Festival de Lima 2017: “La novia del desierto” (Argentina-Chile)

Considerando cómo la cartelera local se satura de películas llenas de situaciones catastróficas, cuyas historias involucran seres sobrenaturales y gente de poder, resultará refrescante asistir al Festival de Cine de Lima y disfrutar de producciones bastante más sencillas. Un gran ejemplo de esto es la coproducción argentino-chilena “La novia del desierto”, de Cecilia Atán y Valeria Pivato, filme que estuvo dentro de la selección “Un certain regard” del Festival de Cannes de este año.

De cierto forma, “La novia del desierto” es un road movie, en el que seguimos a la protagonista, la veterana empleada del hogar Teresa (Paulina García), que luego de olvidar su bolso dentro de la camioneta/tienda de Julio (Claudio Rissi), regresa a buscarlo y a recuperar sus pertenencias. Después de todo, Teresa tiene que irse del pequeño pueblo de Vallecito y embarcarse a San Juan, para comenzar un nuevo trabajo y con suerte, una nueva vida. No obstante, el camionero no parece poder encontrar su bolso, por lo que tendrán que viajar juntos por desérticos caminos para buscar sus cosas, conocerse y quién sabe, desarrollar algún tipo de relación.

“La novia del desierto” es una película de ritmo pausado, feliz de seguir a su protagonista a todas partes, siempre enfocándose en ella y nadie más. Paulina García es, casi siempre, encuadrada en el medio del plano, el fondo fuera de foco, y los personajes secundarios fuera del encuadre, o cortados a la mitad. Siempre nos concentramos en el rostro de Teresa, en sus reacciones y en su aparente timidez; es una mujer de pocas palabras, que tememos no pueda desenvolverse muy bien en el mundo. Incluso, a pesar de que Julio parece ser una buena persona desde un inicio, nos da miedo de que pueda hacerle algo malo.

No clasificaría a “La novia del desierto” como un estudio de personaje, necesariamente; está demasiado concentrada en el “aquí y ahora”, soltando datos sobre la vida pasada de su protagonista (como ciertos flashbacks de su trabajo anterior) muy de a pocos. Lo cual tiene sentido; Teresa es una mujer cerrada, muy poco interesada en relacionarse con otras personas, más preocupada por su empleo y la familia para la cual trabajó y vió crecer años atrás. Ni siquiera los “encantos” de Julio parecen atraerla… en un inicio. No sonríe muy a menudo, pero cuando lo hace, resulta encantadora, tierna. Un ejemplo de esto lo vemos en la escena en la que Julio se tropieza tratando de bajar por una duna.

Las directoras Atán y Pivato hacen mucho con pocos recursos y menos diálogo. Todo lo que tienen es una camioneta, un desierto y dos personajes, y sin embargo logran desarrollar una historia que, a pesar de ser extremadamente sencilla —poco ambiciosa, incluso— termina siendo redonda. El Julio de Claudio Rissi es encantador, divertido, y a quien podemos conocer un poco más en un par de escenas donde interactúa con viejos amigos. La Teresa de Paly García es introvertida, callada, la perfecta contraparte para el regordete camionero. No comparten una química capaz de incendiar la pantalla, precisamente, pero funcionan bastante bien juntos.

La dirección de fotografía del chileno Sergio Armstrong es impecable. Aprovecha muy bien los parajes desérticos, las autopistas vacías, las casas abandonadas y los bellos horizontes para transmitir, de manera visual, la soledad que ambos protagonistas sienten. Ella siempre se queda en el mismo sitio, y él siempre está en movimiento, pero comparten mucho más de lo que creen. Son dos almas abandonadas por el resto, que gracias a esas coincidencias del destino, se han encontrado. Puede que no se queden juntos para siempre, pero no tienen que hacerlo; solo se necesitan el uno al otro aunque sea por unas horas.

“La novia del desierto” es una película de pocas ambiciones y breve —no dura más de hora y veinte. No obstante, narra una historia intrigante de manera muy visual, y cuenta con dos actuaciones centrales muy sólidas que logran otorgarle vida a un filme potencialmente aburrido y lento. “La novia del desierto” es una cinta apacible y de buenas intenciones, que sin hacer mucho alboroto, funciona dentro de lo que humildemente propone.

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