[Crítica] “La La Land”: Un clásico instantáneo irresistible e inolvidable

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“La La Land” es una de las películas más comentadas y galardonadas de la temporada de premios. Rompió un récord en los Golden Globes al ganar 7 premios. También se ha convertido en el film más nominado en la historia del Oscar con 14 candidaturas (empatando el récord de All About Eve y Titanic). Mientras tanto, viene generando legiones de admiradores y de detractores por igual. Sin embargo, al margen de la bulla y los premios, estamos ante una película excepcional que le rinde homenaje a los musicales clásicos mientras construye su propio estatus de clásico instantáneo.

Desde la primera escena, se instala un efecto hipnótico que no se irá fácilmente. En medio de una autopista de Los Ángeles, los conductores y pasajeros atrapados en el tráfico salen de sus vehículos para entregarse a un frenético número de canto y baile titulado “Another Day of Sun”. Es un colorido y dinámico espectáculo perfectamente coreografiado en el que la cámara literalmente vuela, se acerca y se aleja como un bailarín más, elevándonos de la butaca y transportándonos a un singular estado de alegría desbordada.

Luego del baile volvemos a los bocinazos. También atrapados en el tráfico, pero sentados dentro de sus autos, están Mia (Emma Stone), una aspirante a actriz y Sebastian (Ryan Gosling), un pianista amante del jazz. El destino los vuelve a reunir un par de veces más, hasta que inician un romance en un momento en el que ambos se encuentran un poco perdidos.

A lo largo de cinco estaciones, empezando por un invierno y terminando en el invierno siguiente, su relación amorosa evoluciona mientras ambos intentan llevar a cabo sus sueños artísticos. Mia trabaja como barista en una cafetería a la vez que asiste a distintas audiciones, mientras que Sebastian desea abrir su propio bar dedicado al jazz.

El director y guionista Damien Chazelle ya había explorado en su cinta anterior Whiplash su fascinación por mostrar cómo la pasión mueve a los artistas a lograr sus sueños, aunque distintos obstáculos se interpongan en su camino. Mientras el baterista de “Whiplash” debía demostrar su talento y disciplina en un entorno altamente competitivo, los protagonistas de “La La Land” son presas de sus propias inseguridades y de repetidos fracasos que los hacen dudar de su capacidad, preguntándose si vale la pena seguir intentándolo.

El guion no es el punto fuerte de la película: la historia de los artistas soñadores que desean triunfar en la industria del entretenimiento es un esquema que ya hemos visto antes, hasta el hartazgo. Pero la destreza de Chazelle como director está en beber de varias referencias del cine clásico para adaptarlo a su estilo y darle un nuevo barniz, elegante y nostálgico a la vez.

Los números musicales están filmados con gran precisión y nos remiten a Cantando bajo la lluvia de Stanley Donen y Gene Kelly, así como Los paraguas de Cherburgo de Jacques Demy, entre otras obras maestras del género musical. Aunque Chazelle lanza guiños a esas cintas que evidentemente admira, logra darle identidad propia a La La Land gracias a la química de sus protagonistas, a la valiosa música original compuesta por Justin Hurwitz y al prodigioso trabajo de fotografía, edición, diseño de producción, entre otros aspectos.

Emma Stone y Ryan Gosling no son cantantes profesionales ni bailarines de campeonato mundial, pero logran sacar adelante las escenas de canto y baile con compromiso y credibilidad. Ambos derrochan empatía y sensibilidad. Stone está particularmente fantástica y se luce en cada escena en la que desnuda su alma en todos los castings a los que va, especialmente el último, cuando canta la conmovedora “Audition (The Fools who Dream)”.

Además de las ya comentadas “Another Day of Sun” y “Audition”, destaca la hermosa canción “City of Stars”, que interpretan Gosling y Stone, y que encapsula los temas principales de la película: la búsqueda del amor y el cumplimiento de los sueños, en una ciudad donde parece imposible lograr las dos cosas a la vez.

Estas excelentes canciones y toda la música instrumental son compuestas por Justin Hurwitz, quien ha creado una estupenda banda sonora destinada a ser recordada y escuchada durante mucho tiempo. Las melodías de La La Land son contagiosas y vibrantes. Es imposible sacárselas de la cabeza, incluso días después de haber visto la película.

“La La Land” es una experiencia irresistible e inolvidable para todos los seguidores del cine musical. Su enorme mérito está en revitalizar este género con un puñado de memorables canciones e impecables números musicales que hacen flotar al espectador y llevarlo de paseo por las estrellas (como en esa onírica escena en el Planetario), para luego traerlo de regreso a la tierra firme de la realidad, donde el tiempo ha pasado y los personajes han evolucionado. El desenlace agridulce es el clímax ideal para esta película: el sueño y la realidad se toman de la mano en un mágico baile de despedida, mientras miramos hacia atrás con nostalgia y no podemos evitar sonreír por todo lo vivido.



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