor son todos parte de esta historia, por lo que no resulta difícil identificarse con nuestros protagonistas.

Redmayne interpreta a Newt como alguien brillante pero tímido —su versión del personaje es casi autista. Esto, inicialmente, resulta algo incómodo, pero eventualmente uno llega a encariñarse con él. Como Tina, Katherine Waterson le otorga un elemento de emotividad y fragilidad a la cinta. El Kowalski de Dan Fogler es como el representante del público en la historia; al ser un No-Maj que se involucra en asuntos de magos, hace todas las preguntas que el espectador podría tener en mente. Sin embargo, y aunque por momentos es usado como el personaje “gracioso” de la historia, pasa por un arco muy verosímil, y es tratado con respeto por el guion.

Queenie, la hermana de Tina, interpretada por la cantante Alison Sudol, entabla una relación con Kowalski que probablemente haga sonreír a más de uno. Colin Farrell es intimidante como Graves; Jon Voight tiene una suerte de cameo glorificado como una figura política importante en el Nueva York de los años 20, y Ezra Miller logra causar empatía como Credence, un patético personaje que resulta ser mucho más de lo que parece. Cierto actor famoso interpreta a un personaje que vimos brevemente en las películas de Potter; lamentablemente, no aparece lo suficiente como para que pueda juzgar del todo bien su actuación. Estoy seguro que veremos más de él en las secuelas.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

“Animales Fantásticos” muy bien pudo haber sido una secuela realizada en piloto automático, pero felizmente ese no es el caso. La película tiene un gran corazón —el guión de J.K. Rowling se preocupa por sus personajes, y los desarrolla de tal manera que uno termina encariñándose con ellos (especialmente Kowalski y Queenie). La trama funciona a la perfección sin que uno tenga que saberse de memoria las películas anteriores, pero contiene suficientes guiños al mundo y los personajes creados por Rowling para los libros de Potter, como para emocionar a los fanáticos más acérrimos. Y a pesar de presentar pistas que eventualmente nos llevarán a descubrir una narrativa más amplia, el filme funciona muy bien como una historia individual.

La música de James Newton Howard no destaca demasiado (ninguno de sus temas le llega ni a los tobillos a lo que compuso John Williams para las cintas de Potter hace 15 años), pero al menos no suena tan genérica. Los efectos visuales están bien usados a la hora de recrear el Nueva York de la época de la depresión (el excelente diseño de vestuario y las escenografías llenas de detalles también ayudan), pero los animales del título, aunque creativamente diseñados, se ven excesivamente virtuales, como sacados de un videojuego de última generación. Afortunadamente, este último descuido no evita que las escenas entre Newt, sus amigos y las bestias terminen siendo de las más memorables en la película —un encuentro dentro de una tienda de joyas es especialmente hilarante.

Divertida, bien actuada, pero principalmente llena de corazón, “Animales Fanáticos y Dónde Encontrarlos” es la prueba máxima de que todavía queda mucho por ver del universo de magos y brujas creado por J.K. Rowling. ¡Que vengan las secuelas!



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