Festival de Lima 2017: Crítica de “Medea” (Costa Rica)

¿María José (Liliana Biamonte) en verdad se esfuerza por guardar su secreto por debajo de sus habituales ropas anchas? Existe más de una evidencia en que esta joven, que lleva una rutina acostumbrada para una persona de su edad, no parece ser presa del disimulo en su entorno familiar, universitario o sentimental.

María José está definida por una actitud flemática en su entorno, mientras tanto, solo son en los instantes de soledad en que es presa de la incomodidad, que no necesariamente tiene que ver con el remordimiento. Medea (2016), de Alexandra Latishev, es la historia de una muchacha aguardando hasta que “suceda algo”, y por cierto sucede de todo.

Cuál ritual de tragedia griega, la heroína sufre un hilo de castigos, consecuencia de sus acciones y, tal parece, también de las acciones de sus predecesores –la maldición que recae en la heredera–. Interesante una secuencia en que se establece el orden social dentro de su círculo familiar.

A propósito de los rasgos humildes del nuevo novio de la primogénita, María José avala al caldo de prejuicios sociales de su familia mediante la risa. Claro que lo más interesante de Medea es respecto al cuerpo y sus síntomas. Es la vigorosidad de la joven atleta, jugadora de rugby, mellando contra la naturaleza. En código de tragedia griega, es el descenso del héroe, quien al final, consumado su hado, no le queda más que un autodestierro simbólico.

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