Uri Altell: “En el In-Edit recibimos cada año 500 documentales musicales”

In-Edit es un festival de documentales musicales creado en Barcelona por Uri Altell y Alberto Pascual. Se ha convertido en el más importante de su género poniendo el foco en la producción creciente de documentales sobre la música y los músicos. El festival ha crecido fuera de España y la última adición ha sido el In-Edit Perú que se realizó del 26 al 28 de mayo pasado, donde se presentó una programación variada pero resaltando los documentales que recuerdan los 40 años desde el nacimiento del punk. Para conocer más de este nuevo evento en nuestro país conversamos a continuación con Uri Altell:

In-Edit comienza en 2003 en Barcelona, háblanos un poco de la historia del Festival.
Uri Altell. Empecé a trabajar en la música porque me gustaba producir cosas y hacer giras y festivales. Y ver documentales que en esa época se bajaban de internet y tardabas una semana para tenerlos en casa. Vi algunos documentales de música y al final pensé que si me gustaban a mí debía haber más gente a la que también le gustara. Entonces monté este evento en el City Hall, que es una sala de conciertos muy pequeña en Barcelona y pasé un documental sobre Danny Krivit que se llamaba Body and Soul. Era sobre la vida de Danny, un disc jockey en Nueva York cuya madre era propietaria de la discoteca Body and Soul. Entonces Danny empezó a pinchar con catorce años y se convirtió en un ícono de la música electrónica, en el nacimiento del house, la época de Andy Warhol y todo eso. Y se empezó a llenar de músicos el City Hall ¿No? Entonces ahí pensé que era muy auténtico tener un evento donde los músicos eran la audiencia en lugar de ser los jugadores principales. Y a partir de ahí empecé a estructurar el In-Edit, porque una empresa, el sponsor que tenemos hasta ahora en Barcelona, estaba interesado en estar presente. Y así empezamos.

Y rápidamente crecieron a Chile y luego Brasil, Colombia, Grecia, México, etc. Es algo sorprendente teniendo en cuenta que el nicho de público para el cine documental musical es limitado ¿Cómo así crecieron tanto?
Cuando empezamos, los documentales que había eran prácticamente los mismos desde los años cincuenta y sesenta, eran pocos y nosotros proyectamos en la primera edición unos cincuenta documentales. Pero a raíz de nacer In-Edit e ir cumpliendo años y al haber hecho una cosa transversalizada y multinacional, se ha ido generando alrededor nuestro una industria que no existía. Y también festivales grandes como Tribeca, Cannes, San Sebastián o el IDFA están ahora proyectando documentales de música, o los Oscars han premiado documentales de música, como Searching for Sugarman o 20 feet from stardom y todo esto han sido palancas que han ido generando esta industria, yo creo de alguna manera liderada por nosotros porque alguna responsabilidad tenemos.

Ahora en el In-Edit recibimos cada año alrededor de 500 documentales musicales al año, candidatos de ser proyectados en algún In-Edit del mundo. Entonces se ha ido creciendo así, teniendo muchas ganas de ser un jugador dentro de esta industria, poniendo toda la infraestructura de In-Edit a disposición de esta industria y de sus directores. Piensa que al final es un business que no es un business, es un business que es de pasiones, donde el director hace el documental porque es una necesidad vital, casi una religión para él y lo hace sin buscar ningún rédito económico detrás.

¿Cómo es la selección de las películas?

Intentamos que no sean documentales ni promocionales, ni de una gira, ni de un disco, ni para que el artista venda más discos, sino que el documental te explique en un contexto pues si esta persona en Detroit ha sido quien ha sido y qué ha hecho y de donde se ha inspirado y cuál es el legado que ha dejado, independientemente de si es conocido o no, o del estilo que sea, si es blues, jazz, tecno, etc. Es más, en muchos casos miramos especialmente con lupa si el artista es muy conocido, para que el documental no se convierta en un anuncio largo de alguien. Igual que también miramos que en todos los países la programación tenga un equilibrio, que no se programen solo grandes nombres.

Sin embargo en el documental musical si hay nombres ¿No? Están por ejemplo Pennebaker, o Don Letts o Julien Temple.
Yo creo que ellos son los padres de la industria, fueron los primeros en producir documentales de música y nosotros les hemos cogido el legado, somos los hijos o los nietos. Yo creo que ellos supieron ver la trascendencia de esto. Para mí un documental de Don Letts o Julien Temple, como es el caso de esta edición en Perú, es garantía de que van a saber transmitir ese conocimiento, no desde lo promocional, sino van a contextualizar quienes son los Sex Pistols en un momento político cultural, con una estética, con un hilo musical común, con una reivindicación, esas canciones hechas con tres acordes. En este caso el documental de Julien Temple, te orienta. O Don Letts con los rastas y el ska.

Entonces el Festival de alguna manera promueve la creación de ciertas piezas documentales en cada país donde se realiza.
Nuestra misión como compañía es ser una plataforma de divulgación cultural, principalmente a través del documental musical. Ojo, eso no quiere decir que solamente sea en ese sentido, porque hemos montado recientemente en Barcelona un festival nuevo alrededor de la estética, también como cultura y como reivindicación. Un poco lo que te decía del punk, el punk tiene una estética muy icónica y muy concreta, igual que los heavies, igual que los mods o los rockabilly. Y tiene que ver con estilos de vida y muchas cosas. Entonces el In-Edit pretende difundir distintas culturas, entender las raíces de muchas cosas, desde música étnica, música tradicional y poner en valor estas manifestaciones. Luego es importante que si tenemos una red se estimule las industrias locales de cada país y que luego esta película no se quede en un cajón enterrada o que se haya visto una sola vez en un festival, sino que se vea dentro de toda la red In-Edit, o presionar a alguna televisión para que proyecte esos documentales. Nosotros lo que queremos es que el documental musical crezca al máximo posible, con el máximo de ventanas posibles.

Y hablando de ventanas, cómo ves la irrupción de las ventanas alternativas, el online que probablemente es el futuro.
Nosotros en el caso de España tenemos un Video-On-Demand (VOD) donde la gente puede ver las películas, yo creo que en Perú cuando vaya acumulando años seguramente también será posible. Pero también he de decir que en todo el mundo ir al In-Edit es un acto social, o sea al gente se compra ropa especialmente para ir al In-Edit, se viste especialmente. Este fenómeno pasa una vez al año, hay fans del festival en Barcelona que ven en 10 días 30 documentales, que a mí me costaría mucho digerir. Pero es un acto social, es un sitio donde ir, ver, ser visto, es como un meeting point de gente que le apasiona la música y el cine, es un sitio para ir a tomar unas cervezas y comentar. Es bonito en ese sentido.

Eso es algo que se perdería si continua la tendencia de consumir más en las pantallas individuales ¿Ustedes cómo ven eso?
Lo que pasa es que yo sinceramente, y esto es intuición, pero creo los documentales cada vez son más largos, antes un documental tenía sesenta minutos y era lo normal, ahora estamos proyectando documentales de dos horas, tú en tu casa, en una tablet no te comes dos horas o al menos yo no, es imposible. Entonces creo que la misma industria, desde los directores, no se han adaptado a los nuevos formatos y los nuevos medios, yo creo que ahí todavía tiene que haber un paso final, donde se adapten y que tú hagas una versión corta del documental para ser visto desde un teléfono o una tablet o desde el ordenador. O que vayas al cine porque te ha gustado y veas en pantalla grande una long version.

Existen muchos documentales musicales en el mundo anglosajon. ¿Nos puedes dar recomendaciones de algunos documentales creados por hispanohablantes que sean especialmente interesantes, que te hayan motivado a ti?
Pues en estos días tendremos la oportunidad de ver el documental de La Polla Records, yo era fan de ellos, tengo todos los discos… aquel era un momento de transición política en España, de los primeros gobiernos de izquierda. Esas bandas tenían un sonido muy distinto, pero sobre todo un discurso sobre anarquía. La Polla Records era más punk que ska. Luego, hay uno que no es muy conocido, se llama Sant Andreu Jazz Band. Sant Andreu es un área trabajadora de Barcelona, es un barrio histórico de gente trabajadora, no es un lugar lujoso, que montó una orquesta por y para niños que ha ido creciendo a lo largo de los años, y ahora están jugando en ligas mayores, tienen un estándar de calidad muy alto. El documental es absolutamente precioso. Luego hay muchos documentales brasileños por ejemplo, porque ellos con el mercado interno ya tienen la masa crítica suficiente.

Sobre la internacionalización del In-Edit en su mayoría en países de habla hispana ¿esto fue algo que ustedes buscaron?
Cuando fundé el In-Edit la verdad que a mí no se me había ocurrido que esto podía ser un proyecto internacional. He de reconocer que este mérito lo tiene mi socia de Chile, Javiera, porque después de la segunda edición, ella me dijo, mira yo soy chilena, yo también veo la música, estoy trabajando en MTV, pienso que esto en Chile va ser muy potente. Yo le dije, pues hagámoslo. Ahí me di cuenta que una de las partidas más caras para nosotros es doblar y subtitular los documentales. Como nosotros eso ya lo teníamos hecho en España y estaba cubierto este coste, entonces ya era un tema de economía de escala. Y por eso en Latinoamérica podemos crecer tanto.

¿Cómo fue que llegaron a Perú?
Llegamos aquí porque a Jandira, mi socia peruana, la conocí en Chile hace dos años, tuvimos una reunión allí, conversamos y decidimos que lo haríamos aquí en Perú.

A medida que esto vaya creciendo, probablemente acá haya gente que piense en producir documentales para el festival.

Sí, ese crecimiento se da porque hay ventanas, sin esas ventanas no se producirían documentales, porque no hay estímulo, y ahora sí. En Brasil por ejemplo hacemos un programa de televisión, un programa de radio, en Grecia igualmente, también haremos lo mismo en Cataluña. Vamos estirando esta experiencia y vamos “desdemonizando” el documental. Porque el documental, cuando hablas con gente más joven, es como algo muy aburrido. El concepto de documental es algo que los tira para atrás.

Dentro de los documentales musicales ¿Puedes identificar sub géneros?
Claro, está el cronológico, que va por años; el estereotipo, que busca clichés; el que es más película y que está hecho más desde el guion, que es como sería Sugarman. Y no sé si hay alguno más… está el de Nick Cave que salió hace unos de años y que está hecho desde la imagen, es tremendamente estético ese documental.

A mí el cronológico me parece que es como contemplativo, como que no se moja el director y te dice, mira pasó esto el 74, en el 75 pasó esto otro y en el 80 tal. Luego el estereotipado, que sería el de chico que nace en un barrio humilde, marginal, sin recursos, pero con un talento. Que con padre violento, madre violenta, familia hostil, que se droga poco, mucho o regular y que hace dos temas, o saca discos y triunfa, pero luego se muere o se suicida, a lo Nirvana ¿No? Luego están los del tipo Sugarman, donde hay toda una estructura alrededor, de giros y regiros y que está muy bien, que está más orientado a cine, incluso no siendo fieles al documental, ficcionando alguna parte, lo que a mí no me parece mal.

Bueno hay de todo. Muchas gracias y esperamos tener muchos años con nosotros el In-Edit.
Yo también, muchas gracias a vosotros.

Entrevista: Luis Ramos y Laslo Rojas
Realizada el 25 de mayo de 2017, en el Museo de Arte de Lima – MALI.

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